Dos concejos, cara a cara

Dos vecinos 'fronterizos' de Gijón y Carreño ejemplifican la polémica entre los ayuntamientos de ambos municipios sobre los terrenos ganados al mar en Aboño

AIDA COLLADOGIJÓN
MAPA. Laureano Prendes (derecha) muestra un mapa de Aboño de 1958. / E. C./
MAPA. Laureano Prendes (derecha) muestra un mapa de Aboño de 1958. / E. C.

Empezó dentro de los ayuntamientos, pero el conflicto ha llegado a la calle. La disputa entre los concejos de Carreño y Gijón por los terrenos que la Autoridad Portuaria ha ganado al mar en la explanada de Aboño ha calado hondo entre los vecinos. Y, aunque menos vehementes que sus representantes municipales, cada uno defiende lo suyo. En cada orilla de la ría, las opiniones sobre el deslinde de los concejos son completamente distintas.

«¿Qué conflicto? Todo este asunto resulta de una claridad meridiana. El pleito está en la playa de Aboño. Y Aboño es Carreño. No hay más». Se puede decir más alto, pero no más claro. Ésta es la opinión de Laureano Prendes, cuyos 73 años de vida han sido los mejores testigos de la buena convivencia que hasta ahora han mantenido ambos concejos. Con la vista fija en la ría, a pocos metros del porche de su casa, Laureano ve pasar la tarde sentado junto a su mujer, Aurelia Álvarez. Son los vecinos de Carreño más cercanos a Gijón. De hecho, también son los más gijoneses: el hombre nació en Las Cabañas, en el barrio gijonés de Jove, donde reside en la actualidad el hijo del matrimonio.

Los tres coinciden al decir que «el terreno que están rellenando es de Carreño». Pero ninguno se atreve a aventurar el desenlace de «todo este embrollo: No sería de extrañar que, como paga la Autoridad Portuaria, la zona pasase a pertenecer a Gijón. Yo en esos líos de dinero no me meto. Siempre ha sido así: el pez grande se come al chico», reflexiona apenado Laureano. «Es cierto que hay que valorar el dinero que va a reportar la industria que se coloque ahí. Irá a Gijón, está claro, pero los terrenos son nuestros», asegura.

Ha pasado casi un año desde que el Ayuntamiento de Carreño pusiera en marcha el proceso de revisión del deslinde y presentara un informe que exponía los antecedentes que atañen a los límites fronterizos del municipio de Gozón, Corvera y Gijón desde 1889. A Laureano le basta con sus recuerdos: «Se supone que el límite lo marca la ría de Aboño, pero han sido ellos mismos los que al rellenar ese terreno la han desplazado más hacia Carreño», explica. «Desde que yo era un guaje el río se pegaba a una u otra montaña -de Carreño o de Gijón- a capricho. Ahora ya no».

Laureano se basa en un mapa de la zona, que data de 1958. «Cuando se transformó el Parque de Carbones se tomaron fotografías aéreas y conseguí unas cuantas». Y es que ha pasado la mayor parte de su vida en plena frontera: «Fui jefe de la estación de Aboño, hoy Feve y antes Ferrocarril de Langreo. Trabajé allí, a pie de linde, durante 45 años, un mes y 20 días», concluye.

En Gijón se toman el conflicto con más calma. Vicente Simón vive desde hace cuatro años en El Regatón, a pocos metros de la depuradora de la zona Oeste de la ciudad. Ni él ni sus vecinos se preocupan mucho por el tema. «No es algo que nos interese mucho», reconoce.

En su opinión, «todo esto es, en realidad, una cuestión política. A los ciudadanos no les importa en exceso». Sin embargo, según sus propias palabras, «tira para casa». Vicente cree que «si lo paga Gijón, será nuestro. No van a esperar a que haga las obras otro y luego quedárselo».

En cuanto a la polémica del deslinde tampoco tiene dudas: «Las obras se inician desde una zona que es indiscutiblemente de Gijón».

Simón está convencido de que lo único que puede afectar mínimamente a los vecinos es «que las nuevas industrias puedan influir en la creación de empleo en el concejo».

Dónde esté la frontera, asegura, «no tiene ningún tipo de importancia. De hecho, yo me siento más cercano y más vecino de la gente de Carreño, que está a pocos metros, que a la de otras zonas de Gijón». LAUREANO PRENDES

VICENTE SIMÓN