Real Avilés

«Nunca he rezado para ganar un partido»

Alfonso Abel con la camiseta del Real Avilés en el exterior de la Ermita de La Luz. / JOSÉ PRIETO
Alfonso Abel con la camiseta del Real Avilés en el exterior de la Ermita de La Luz. / JOSÉ PRIETO

Alfonso Abel Vázquez, capellán del Real Avilés, es socio del club desde los 18 años y gran aficionado al fútbol y reconoce que «sufro con las derrotas del equipo», al que se incorporó en 2008

NACHO GUTIÉRREZ AVILÉS.

Muchos aficionados piensan que al Real Avilés no lo salva ni la caridad, pero otros mantienen la esperanza y la fe, como la persona que desde hace casi una década ejerce las funciones de capellán, Alfonso Abel Vázquez (Lugo, 25-4-1973). Aunque tiene cuna gallega, es casi más avilesino que otra cosa porque se vino a vivir a nuestra ciudad con sus padres cuando tenía dos años. Además de sacerdote desde los 26, es un amante del fútbol desde niño, socio del Avilés desde su mayoría de edad, también del Sporting. Y ha hecho sus pinitos como entrenador.

-Fútbol y sacerdocio se unen en la vida de Alfonso Abel.

-De niño mi afición principal era la de jugar con mis amigos y compañeros de clase. Mi equipo de siempre ha sido el Avilés, también sigo al Lugo, Barcelona y Sporting.

-El blanquiazul es el único que le hace sufrir, ¿no?

-Claro, soy del Avilés sin importarme la categoría en la que esté. El fútbol tiene una similitud con al religión, que es el sentimiento.

-¿Cómo se apaña para asistir a los partidos cuando los fines de semana están llenos de misas?

-Veo menos de los que me gustaría porque antes de la devoción está la obligación. Llevo cuatro parroquias, San Agustín polígono, Santa María Magdalena, Cristo Rey Versalles y La Carriona, y también atiendo San Juan de Villa. Esta temporada me he perdido muchos partidos del Avilés, todos los que jugó el domingo por la mañana, pero entre oficio y oficio os he seguido en el digital para saber lo que estaba pasando.

-Esta temporada todo han sido malas noticias en el Avilés.

-Sin duda las peores, deportivamente es muy difícil que un equipo funcione cuando pasan tantos jugadores. Muchos se fueron por los impagos, que han sido el problema porque una plantilla necesita estabilidad para rendir al cien por ciento.

-El destino ha querido que el rival regional tenga en sus manos el futuro deportivo del Avilés.

-Es curioso la verdad y me planteo ir a Ganzábal para insuflar ánimos a Dani López, al que casé. También al actual entrenador, Abraham, que tiene mis bendiciones. Ojalá le salgan bien las cosas.

-¿Vale de algo rezar?

-No debemos perder el tiempo en esas cosas. Cuando uno no hace los deberes... Solo pido por la salud de los jugadores y sus familias, nunca he rezado para ganar un partido.

-¿Qué función ejerce un capellán en un equipo de Tercera?

-En mi caso, además de la ofrenda en la Ermita de La Luz y lo que surja a nivel religioso, trato de estar en el túnel de vestuario al inicio de los partidos para saludar y dar ánimos a los jugadores. Lo que no hago, salvo que me lo pida el entrenador, es entrar al vestuario. Antiguamente equipos como el Athletic se iban de ejercicios espirituales y a nivel humano, al jugador o al entrenador le puede venir bien unas palabras positivas, sobre todo si las cosas van mal. Es algo que se agradece porque la gente solo está en las victorias.

-Pues esta temporada ha tenido trabajo extra, vaya.

-La gente lo ha pasado mal dentro del equipo por todos los motivos que ya conocemos.

-¿Tiene relación con Tejero?

-Lo conozco y hemos hablado alguna vez. Después de todos estos años en los que se ha publicado muchas veces que el Avilés iba a desaparecer, pero al contrario de lo que ha sucedido en otras ciudades, el club sigue vivo y lo único que se me ocurre decir es que José María Tejero ha tenido que gastarse mucho dinero.

-El fútbol en Avilés está roto.

-La realidad es que hay mucha división, tengo muchos amigos que o dejaron de ir al campo o se hicieron socios del Stadium.

-Es aficionado, pero también hizo sus pinitos como entrenador...

-El primer equipo en el que estuve fue el de la parroquia San Miguel de Pumarín de Gijón y lo hice con Roberto Robles hijo. Contábamos en el grupo con chicos que tenían algún tipo de minusvalía y competíamos a nivel escolar. Solo sumamos un punto en toda la temporada, pero fue muy educativo para los chicos y para nosotros. También entrené en San Julián Los Prados de La Corredoria y llegamos a competir con cuatro equipos en escolares.

-¿Y esa inquietud? Lo mismo acabamos viéndole en el banquillo...

-Desde hace año y medio tengo el nivel 1 y esta temporada, por culpa de los horarios, no pude ir a por el 2, pero lo haré porque me gusta saber de fútbol para poder opinar y la verdad es que te cambia la perspectiva que tienes como aficionado de muchos aspectos que no se ven. Lo de dirigir equipos es complicado por mis horarios, pero tampoco es algo que descarte y para lo que tendría que contar con alguien a mi lado.

-Su llegada al Avilés coincide con la presencia de Roberto Robles. ¿Fue una casualidad o influyó su amistad con la familia?

-Ellos viven cerca de la parroquia y tenemos una gran relación, pero fue coincidencia porque el anterior capellán, Julián Ron, estaba delicado de salud. Dentro de poco se cumplirán diez años de su fallecimiento y a través de Roberto se lo planteamos a Ulpiano Cervero y le pareció bien la idea de que yo pasara a ser el capellán del Avilés.

-Fue una temporada convulsa, casi a la altura de esta última.

-Se parecen bastante la verdad, pero aquél año había un buen equipo hecho desde el verano, aunque los problemas de impagos enrarecieron el ambiente y las cosas se torcieron al punto que casi bajamos. Ese año, por mi amistad con Robles, tuve una relación muy cercana con la gente del equipo. También guardo muy buen recuerdo de la etapa de Pablo Lago.

-¿Su mayor locura futbolística que pueda contar?

-Irme solo a Llagostera el mismo día del partido, en avión hasta Barcelona y después en un coche alquilado. Sabía que no iba a llegar hasta el segundo tiempo y supe por una radio catalana que perdíamos 2-0 al descanso. Creo que el equipo tenía que haber jugado de otra forma.

-¿Fue el momento más triste que ha vivido, llegó a llorar?

-No lloro por esas cosas, aunque el Avilés estaba muy bien encaminado para ascender. Más que tristeza sentí cabreo porque nos levantaron la eliminatoria con 2-0 y personalmente creo que fue más cruel la tanda de penaltis con el Lagun Onak.

 

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