«Me da pena verlo caer»

Luis Tejo se muestra impotente ante el deterioro del edificio que adquirió su abuela en 1892 y que no dejó de funcionar hasta 1997

A. MORIYÓNPRECENDI
PROPIETARIO. Luis Tejo simula cortar la luz con el interruptor que hay en la antigua central eléctrica. / N. A./
PROPIETARIO. Luis Tejo simula cortar la luz con el interruptor que hay en la antigua central eléctrica. / N. A.

Luis Tejo recuerda con nostalgia cuando, siendo apenas un niño de unos seis años, su padre le llevaba al molino que adquirió su abuela en 1892 y que sin duda se trata de la construcción «más grande y mejor que existe en el concejo». Ahora cuenta 86 años y se muestra impotente ante el continuo deterioro de esta edificación en la que compartió durante décadas trabajo junto a gran parte de su familia. «Estoy enfermo y ya no puedo ocuparme de su mantenimiento como lo hacía antes», lamenta.

La edificación, según relata Tejo, no sólo permitía moler maíz como el resto de los molinos del concejo sino que desde la década de 1920 se había convertido en una central eléctrica que daba luz a catorce pueblos del municipio y que funcionaría como tal hasta el año 1974. «Teníamos que recorrer los diferentes pueblos para cobrar la luz. Íbamos a Sames, Precendi, Pervís, La Fresneda, Vis, Villaverde », enumera Tejo, al tiempo que recuerda cuando él y dos de sus primos hacían turnos para pasar las noches en el habitáculo donde estaba emplazada toda la planta eléctrica.

Sólo por las noches

En aquella época, aclara, «sólo había luz entre las ocho de la noche y las ocho de la mañana y teníamos que hacer guardias» para garantizar que todos sus vecinos disfrutaran de la energía eléctrica cuando caía el sol. «Por el día venía la gente particular para moler el maíz que cosechaba», rememora Tejo, quien explica que el molino dejó de funcionar definitivamente en 1996, «aunque para uso familiar aún lo utilizábamos unos años más tarde». Toda su vida está puesta en este molino que su abuela María González dejó en herencia a su padre y tíos, y estos a los nietos. «Con su muerte la herencia del molino quedó muy repartida pero sólo yo vivo aquí, los demás están fuera y soy yo el único que lo estoy viendo caer. Me da mucha pena», admite.

Precisamente el reparto de la herencia entre numerosos miembros de su familia es lo que está impidiendo, opina Luis Tejo, que alguien pueda adquirir este molino para su posterior recuperación. «Hace unos años se interesaron desde Parques Nacionales para convertirlo en una oficina de turismo, pero para nosotros no es fácil hacernos con todos los registros de la época», asegura.

Ahora, ve con muy buenos ojos el proyecto municipal para la recuperación de éste y otros muchos molinos del concejo aunque teme que la propiedad compartida del molino que le vio nacer vuelva a suponer un escollo para garantizar el mantenimiento y puesta en valor del mismo.