Hasta el último aliento

Grande Marlaska saluda a Alfredo Pérez Rubalcaba./Interior.
Grande Marlaska saluda a Alfredo Pérez Rubalcaba. / Interior.
FERNANDO GRANDE-MARLASKAMinistro del Interior en funciones

Si hay algo en lo que todas las personas que han conocido a Alfredo Pérez Rubalcaba –sean del ámbito que sean y tengan las ideas que tengan– coincidirán sin duda es en destacar su brillantez intelectual, muy por encima de lo común, su aguda capacidad analítica y su profundo sentido del Estado.

Rubalcaba ha sido un extraordinario político que ha marcado la historia democrática de nuestro país pero, por encima de todo, ha sido un gran servidor público y una persona cabal.

Su enorme inteligencia, su gran capacidad de trabajo y su compromiso con España fueron decisivos para consumar la derrota de ETA durante su etapa como ministro del Interior. Paradojas de la vida, hace justamente una semana, el 3 de mayo, se cumplió el primer aniversario del anuncio de la disolución definitiva de la organización terrorista, vencida por el Estado de Derecho.

Su huella en este Ministerio es innegable. Todos los empleados públicos que trabajaron durante su etapa al frente de Interior –asesores, técnicos, ordenanzas, escoltas…– destacan su cercanía, su sencillez y afabilidad en el trato, su tremenda laboriosidad y su proverbial austeridad.

Hoy me conmueve especialmente escribir estas líneas sentado en la misma silla que él ocupó durante tantos años. Cuando él trabajaba en esta mesa, yo lo hacía desde la sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. Nos unió nuestra lucha contra el terrorismo, cada uno desde nuestras responsabilidades, pero siempre desde un profundo respeto institucional que dio paso más tarde a la amistad.

Atento a todo y con todos, siempre se mostraba afectuoso y cercano con Gorka, mi marido, cada vez que coincidimos, propiciando que, siendo ajeno a nuestro ámbito profesional, pudiera sentirse cómodo.

Para todos los servidores públicos, y él lo ha sido desde el primero hasta el último de sus días, Alfredo Pérez Rubalcaba será siempre un ejemplo y un estímulo para seguir trabajando por la España democrática, abierta, plural, respetuosa y diversa que él siempre defendió y a la que ha dedicado su vida hasta el último aliento. Gracias, Alfredo.