Centenares de personas se bañan en vino en la batalla de Llamigo

Los participantes que se dieron cita en el prau emplearon miles de litros de tinto contra todo el que se acercaba La localidad llanisca celebró ayer los festejos en honor a la Virgen de Loreto

J. ESCUDEROLLAMIGO (LLANES)
PREPARADOS. Sombreros contra el sol, un remolque cargado de bidones de vino... Este grupo de amigos sabe a lo que juega. / N. A./
PREPARADOS. Sombreros contra el sol, un remolque cargado de bidones de vino... Este grupo de amigos sabe a lo que juega. / N. A.

Como cada 9 de septiembre, el prau de Llamigo se convirtió en una batalla campal. En ella, cientos de personas libraron una guerra sin cuartel en el que el arma utilizada fueron litros y litros de vino. Es la única fiesta de estas características en Asturias, que recuerda a la que se celebra en la riojana Haro. Los rifles se sustituyen por botas, bricks, botellas de vino, pistolas de agua y hasta fumigadores de gran presión y los contendientes acuden a esta particular guerra con ganas de pasarlo bien.

El único riesgo es acabar empapado y desprendiendo un fuerte olor a vino. Aunque a decir verdad, esto no es un riesgo, sino el fin de esta batalla que cada año reúne a cientos de personas para celebrar las tradicionales fiestas en honor a la Virgen de Loreto. La primera misión de los 'soldados' de este peculiar ejército de Baco consiste en empapar de tintorro a los que hasta hace pocos minutos eran sus amigos. Nada más bajar del coche, se acaban las amistades y se abre la veda para calar hasta los huesos a los que más cerca se encuentran. De ahí las prisas de los ocupantes de los vehículos por salir los primeros y conseguir un brick de vino con el que mojar a sus indefensos amigos.

Pero es en este momento cuando las víctimas del primer baño de vino se conjuran para tomar venganza de la afrenta sufrida. Aprovechando que a su enemigo no le queda más munición, los primeros damnificados se abalanzan sobre su objetivo y le inundan de vino. «¿No me ha dado tiempo a cargarla!», se lamenta en vano el cazador cazado.

Una vez que sus camisetas ya están coloreadas de un intenso color de uva, comienza la segunda misión de la 'operación baño de vino'. Olvidadas las viejas rencillas, los amigos se juntan de nuevo y forman una guerrilla para atacar a cualquier persona que encuentren en su camino. Por la espalda, por la cabeza, a la carrera Cualquier táctica es válida para calar a todo el que ose atravesar el campo de batalla.

Ofensiva final

Finalizada la guerra de guerrillas, todos los contendientes se muestran exhaustos y con las camisetas moradas, pero continúan con la fiesta con la formación de nuevas alianzas. Tras un breve descanso, se juntan para trazar un nuevo plan. Ya no les motiva regar a los que ya están empapados de vino tinto, sino que buscan nuevas víctimas. Y ésas no son otras que las personas que acaban de llegar y sus camisetas muestran una blancura absoluta.

Al grito de «tú estás muy seco todavía», una multitud de chicos va en busca de los recién llegados, preferiblemente chicas. Sin capacidad para defenderse, a las jóvenes no les queda más que resignarse y recibir la tremenda ducha de vino. No conformes con empaparlas, los mozos tiran a las chicas al prau, donde sufren una segunda tromba de vino consecutiva.

En esta batalla no hay ni vencedores ni vencidos, sólo cientos de camisetas manchadas de vino y un tremendo olor a bodega en los numerosos participantes que cada año se reúnen en Llamigo.

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