«Me veo extraño al lado de Quini y Ferrero»

«Desde que vine al Sporting hubo de todo, pero si llegué a los 200 partidos será porque lo bueno destacó más» «No me gusta pensar más allá del próximo encuentro»

MANUEL ROSETYGIJÓN
BICENTENARIO. Sastre, sobre la arena de San Lorenzo, con un dibujo del número de partidos oficiales que lleva como futbolista rojiblanco. / JOAQUÍN BILBAO/
BICENTENARIO. Sastre, sobre la arena de San Lorenzo, con un dibujo del número de partidos oficiales que lleva como futbolista rojiblanco. / JOAQUÍN BILBAO

Rafel Sastre cumplió su partido oficial número 200 de rojiblanco, listón sólo superado por otros 38 jugadores en los cien años del Sporting, la mayoría históricos de las mejores épocas del equipo gijonés.

-¿Qué significó este partido?

-Antes de jugarlo le di vueltas, con la ilusión de tener un buen recuerdo, pero cuando el balón comienza a rodar te olvidas de estas cosas y ni piensas en ello. Estás más pendiente de ganar y, afortunadamente, pude celebrarlo con una triunfo, que era lo que importaba.

-¿Qué piensa al verse en la lista de los únicos 39 jugadores que superaron un número tan emblemático de encuentros oficiales?

-Están los mejores jugadores de la historia del Sporting, como Quini, Ferrero y otros tantos. Me veo un poco extraño. Casi todos estuvieron en etapas brillantes y la de ahora no es la más boyante. Pero siento orgullo y satisfacción. Quizás al llegar a esta cifra se valora más el trabajo de estos años.

-¿Qué le dicen los nombres de la lista?

-El de Quini es especial, por lo que significa tanto para el Sporting como para el fútbol español. Figurar con él en esta relación me llena más de orgullo.

-¿Su balance en 200 partidos?

-Hubo de todo, momentos buenos y malos. Si llegué a 200 partidos supongo que será porque los buenos destacaron sobre los malos. Los entrenadores confiaron en mí, creo que porque hice las cosas como querían. En general, el resumen es positivo. Jugar una media de unos 35 encuentros por temporada es importante. Voy a intentar mantener esta trayectoria.

-¿Llevaba la cuenta de su número de partidos?

-Exactamente, no. Había visto en EL COMERCIO un reportaje publicado con los partidos jugados por todos los futbolistas y sé que tenía más de 180. Sabía la media que llevaba por temporada de unos 35 partidos, pero el total no.

-¿Cuál fue el mejor momento?

-La fase en la que estuvimos en la lucha por el ascenso. Saboreamos el caramelo, pero, por errores propios o de quien sea, se nos fue escapando.

-¿El peor?

-En la misma temporada, el partido que jugamos en Almería, donde perdimos. Ahí se acabaron las aspiraciones de forma matemática. Había seguidores nuestros y todos estábamos llorando de amargura. Fue el día más triste.

-¿Algún partido especial?

-Uno contra el Salamanca. Casi marco un gol, en una arrancada desde el medio del campo, pero a la siguiente jugada tuve una cantada, en el último minuto, y nos marcaron el 1-2. Pude hacer lo mejor y luego hice lo peor. Me sentí mal.

-En 200 partidos, sólo en siete no fue titular.

-Tuve suerte con las lesiones y conté con la confianza de los técnicos. Trabajo fuerte toda la semana para que el entrenador no cambie de opinión al siguiente partido.

-Nunca fue expulsado con tarjeta roja directa.

-No. Sólo me la mostraron por doble amonestación.

-¿Cómo interpreta que un defensa nunca haya sido expulsado?

-Puede verse como que sea blandillo y no pegue una patada o como que sé darlas en el momento adecuado. No me considero de esos jugadores duros que dan a todo lo que se menea. Hay que ser agresivo, pero saber cuando hay que meter la pierna.

-¿Cómo se ve como futbolista?

-Me considero jugador de equipo. Intento apoyar en ataque en todo lo que pueda, pero con dedicación a la labor defensiva. Me definiría como un jugador de banda, con recorrido.

-¿En qué cambió desde que llegó al Sporting?

