'Don Inda', cazador de tormentas

Un ingeniero gijonés dirige en Bilbao la construcción de los dos remolcadores más grandes de Europa, destinados a salvamento y la lucha contra la contaminación marítima

JULIÁN MÉNDEZBILBAO
GIGANTE. El 'Don Inda', uno de los dos remolcadores más grandes de Europa, amarrado en el puerto de Bilbao. / BERNARDO CORRAL/
GIGANTE. El 'Don Inda', uno de los dos remolcadores más grandes de Europa, amarrado en el puerto de Bilbao. / BERNARDO CORRAL

El 'Don Inda' es un buque impresionante. Levanta su mole, pintada del naranja corporativo de Salvamento Marítimo, al final de un muelle del puerto de Bilbao, en Zierbena, junto al gigantesco aparcamiento donde los 'ro-ros' cargan y descargan su mercancía de automóviles. El 'Don Inda' es un cazador de tormentas, un buque concebido en Noruega y desarrollado por ingenieros de Astilleros Zamakona y de Salvamento Marítimo para operar en las peores condiciones en los peores mares del mundo. En el muy transitado dispositivo de separación de tráfico de Finisterre, por ejemplo, ese fin del mundo al que vienen a morir todas las mareas del océano, con mares arbolados, borrascas que desarman al espíritu más templado y tierra a sotavento. Lo cierto es que buques como el 'Don Inda' sólo se hacen a la mar cuando la previsión anuncia temporales. Es en esos días terribles cuando los mercantes suelen tener problemas.

Aunque nadie lo mencione en el astillero (los marinos son gente solidaria y discreta) todos tienen en mente el desastre del 'Prestige'. El 'Don Inda' y su gemelo, el 'María Zambrano', los dos remolcadores más grandes de europa, son una apuesta del equipo socialista de Fomento para borrar la pesadilla de un nuevo buque chatarra.

La crisis que tapizó de galipote la costa gallega y cantábrica puso de manifiesto de una manera brutal que el Estado no disponía de los medios suficientes para intervenir en situaciones de emergencia en la mar. Ahora no se ha reparado en gastos. Cada uno de estos dos remolcadores de altura cuesta 35 millones de euros. «Son buques polivalentes. Preparados para recoger hidrocarburos en la mar y con una gran capacidad de remolque. El 'bollard pull' o tiro a punto fijo alcanza las 240 toneladas. También pueden realizar tareas de salvamento de náufragos e intervenir en la lucha contra incendios», explica el gijonés Lorenzo González, el ingeniero naval de Salvamento Marítimo que coordina y afina la construcción de los buques en el astillero vizcaíno. Cada remolcador de altura dispone de cuatro motores de 4.000 kilovatios de potencia, la misma máquina que, por ejemplo, usa un petrolero de 130.000 toneladas. Y eso son palabras mayores. Alcanza 17,5 nudos y consume, al cien por cien de potencia de sus máquinas, 90 toneladas de combustible (gasóleo) al día. Posee una autonomía de 9.000 millas a velocidad económica (80% de su régimen).

El sillón del capitán

Los gigantes miden 80 metros de eslora, 18 de manga y se gobiernan desde un puente que es todo un prodigio de tecnología.

Dos sillones instalados en las bandas (40.000 euros cada uno) y que se desplazan lateralmente mediante un sistema de aire a presión serán el trono del capitán. Desde ellos y por medio de los mandos y 'joy sticks' situados en los brazos, el 'jefe' podrá dirigir al milímetro todas las operaciones del navío, visualizadas en pantallas de alta definición. La dependencia (que puede ser sellada para evitar cualquier tipo de contaminación química, nuclear o bacteriológica) tiene un aire futurista, como de nave espacial.

La misión fundamental de estos buques es la prevención. Pueden hacerse con un barco en la mar y apartarlo de la situación de peligro. El buque es capaz de tirar tanto por proa como por popa. Cada cubierta está marcada con colores distintos y entre el equipamiento se encuentra la maquinilla.

Con ese diminutivo se designa en este buque a un gigantesco tambor del que parte un cable de remolque de 76 milímetros de diámetro (tan grueso como un brazo), de acero trenzado y 1.300 metros de longitud que es capaz de soportar ¿450 toneladas de carga! antes de romperse. Con ese cable se dará remolque a los buques en apuros. Su potencia es tan descomunal que la Autoridad Portuaria de Bilbao ha tenido que preparar un noray especial en un espigón del nuevo puerto para poner a prueba la capacidad de tiro del remolcador

Maniobrabilidad

A la potencia de los buques se une una asombrosa maniobrabilidad. Disponen de dos hélices fijas (que salen de sendas toberas), de otras dos transversales en popa y de dos más en proa: una de ellas lateral y otra capaz de girar sobre su eje 360º. Nueve toberas, de brillante acero inoxidable, coronan la parte trasera del puente. En una banda aparece la matrícula del 'Don Inda', IMO 9338010.

Semejante despliegue se complementa con un sistema de posicionamiento dinámico, redundante (con sistemas duplicados para evitar cualquier fallo), que permite que el barco pueda permanecer quieto, sin fondear, en una posición dada y sea cual sea el estado de la mar, una característica fundamental en las operaciones de rescate y salvamento.

Con una dotación prevista de 14 hombres (puede embarcar a 18 así como a seis especialistas más, como buzos), dispone de un espacio para acomodar a náufragos, redes de costado para subirlos a bordo y de una morgue para los cadáveres.

Fuera galipote

También se encuentran preparados el 'Don Inda' y el 'María Zambrano' para la complicada e ingrata tarea de recoger hidrocarburos. Para ello arman a cada banda un brazo articulado dotado de bombas extractoras que desciende sobre las aguas y que recoge el crudo mientras el barco navega a un nudo de velocidad. Al tiempo, pueden desplegar barreras flotantes autohinchables que cercan la mancha antes de atraerla a bordo, o largar por popa el 'skimmer', un ingenio flotante dirigido por radio y dotado de aspiradores que succionan el hidrocarburo.

Dos depósitos, con capacidad para 1.749 metros cúbicos de fuel y dotados de serpentines para calentar el crudo y facilitar su descarga, completan el dispositivo antipolución. «Cada día hay más demanda de este tipo de buques. La ecología está llegando a la marina», explica David Ordóñez, director comercial de Astilleros Zamakona.

Los buques cuentan también con un sistema contra incendios con dos monitores (cañones a presión) capaces de lanzar 2.400 metros cúbicos de agua por hora. O, también, y con semejante potencia, de echar a pique a quien se le ponga por delante.

El 'Don Inda', botado el pasado 28 de marzo, está acabando de ser armado y pasa estas semanas las pruebas particulares de sus equipos y las llamadas pruebas de mar. Está previsto que este mes sea entregado por Zamakona a Fomento. El remolcador se dirigirá entonces a su base, en Finisterre. El 'María Zambrano' fue botado el pasado 10 de agosto y entrará en servicio el próximo año en el Mediterráneo.

Los planes de Salvamento Marítimo incluyen el despliegue de otros dos barcos, de 125 toneladas de desplazamiento y construidos en los astilleros Armón de Vigo. Se trata del 'Luz de Mar' y del 'Miguel de Cervantes'. Estos dos buques contribuirán, junto a aeronaves y helicópteros, a la nueva red de asistencia rápida en la mar diseñada por Salvamento Marítimo.