Philip Glass, un alquimista en la ópera

Estrena en España 'Un americano perfecto', retrato "poético y trágico" de los últimos días del controvertido creador de Mickey y Donald

MIGUEL LORENCIMADRID
El compositor estadounidense de música minimalista Philip Glass. / Kiko Huesca (Efe)/
El compositor estadounidense de música minimalista Philip Glass. / Kiko Huesca (Efe)

"La ópera es alquimia. Transforma en oro lo ordinario en un proceso que está al alcance de muy pocos". Lo dice Philip Glass (Baltimore, 1937), uno de los grandes maestros de la música contemporánea que afronta confiado el estreno mundial de 'El americano perfecto'. Será en diez días, en España y 46 años después de la muerte de Walt Disney, su protagonista. El Teatro Real acoge esta premier mundial que ha despertado enorme expectación global y que Glass vive con una humildad y sencillez insólitas entre los genios de su oficio. "La ópera es como un sueño" explica Glass, que ha trabajado durante años en el libreto y la partitura de este insólito, "poético y trágico" recorrido por los últimos meses de la vida de Disney. Se basa en la novela homónima de Peter Stephan Jungk, que dibuja al genial fabricante de sueños, ¿padre? del ratón Mickey y el pato Donald y controvertido icono de la cultura popular estadounidense, como un tirano, ególatra, explotador implacable, racista, antisemita y alcohólico.

"Me gusta enfrentarme a personajes que tienen los pies en el barro y la cabeza en la nubes" dice Glass, que ha incorporado a su nueva ópera a otros dos gigantes de la cultura americana: Andy Warhol y Abraham Lincoln, y que dedicó algunas de sus diecisiete óperas anteriores a Gandhi, Galileo, Einstein o Cocteau. "Esta ópera no es un documental ni un retrato. Lo que se ve no son hechos, sino sentimientos" advierte Glass, que ha tratado de enfrentarse con desapasionamiento a la figura Disney, "un hijo de su tiempo con ideas muy conservadoras, sí, pero un gran visionario".

Para Glass Walt Disney "es un personaje auténtico que refleja lo mejor y lo peor de los Estados Unidos, como ocurre a menudo con quienes definen su tiempo". "Era contemporáneo de mi padre, al que tengo por muy buena persona, pero en cierta manera compartían las ideas dominantes de su tiempo" recodó Glass evocando su infancia en Maryland, donde la segregación racial fue un hecho aceptado hasta 1962. "La gente que participaba de las ideas predominantes no eran malas personas. No se puede separa a las personas de su entorno" señala.

Asegura Glass que la vida de Walter Elias Disney (1901-1966), un hijo de inmigrantes de origen francés que levantó un imperio de la nada y que desde su origen humildísimo en Marceline, Musuri, colocó su imaginario en la mente de miles de millones de personas en los cinco continentes, "no es más ni menos trágica que la de cualquier ser humano". "Habla de sí mismo y se enfrenta a las mismas dudas que nos asaltan a todos, en especial cuando nos enfrentamos al final de la vida y la eternidad", dice. "Esta ópera trata de la muerte en general y de las cuestiones que nadie puede resolver ni eludir. La ópera habla siempre de la tragedias humanas y esta no es una excepción", resume uno de los padres del minimalismo musical.

Cuatro elementos

Autor de ocho sinfonías, una veintena de ballets y un sinfín de memorables bandas sonoras como la serie 'Qatsi' de Godfrey Reggio, Glass lleva cuatro décadas componiendo y no la hace ascos a ningún género. En Madrid, entre ensayo y ensayo, ha concluido unos estudios para piano en los que trabajaba desde hace dos décadas. Pero sabe que la ópera es el súmmum para cualquier compositor. "Es la reina, el rey, la princesa y el príncipe de la música, lo más maravilloso y el que aúna toda las posibilidades expresivas: música, texto, movimiento e imagen". "Es como trabajar con los cuatro elementos de la filosofía clásica, el único formato que te permite mezclar aire, agua, tierra y fuego" se felicita risueño y convencido de la pertinencia de dedicar una ópera a Walt Disney "que supo casar la cultura popular y la más elevada".

A pesar de sus defectos, Glass destaca que Disney fuera pionero en una forma de crear, la factoría de la que Andy Warhol sería heredero natural, como Jeff Koons. Con la idea de usar dibujantes "para crear un trabajo de masas", se anticipa a un Warhol que se confronta en escena con otro gran hito del cultura popular estadounidense, Abraham Lincoln. Glass reconoce en Warhol, a quien trató en Nueva York, "una enorme influencia". Tanto, que recurrió a él para construir el lenguaje "armónico y contundente" de esta ópera. "Mi música es primariamente tonal, así que busqué los colores primarios de Warhol para guiarme". El padre de 'pop art' irrumpe así en el segundo acto de esta pieza en la oficina de Roy Disney, hermano de Walt Disney y cofundador de su emporio, decidido a hacer un retrato seriado de Walt, convencido de que son la misma persona, ya que ambos han retratado la belleza de América y ninguna de sus fealdades.

La creación 'en cadena' se refleja también en escena cuando un crío pregunta a Walt Disney sobre las miles de imágenes necesarias para realizar sus películas. "No he hecho ni un dibujo, pero sin mí no habría película" contesta el petulante factótum de la factoría Disney que, antes que Lenon, vaticinó que su mundo y sus criaturas serían más famosas que Jesucristo o Santa Claus. Walt Disney tenía la certeza de que Mickey y Donald permanecerían en la memoria popular muy por encima de él.

Glass se negó a avanzar el libreto a los ejecutivos de Disney cuando se lo solicitaron. Les invitó a ver la ópera y cree que estarán satisfechos, que no habrá peros ni demandas. Y es que a pesar de apoyarse en el perfil más oscuro y siniestro del personaje, Glass destaca algunas bondades de Disney. "Introdujo la música culta a través de Leopold Stokowsky en 'Fantasía', una película con la que muchas personas escucharon por primera vez música clásica".

'El americano perfecto' es una coproducción del Teatro Real con la English National Opera (ENO) y se estrenará en Londres en junio. Se divide en dos actos. El primero se ocupa del Disney público y el segundo del desconocido y que revela la novela de Jungk a través del personaje de Dantine, antiguo dibujante despedido de la factoría Disney.

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