-Vine con 24 años y estoy a punto de cumplir 31. Son muchos años en un equipo y en una ciudad, que, en mi caso, va a marcarme para toda mi trayectoria.

-En el Cádiz era interior, pero aquí se incorporó como lateral.

-Siempre había jugado de interior o en el medio del campo. Cuando llegué, en el aeropuerto, estaba con Eloy Olaya y me dijeron que venía de lateral. Quedé algo asombrado, pero ahora lo veo como una anécdota. En el Sporting casi siempre jugué de defensa lateral y me salió bien. Casi no me acuerdo de la época de interior.

-Cuando lo llamaron a Cádiz, no lo pensó dos veces.

-Estábamos jugando la liguilla de ascenso y acababa mi contrato, pendientes del posible ascenso del Cádiz, pero cuando me llamaron del Sporting no lo pensé. Firmé antes de acabar la temporada. Había diferencia entre jugar en Segunda B o venir a Gijón.

-Y, luego, el Cádiz llegó antes a Primera.

-Son cosas que pasan en el fútbol. Parece que siempre me ocurren a mí. Después de marcharme de Cádiz, hubo un año malo y luego subió y llegó a Primera. Nunca se sabe dónde está la suerte. Hay que buscarla, aunque no siempre la encuentra.

-En el Sporting ya renovó dos veces.

-El cuerpo técnico confiaba en mí, estaba a gusto en la ciudad, en el equipo, con los compañeros y con todo. En dos ocasiones prorrogué el compromiso por dos años. No tenía motivo para dejar Gijón. Me queda este año y el siguiente, que renové por número de partidos jugados.

-Es un futbolista callado, mientras que otros son más expresivos de cara a la galería.

-Estas cosas van con el carácter. No me gusta llamar la atención, prefiero mantenerme al margen de todo lo que pueda. A veces es complicado en el mundo del fútbol, pero, si puedo, me gusta pasar inadvertido. No por nada especial, sino porque soy así, tanto en el fútbol como en mi vida privada.

-¿Se siente querido en Gijón?

-Sí, por la gente que me importa. Habrá personas que me apoya y otras que no, pero en el fútbol esto es inevitable. Me siento valorado y querido por la gente que tiene que valorarme.

-¿Le pesa el brazalete de capitán?

-Me lo pongo en el vestuario y en el campo me doy cuenta por el protocolo, pero luego ni recuerdo que lo llevo. Quizá en algún momento haya que tomar una decisión.

-Tiene una gran capacidad para aguantar el dolor y jugó dos veces con la nariz rota. ¿Se considera un futbolista rocoso?

-El dolor se aguanta hasta donde se puede. Cada jugador lo soporta hasta que no puede más. La rotura de nariz no duele hasta que te dan. Cuando jugué así estaba preocupado por un balonazo o un codazo, pero tuve la fortuna de no tener ningún choque y jugué sin problemas. A veces, arriesgarse sin necesidad es complicado.

-¿Nos cuenta una anécdota?

-En las concentraciones, las de Juanmi, que es un cachondo. Está siempre con la broma. Le gusta hacerlas en las concentraciones. Se disfraza con caretas, se mete en los armarios y va por las habitaciones asustando a la gente. Crea buen ambiente, unión y alegría. Al día siguiente comentamos a quién le tocó la noche anterior.

-¿Cómo se siente con tanta chavalería?

-Los veteranos nos vemos muy viejos. Tengo al lado a Sergio y a De Lucas, que tienen 20 años. A nuestro lado son niños. Intentamos apoyarles con nuestra experiencia. La suerte es que son buenos chavales y tienen los pies en el suelo.

-¿Qué hay que hacer para subir a este equipo?

-No me gusta pensar más allá del siguiente partido, aunque nos gustaría a todos. Lo necesita el club, la ciudad, nosotros y todo el entorno. Esta temporada hay equipos muy potentes y va a ser complicado, pero empezamos más o menos bien y no renunciamos a nada. Recuerdo que la temporada en la que luchamos por el ascenso, el éxito estuvo en que pensábamos sólo en el siguiente partido, hasta que nos lo creímos. Las cosas hay que celebrarlas cuando las tienes en la mano. Ahora, tras dos partidos seguidos que ganamos, hay que pensar en ganar en Tenerife. Al final, seguro que la temporada nos pondrá en su sitio.

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