El Consistorio de Amieva proyecta recuperar su amplio patrimonio de molinos harineros

El alcalde ha encargado un estudio para conocer su estado y en los próximos días se reunirá con los propietarios La rehabilitación de cada una de estas construcciones supondrá una inversión de entre 3.000 y 24.000 euros

A. MORIYÓNPRECENDI
CON HISTORIA. El molino de Precendi fue el último en dejar de funcionar, allá en el año 1996. / NEL ACEBAL/
CON HISTORIA. El molino de Precendi fue el último en dejar de funcionar, allá en el año 1996. / NEL ACEBAL

Recuperar el amplio patrimonio de molinos harineros que se reparten por todo el término municipal de Amieva es el nuevo objetivo que se ha marcado el Ayuntamiento de Amieva. El Ejecutivo local que preside el socialista Ángel García ya tiene en su poder un estudio elaborado por una empresa especializada en el que se describe de forma detallada la situación en la que se encuentra cada una de estas construcciones y se hace una valoración económica de lo que supondría la recuperación de diez de los trece molinos que existen en el concejo.

El alcalde de Amieva aclaró que estas infraestructuras «son todas de propiedad privada» y anunció, por tanto, que iniciará en las próximas semanas una ronda de contactos con los propietarios para conocer su interés y disponibilidad en participar en este proyecto que, además de recuperar el patrimonio del municipio, persigue fines promocionales y turísticos.

En este sentido, el primer edil explicó que la recuperación de estos molinos generará un atractivo más para el concejo y permitirá poner en valor la llamada ruta de la Reina, que transcurre por la margen del río Sella, donde se asientan gran parte de estas edificaciones centenarias. García entiende que, una vez recuperados estos molinos, podrían añadirle cierto atractivo a esta senda, ya que los turistas que se dispongan a recorrer el sendero tendrían la posibilidad de visitar el interior de alguno de ellos. Para ello, aclara, el proyecto debería incluir una completa señalización para facilitar el acceso a cada uno de ellos.

Con guía

«Podríamos incluso poner un guía para que acompañe a los turistas en esta ruta y les valla enseñando la riqueza de la que dispone el concejo», propone Ángel García al tiempo que recuerda que al paso de esta misma ruta el turista se puede encontrar también con un área recreativa y el futuro centro de interpretación del Karst.

Aunque por el momento no hay nada definido, el regidor apuntó la posibilidad de que el mantenimiento de estos molinos y el servicio de guía se financie por sí sólo. En concreto, propuso que los propietarios puedan vender a los turistas la harina que se muela a modo de muestra o, incluso, instalar en sus locales «una pequeña tienda con productos autóctonos como queso de la zona, embutido o la propia harina», comentó García. El primer edil aclaró, no obstante, que «todo dependerá de cómo lo quiera enfocar cada unos de los dueños».

El equipo de gobierno es consciente de que la recuperación de algunos de estos molinos -muchos de ellos en desuso desde hace décadas- supondrá un importante desembolso económico que será difícil que asuman de forma íntegra los propietarios de los mismos. Por este motivo, el alcalde está dispuesto a solicitar apoyo económico «en todos los frentes posibles, desde Patrimonio, hasta programas europeos y entidades bancarias», enumera. No en vano, según recoge el estudio redactado por la empresa Temastur, la rehabilitación de una decena de molinos del concejo supondría una inversión aproximada de 140.000 euros que implicaría destinar a cada una de las construcciones entre 3.000 y 24.000 euros, dependiendo del grado de abandono y el estado de deterioro que presenten.

En el concejo de Amieva existen en la actualidad trece molinos que se reparten en su mayoría por la rivera del Sella aunque algunos de ellos se surten de otros ríos y riachuelos que cruzan el municipio. «Hay varios en el pueblo de Amieva; dos o tres en Sebarga, de los que uno recibe el agua del río Ponga; otro en Angolibio junto al río Carmeneru », detalla.

La mayoría de ellos responden a construcciones con más de dos siglos de historia y a ellos acudían los vecinos del pueblo para moler el maíz que, en aquella época, la mayoría de los lugareños cosechaba en sus fincas. Entre las décadas de los años 1950 y 1970, cuando la ganadería restó peso al sector de la agricultura y los vecinos del concejo dejaron de cosechar maíz, los molinos pasaron a un segundo plano y en muchos casos quedaron abandonados y relegados a un continuo deterioro al que ahora quiere hacer frente el Ayuntamiento de Amieva.