Del mitin a la procesión

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. /EP
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. / EP

Los expertos alertan de que el batiburrillo de urnas que se colocarán en apenas un mes amenaza con convertirse en un tótum revolútum de inciertos resultados

ADOLFO LORENTE

No será tan súper como se esperaba, pero habrá 'superdomingo' de mayo el día 26. Urnas por doquier. Locales, forales, autonómicas, europeas... Más que una fiesta de la democracia será un fiestón que comenzará un mes antes, el 28 de abril, con la celebración de los comicios generales. 'Superprimavera electoral'. El problema es que cuando se habla de fiestas, siempre se sabe cómo empiezan pero nunca cómo acaban. Hay resacas y resacas, y en esta fiesta, no pinta bien la cosa.

El hartazgo de los ciudadanos está alcanzando cotas más que preocupantes. El país quedará durante muchos meses paralizado y no se descarta, ojo, que incluso haya que repetir las elecciones generales si se da un bloqueo en el Congreso como sufrió en su día Mariano Rajoy. «La política no puede convertirse en un problema y hace tiempo que lo es. Está cada vez más tocada. El hartazgo de la gente es cada vez mayor. ¡Y menos mal que la economía está resistiendo!», advierte Ander Gurrutxaga, catedrático de Sociología de la UPV.

El batiburrillo de urnas convertirá la 'superprimavera electoral' en un tótum revolútum de incierto resultado. Que las elecciones generales se hayan adelantado al 28-A significa que la campaña electoral se celebrará durante la Semana Santa, con los españoles de aquí para allá en plenas vacaciones. Mítines y procesiones. Procesiones y mitines. La tradicional España del bipartidismo sigue reiventándose tras la histórica moción de censura de junio de 2018.

«Yo no le daría demasiada importancia a lo de la Semana Santa. Se ha constatado que los españoles deciden su voto cada vez más tarde», explica Pablo Simón, profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III. «Las campañas ya no tienen el dramatismo de antaño», apostilla Gurrutxaga. «Peor que que la campaña electoral caiga en Semana Santa, está el hecho de que, tras los resultados, los posibles pactos para la conformación de gobierno se podrían paralizar como consecuencia de la campaña electoral de mayo», advierte María Silvestre, directora del Deustobarómetro.

Todos los expertos consultados coinciden en señalar que Sánchez, después de haberse quedado sin Presupuestos, no tenía otra alternativa que convocar elecciones a corto plazo. La margarita se había quedado con solo un par de pétalos: o el 28 de abril o el 'superdomingo' del 26 de mayo. «El escenario es muy complejo, pero al presidente le venía mejor abril porque cuando hay varias urnas sobre la mesa, todo queda contaminado por lo nacional», asegura Pedro Marfil, gerente de la Asociación de Comunicación Política y profesor de la Universidad Camilo José Cela.

Posible bloqueo

Un sentir también compartido por Simón. «Todas las urnas de mayo hubiera quedado reducido a un Sánchez sí o Sanchez no», asegura. También hay peros. La gran ventaja de haberlo fiado todo al 26-M era la movilización del electorado. Siempre se dice que una alta participación favorece a la izquierda, cuyo electorado tiende a hacerse el remolón frente al conservador, mucho más fiel. Veremos. Porque estas mismas teorías también decían que Vox sufriría para entrar en el Parlamento andaluz el pasado 2 de diciembre y al final irrumpió con una fuerza sorprendente.

Esperar hasta el 26 de mayo hubiera hecho que Sánchez perdiese la inercia positiva que puede llevarle a la victoria. Ojo, ganar no significa gobernar y esto es algo que debe estar muy presente. Porque si el PSOE vence en escaños lo hará en detrimento de un Podemos en caída libre.

«Tiene poco tiempo para armar un relato, pero puede capitalizar el voto útil de la izquierda, servirse de la foto de las tres derechas en Colón y vender a los ciudadanos que ellos no cedieron ante el independentismo catalán porque por eso mismo no pudo sacar el Presupuesto», explica Marfil. Pero hay más ventajas.

«Es posible que después de las generales se produzca un bloqueo en el Congreso porque los partidos no son capaces de sumar una mayoría suficiente. Sánchez lo sabe y si esto sucede, él seguirá en La Moncloa. Le sucedió a Mariano Rajoy y cuando se repitieron las elecciones, el partido en el Gobierno siempre recibe un plus que puede llevarle a la victoria», recuerda Pablo Simón.

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