Mi muerte sin mí

La eutanasia ha llegado al Congreso, con una proposicion de ley que busca despenalizarla junto al suicidio asistido, en los casos de sufrimiento grave en enfermos terminales. Se ha admitido a trámite con la abstencion de Ciudadanos y el voto en contra del PP. Un primer paso al que queda todavía le queda un largo periodo de tramitación. Los afectados y sus familias piden que se les deje elegir como y cuándo morir. Es el caso de Iván, de 43 años. A él no lo dejaron pero se fue igualmente. Lo hizo solo, para no inculpar a familia o amigos. Murió en la clandestinidad. Lo recuerda su madre Carme Barahonda, miembro de la Asociación Derecho a Morir Dignamente. Podría ser distinto si sigue adelante la iniciativa aprobada en el Congreso, en la que se pide que que no sea delito en el supuesto de que se trate de una persona con una enfermedad terminal o incurable que le provoca sufrimiento físico o psíquico grave y siempre que lo haya pedido de forma "expresa, libre e inequívoca". En España el código penal castiga la eutanasia con una pena de 4 a 8 años y entre 2 y 5 el suicidio asistido. La eutanasia consiste en provocar la muerte si el paciente sufre por una enfermedad terminal. Es Legal Holanda, Belgica, Luxemburgo. En el suicidio asistido en cambio debe ser el paciente el que se quite la vida pero con los medios aportados por otros. Está permitido en Holanda, Luxemburgo y Suiza siempre que la persona esté  en el uso de sus capacidades mentales. Precisamente hasta Suiza viajo el científico australiano David Goodall, de 104 años para morir. No tenía ninguna enfermedad terminal pero decidió que había vivido suficiente. Eligió una inyección letal, y él mismo tuvo que girar la rueda que daba paso a la sustancia mortal. En España, la única opción es el testamento vital en el que se pide no recibir tratamiento para alargar la vida en determinadas circunstancias. Quienes se oponen a la despenalización sugieren como alternativas los cuidados paliativos pero denuncian que no llegan a todos los que lo necesitan. Según la Asociación Española contra el Cáncer el  50% de las personas que necesitan cuidados paliativos mueren con dolor físico y el 75% con dolor emocional.