Nuevo rumbo para Perlora

A un año del derribo del edificio principal de la Ciudad de Vacaciones, en noviembre se abrirá el plazo para optar a la gestión privada de este centro de ocio

PEPE G.-PUMARINOPERLORA
DEMOLICIÓN. En noviembre de 2005 se procedió al derribo del edificio principal de la Ciudad de Vacaciones de Perlora. / P.G.-P./
DEMOLICIÓN. En noviembre de 2005 se procedió al derribo del edificio principal de la Ciudad de Vacaciones de Perlora. / P.G.-P.

Han pasado 52 años de aquel primero de julio en el que quedaba inaugurada la residencia Jacobo Campuzano, corazón de la Ciudad de Vacaciones de Perlora, conocida entonces como «residencia de productores». Pero el edificio ya no está. El proceso de reconversión y privatización de Perlora, iniciado hace un año por la Consejería de Cultura, ha propiciado el derribo de esta instalación de ocio y descanso de los trabajadores.

La demolición del inmueble se inició en noviembre pasado ante la mirada de muchos carreñenses y visitantes que observaban cómo la piqueta hacía añicos el edificio, buque insignia de una 'flota' que parece tener los días contados. Pero el 'hundimiento' no fue sencillo porque sus más de ochenta tripulantes, que conforman la plantilla de trabajadores de la Ciudad de Vacaciones, se movilizaron en un intento de impedir que, la que sentían como 'su residencia', fuese derruida. Fueron días de movilizaciones y encierros, que culminaron con el desalojo por parte de la Guardia Civil.

Con la demolición de este edificio se cerró un capítulo en la memoria de este centro turístico que fue modelo de gestión para una clase trabajadora procedente de todos partes del país. Pero la residencia de Perlora, el edifico Jacobo Campuzano, fue la primera pieza de un puzzle mucho mayor.

Chalés de empresas

Y es que la esta zona comenzó a cobrar un perfil vacacional con otras construcciones como los chalés de la ya denominada Ciudad Sindical por parte de las más importantes empresas del momento, que tendrían una concesión de cincuenta años. Este legado histórico sigue siendo uno de los baluartes sindicales para hacer frente a la decisión del Gobierno regional de externalizar la gestión del centro de ocio. Si bien es cierto que la llegada de la democracia marcó un principio y un fin para la instalación, ahora la realidad pasa por saber si la decisión de privatizar el centro «será o no acertada». Esta es, al menos, la pregunta que se hacen los trabajadores. Ellos mantienen una dura pugna por lograr que la gestión siga siendo pública al amparo del derecho heredado de ser una instalación creada para los trabajadores.

Cuando fue transferido a la comunidad autónoma, el centro vacacional disponía de 1.500 plazas que daban empleo a 75 personas, con el refuerzo de otras 115 en régimen de contrato temporal de junio a octubre. Datos que ponen de relieve el potencial turístico de la Ciudad de Vacaciones hasta hace pocos años. Todo ello es el aval que presentan ahora los empleados que se ven en la «penosa circunstancia de tener que abandonar a la fuerza nuestro centro de trabajo». «Pero si la situación por la que atraviesa el centro es penosa, mucho más lo es que quien lo ejecuta es una patronal de izquierdas, dando la espalda a los trabajadores», dice el portavoz del comité de empresa, Julio Antuña.

Concurso de adjudicación

Completado el primer año de agonía de la instalación, el balance de la actividad está salpicado de incidentes, luchas e incesantes movilizaciones por parte de los trabajadores. Culpables o no de la situación en la que acabó la Ciudad de Vacaciones, «el peso y la responsabilidad no es sólo de los empleados», insisten ellos, «sino también de sus gestores». La firmeza empleada por la consejera de Cultura, Ana Rosa Migoya, cuando hace un año anunció la externalización de Perlora, deja a las claras que no existe otra salida que la resignación para una plantilla que sigue peleando.

Las previsiones de la Administración regional pasan, según anunció la consejera recientemente, por dar por definitivo el cierre a mediados de noviembre. A partir de esta fecha quedará abierto el plazo para la presentación de ofertas. Un proceso que finalizará en 2007 con la adjudicación y, por tanto, la renovación de toda la instalación. Se trata de un bocado especialmente apetitoso para aquellas firmas turísticas que ven en Perlora la posibilidad de desarrollar un complejo excepcional.

Mientras tanto, el proceso de desalojo de la plantilla, el cese de los contratos temporales y los traslados forzosos, sigue su curso. La Ciudad de Vacaciones de Perlora tal y como se la conocía hasta ahora tiene los días contados.

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