Viaje al fin del Cretácico

Los geólogos piden señalizar en Ribadesella los pliegues de las rocas del pedrero de Arra, que registró el levantamiento de la Cordillera Cantábrica

BLANCA M. GARCÍARIBADESELLA
VISTA. Panorámica de las rocas jurásicas del pedrero de Arra, que fueron las que más deformaciones sufrieron. / NEL ACEBAL/
VISTA. Panorámica de las rocas jurásicas del pedrero de Arra, que fueron las que más deformaciones sufrieron. / NEL ACEBAL

Asturias hace unos 33 millones de años. Una falla o fractura localizada en Ribadesella de al menos 10 kilómetros de longitud por tierra, producida como consecuencia de la presión ejercida entre la placa euroasiática y la microplaca ibérica, pone en contacto los materiales del Jurásico Superior más orientales de la región con los de la etapa del Cretácico Inferior.

En ese momento, las montañas y otros relieves del Principado empiezan a parecerse a la Asturias que se conoce hoy en día. La región pasa de ser un paisaje protagonizado por zonas pantanosas a formarse la Cordillera Cantábrica, la Sierra del Sueve y algunos de los principales paisajes montañosos que se conocen en la actualidad.

Las huellas de todo esto y de otras cosas, como el paso de los dinosaurios por la región, pueden ser leídas con gran precisión por los geólogos en las rocas del pedrero de Arra, uno de los lugares por los que pasa la falla de Ribadesella. Sin embargo, los expertos consideran que en la actualidad no existe ni información ni apenas señalización en la zona que indique el contenido del pedrero ni cómo interpretar los pliegues y fracturas que han quedado registrados en las piedras del mismo.

Patrimonio

Basta un simple paseo por esta playa con uno de ellos, en este caso con el profesor de la Facultad de Geología de Oviedo José Carlos García, director científico del Museo Jurásico de Asturias (MUJA), para darse cuenta de ello. García explica que esta playa, situada a unos dos kilómetros al este de Ribadesella, tiene un gran interés para el patrimonio geológico al ser «uno de los sitios de Asturias donde se aprecia mejor la deformación de las rocas».

En concreto, el pedrero está dividido entre los materiales del Jurásico, como areniscas y margas -similar a la pizarra-, que se fragmentan con mucha facilidad; y la caliza propia de la etapa anterior del Carbonífero, mucho más dura y homogénea y, en definitiva, con menos posibilidades de deformarse para almacenar con el paso del tiempo la misma información. Por eso, es fácil observar el cambio que la falla ha producido sobre el acantilado de Arra, donde el fin del afloramiento Jurásico, una etapa que llegó a durar 62 millones de años, se traduce en grandes alternancias entre calizas y margas.

Como consecuencia de la plasticidad de estos últimos materiales, las alteraciones más importantes producidas por la aproximación entre la microplaca Ibérica y la placa euroasiática, así como de otra clase de fenómenos, se encuentran precisamente en las rocas del Jurásico que aparecen en el pedrero.

Aquí se pueden observar, entre otras cosas, pequeñas fracturas y pliegues en unas zonas, e incluso otro tipo de fenómenos como restos de conchas que quedaron impregnadas en las piedras hace millones de años. También existen en una de las paredes de Arra otra clase de curiosidades que han sobrevivido al paso del tiempo, como huellas de saurópodo, el mismo tipo de dinosaurio cuadrúpedo herbívoro que dejó estas marcas en la playa de La Griega. A diferencia de La Griega, el director del MUJA comenta que los expertos no le dan mucha importancia a estas huellas, pertenecientes a un ejemplar mucho más pequeño que el de Colunga, al no ser de muy buena calidad.

Cañón submarino

José Carlos García también subraya que la falla de Ribadesella, que se prolonga mar adentro en dirección Noreste-Suroeste, controló el desarrollo del cañón submarino de Llanes, una especie de agujero acuático que parte de los 200 metros de profundidad y desciende hasta poco más de los 4.500 metros. Un tajo al que se añade, además, el encanto de ser, posiblemente, el lugar en el que podrían vivir algunos de los famosos ejemplares de calamares gigantes, según recordó el profesor de la Facultad de Geología.

A su juicio, esta fractura también tiene un notable valor geomorfológico al provocar un cambio radical en la estructura del frente acantilado. Además de esta fractura, que sería el sitio donde terminaría en Asturias la costa del Jurásico por la parte oriental, se produjo anteriormente en el mismo lugar otro movimiento sísmico similar que conservó algunos de los materiales.

Tras años de estudio de esta falla, los geólogos presentaron recientemente estas investigaciones en la séptima reunión nacional de la Comisión de Patrimonio Geológico, celebrada casi dos meses en el MUJA, y tienen previsto publicarlo en el próximo número de la revista Trabajos de Geología. «Creemos que ésta es una de las cosas que se deberían de divulgar como punto de interés geológico por todo lo que significa», puntualizó García.