Luis Adaro

DANIEL ARBESÚ

HAN pasado varias semanas desde su fallecimiento. Sobre él han escrito las plumas más prestigiosas de Asturias e incluso de España. Todo han sido elogios, que verdaderamente merecía, por erudito, por sabio, por bondadoso. Se han tocado todas las facetas, desde sus estudios de doctor ingeniero de Minas, hasta su labor empresarial, su vinculación a la Cámara de Comercio y a la Feria y su legítimo nombramiento como Hijo Predilecto de su Gijón natal. Todo eso y mucho más ha sido la vida, la trayectoria de don Luis Adaro y Ruiz-Falcó.

Le conocí y le traté. Era sencillo, humilde incluso y un gran aficionado a la literatura. Tenía interés por todo lo que publicaba, y en ese sentido se preocupó por mi modesta obra. Le regalé, dedicadas cariñosamente, cuatro obras: 'El parque de Isabel la Católica', la novela 'Descansa en paz', la 'Historia de 75 años del Real Sporting' y '50 años del Grupo Covadonga'. Los leyó y sé que le gustaron, porque él mismo lo dijo. A cambio, me regaló, también dedicadas cariñosamente, algunas de sus publicaciones, volúmenes en los que toca lo más importante de Asturias, desde el puerto de Gijón-Musel hasta la minería, obras de consulta obligada para toda persona que quiera escribir sobre la historia de Asturias, su etnografía, su geografía y su riqueza industrial y comercial.

Sé que lo que yo escriba tiene poca importancia al lado de las ilustres opiniones que me han precedido sobre la personalidad de don Luis Adaro, gran empresario, gran escritor, gran presidente de la Cámara de Comercio y de la Feria de Muestras de Asturias. Por encima de todo ello, gran persona, estupendo padre de familia y hombre de una íntima y profunda creencia. Desde aquí, con mi admiración hacia una persona y gratitud por el afecto que siempre me mostró, mi personal ¿hasta siempre, don Luis! Espero que algún día volveremos a vernos. Tendré de nuevo el placer de aprender de su conversación.

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