La iglesia de Viesques tendrá tabiques móviles interiores para acoger otras celebraciones

Entre los usos alternativos figura una guardería El centro parroquial estará separado del templo «para no competir arquitectónicamente con él»

PABLO R. GUARDADOGRÁFICO: N. MORENO GIJÓN

La iglesia del Beato Juan XXIII contará con un tabique móvil que permitirá aislar un lateral de la iglesia para diferentes usos, incluso el de guardería. Es uno de los aspectos más destacados del proyecto del arquitecto Ricardo Martín, que aprovecha la edificación situada entre las calles de Paco Ignacio Taibo II y el Rosal -de próxima apertura- que perteneció a Las Carmelitas Descalzas. Las obras se iniciarán el 8 de enero, el plazo es de seis meses y el presupuesto, de medio millón de euros.

La estructura interior, en muros de carga, lleva una fila de pilares que divide la nave en dos: «Una principal, la más grande, que ejercerá como iglesia principal, y otra lateral, en la que se habilitará el sagrario y que incluso pueda destinarse a otros usos gracias a unos tabiques móviles», señala Martín. Esta disposición puede verse perfectamente en su cubierta asimétrica, que finalmente será restaurada para aprovechar la madera, «que está algo descuidada, pero que es una preciosidad».

El edificio principal, de 352 metros cuadrados construidos, «a lo largo de los años ha tenido diferentes ampliaciones y usos, el último como establo y gallinero, pero que tiene capacidad suficiente para albergar una iglesia, así como una construcción agradable para cumplir las funciones propias de un templo», dice Martín. Esta construcción estará acompañada de un módulo que hará de centro parroquial y una torre-campanario.

El centro parroquial -que acogerá el despacho del párroco, servicios, una sala de reuniones y un aula para catequesis en sus 120 metros cuadrados- estará separado físicamente del edificio principal «con el objetivo de que no compita arquitectónicamente con él», comenta el arquitecto. Una serie de arcos y dinteles de ladrillo macizo «muy agradables» con los que cuenta la iglesia lleva a Martín a apostar por que tanto el módulo como la torre tengan ladrillo cara-vista «con el objetivo de que se adecuen a ella».

La torre, un símbolo

La torre-campanario está concebida para ser «un símbolo de la iglesia». La edificación contará con un hueco horadado en forma de cruz con una iluminación fuerte en su interior que permitirá identificar al edificio por la noche, que además tendrá uso de almacenaje en las cuatro plantas en las que se dividirá. Entre la torre y la iglesia, el arquitecto ha dispuesto una plaza de 225 metros cuadrados que servirá para acoger celebraciones al aire libre, como puede ser el Domingo de Ramos, y de reunión de los vecinos antes y después de las liturgias. Completa la instalación un pequeño aparcamiento de cinco plazas, destinado a discapacitados, que se situará a la entrada del complejo, justo delante de la torre.

Con esta obra, que estará finalizada para el verano, se resolverá la gran carencia de la parroquia del Beato Juan XXIII, que es la falta de unas instalaciones propias en un barrio cuya población ha crecido extraordinariamente en los últimos años. Los feligreses deben acudir a misa de domingo al colegio María Isabel Larrañaga o desplazarse a templos de barrios cercanos. El problema se repite a la hora de las catequesis, para lo que deben hacer uso de las aulas del colegio Begoña.