«Muchos salen colocados»

Trabajadores del plan de inserción laboral animan a los 140 elegidos para 2007 a adiestrarse en oficios que les faciliten el salto a la empresa privada

ANA FERNÁNDEZ ABADGIJÓN
OFICIALAS. Natalia Suárez Vior, María del Rosario López y María Antonia García Juan, mujeres de la construcción. / SEVILLA/
OFICIALAS. Natalia Suárez Vior, María del Rosario López y María Antonia García Juan, mujeres de la construcción. / SEVILLA

Rosario, Natalia y María Antonia colocan baldosas y hacen bordillos. Utilizan casco, cogen la paleta y se ponen manos a la obra. Son oficialas de segunda de construcción. Las tres aprendieron los trucos del ladrillo gracias a los programas de inserción laboral del Ayuntamiento. El Acuerdo Gijón Emprende 2004-2007 repartió ayer 140 empleos por un año entre gente de lo más variopinto.

ROSARIO, NATALIA Y ANTONIA

38, 30 y 49 años

«Los vestuarios son el primer problema»

«Nosotras somos las tres únicas mujeres que han hecho este curso, pero el trabajo que hacemos es igual que el de los hombres», precisa María del Rosario López. Tiene 38 años y sus compañeras de faena pertenecen a dos generaciones distintas: Natalia Suárez Vior tiene 30 años y María Antonia García Juan, 49. ¿Cómo llegaron a lo que Rosario define como «un trabajo machista»? «Empecé de peón y me gustó», cuenta María Antonia. Antes era dependienta en una tienda y atendía a sus hijos. «No podía hacer otra cosa, pero cuando los chicos crecieron, me decidí y aquí estoy, reformando los interiores de las Mil Quinientas», comenta orgullosa esta mujer menuda. «Mientras trabajamos para el Ayuntamiento, todo va bien. El problema está en la empresa privada, porque no te contratan, creen que los demás no te van a respetar tanto como a un hombre», protesta Natalia.

Natalia estudiaba en el instituto cuando la llamaron para empezar su primer curso, hace siete años, y en su haber cuenta con obras como la reconversión del colegio de Poago en centro social, la senda de Viesques y mejoras en la calle del Puerto de Piedrafita. «Los empresarios ven 'conflicto' en nosotras», asiente María Antonia. Rosario añade que «los problemas empiezan con los vestuarios, porque tienen que hacer unos distintos para las chicas».

ROCÍO VILLEGAS

38 años

«Está muy bien para los extranjeros»

En otros terrenos, la inserción laboral de la mujer resulta más sencilla, como por ejemplo en el campo. A Rocío Villegas le encanta plantar, «porque ver cómo un 'bebé' crece es fantástico». Esos bebés son semillas que cobran forma y se transforman en plantas y arbustos. Rocío llegó a Gijón hace diez años desde su Colombia natal. Las trenzas de su pelo se mueven con ella y la acompañan en sus trabajos de jardinería. Todo surgió sin premeditación. «Quería hacer algún programa de inserción, y esto me gustó», explica. Su sueño, «trabajar en una empresa privada de jardinería». Ahora trabajará durante un año para el Ayuntamiento, en su segundo contrato dentro del Plan de Inserción Laboral. Tiene dos hijos, ya en el instituto, y reconoce que ser un empleado municipal tiene sus beneficios: «Mi horario es de ocho de la mañana a tres de la tarde, así que cuando llego a casa puedo dedicarles tiempo a los chavales».

Rocío subraya el prestigio del certificado oficial. «Mi objetivo es encontrar un trabajo mejor y gracias a que estoy aquí, puedo. Conozco a mucha gente que gracias a estos planes ha conseguido luego empleos buenos y seguros». Pero Rocío no sólo habla de semillas y abonos. El Plan de Inserción Laboral se traduce para ella, además de en aprendizaje, en amigos. «Aquí hay muchas afinidades, casos de amistad. Además, para los extranjeros está muy bien, porque tengo amigos de mi país o de Ecuador que no encuentran trabajo, se meten aquí, y salen colocados».

ANTONIO TEJEDOR LUDEÑA

55 años

De viajante a albañil

Algunos también salen reciclados, como Antonio Tejedor Ludeña. «He viajado muchos kilómetros», dice este gijonés que ha elegido la rama de la construcción en la especialidad de albañilería en un cambio radical de profesión. «Tenía representaciones de muebles, iba por toda Asturias, a Logroño, Valencia... Pero por circunstancias de la vida me quedé en el paro», cuenta. Eso pasó cuando tenía 49 años, a un paso de la cincuentena.

«Había que buscar algo», pensó Antonio. Y buscó. Así encontró el plan de empleo para iniciarse en un mundo desconocido para él. «Con mi edad y autónomo, como era yo, o coges una casa buena para representar o te dedicas a otra cosa». Ese pensamiento le llevó a la albañilería cuando su hijo de 22 años era aún un adolescente de instituto. El cambio se hizo notar. «Me costó mucho trabajo adaptarme, porque no soy un manitas y era un cambio radical», explica. Antonio no lo tuvo fácil. Antes de conseguir una plaza en el programa del Ayuntamiento tuvo que presentarse dos veces. A la tercera, entró. «Fue difícil, pero ahora voy tirando».

CARLOS ESTÉVEZ GALITO

19 años

La jardinería tira más que los libros

Para Carlos Estévez Galito tomar la decisión resultó mucho más sencillo. Tiene 19 años y sostiene que se lo pasa mejor trabajando que entre libros. «Antes de esto, hice el taller ibérico», apunta. Ahora se ha apuntado a jardinería, porque el año pasado hizo hortofruticultura y quiere profundizar. ¿Qué aprendió? «A regar, repicar y fumigar», explica.

Y también a pasar buenos ratos. Sus amigos le azuzan para que hable de ello. «¿También aprendió a jugar al tute!», bromean. Con la bolsa en la mano, donde lleva el que será su uniforme el próximo año, Carlos Estévez se pone serio: «Me gusta lo que hago, aquí se aprende más, es a lo que todos venimos».