Clases de español para franceses

Clases de español para franceses
De izquierda a derecha, Paulo, Wilfried, Marta Reneses, Mathias, Cissé y Yohan, en un aula improvisada en el Suárez Puerta. / OMAR ANTUÑA

Los jugadores galos del Real Avilés dedican un día a la semana a aprender el idioma

SANTY MENORAVILÉS.

Cada martes desde hace más de un mes, el vestuario del Suárez Puerta se convierte en aula, los franceses del Real Avilés sacan papel y boli y sólo se puede hablar español. Son las normas de Marta Reneses, colaboradora del club que se ha ganado el respeto de sus alumnos a base de esfuerzo, comprensión, ganas y, sobre todo, buen humor y positivismo.

En las clases de Marta sólo hay espacio para el aprendizaje y las sonrisas. La más tímida la de Yohan, que con su más de metro noventa es el más retraído del grupo, si bien la profesora asegura que «cuando quiere es muy divertido». Sentados a su lado, Mathias y Cissé dan fe. El alumno más avanzado es Paulo, pues acumula muchos más meses en Avilés que el resto, pero no le va muy a la zaga Wilfried, que estudió español en el instituto.

«Viendo que no acababan de empezar a dar clases, le propuse al club encargarme yo y llevamos más de un mes dedicándole la tarde de los martes a esto. Primero acordamos una hora, pero al final siempre estamos más tiempo porque les van surgiendo dudas», explica la profesora.

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Sin poder hablar francés, los futbolistas se esfuerzan por mejorar en el nuevo idioma, algo fundamental para rendir sobre el terreno de juego a su mejor nivel y hacer vida en la ciudad. «Estoy en contacto con Juanma Castañón, que desde el primer momento vio con buenos ojos que comenzáramos con las clases», asegura Marta. Paulo reconoce que «el español es un idioma complicado, aunque creo que lo es más el francés. El más fácil es el inglés».

La casualidad hace que ninguno de los cinco tenga orígenes franceses. Paulo tiene ascendencia portuguesa, Wilfried camerunesa, Mathias de Sudáfrica, Cissé de Costa de Marfil y Yohan del Congo. Aun así, todos proceden de París y Mathias y Yohan ya se conocían de jugar juntos en Francia. «La ciudad nos gusta», aseguran. «Es acogedora y pequeña». Como suele ser habitual, lo primero que han aprendido a decir son «tacos», aunque también empiezan a manejar la jerga futbolística. «Alguna vez me preguntan sobre cosas que les han dicho los rivales en los partidos», sonríe Marta.

Paulo y Wilfried viven en Oviedo junto a otro futbolista francés, el exmeta blanquiazul Lucas Giffard, ahora en el Caudal, mientras que Yohan, Mathias y Cissé comparte un céntrico piso en Avilés. «Queremos mudarnos», dice Paulo, pues «es más cómodo estar en Avilés que venir todos los días desde Oviedo. Wilfried y yo vendremos a vivir aquí pronto».

Ambos se desplazan en el coche de Paulo, que tiene su corazón en Burdeos. «Estoy a seis horas en coche y voy cada vez que puedo. Mi novia está allí». El resto están solteros, algo que aprovecha un Mathias a quien se le cae la sonrisa cada vez que se le pregunta por ello. Sin duda, es el más presumido.

Su vida en Avilés pasa por entrenar por las mañanas, ir al gimnasio y jugar a la Play Station. En lo deportivo, creen que «el fútbol español es más táctico y más técnico que el francés, donde predomina el físico. Ver a jugadores como Yohan es normal allí». Los cinco están teniendo bastante protagonismo con Juanma Castañón y todos ellos esperan seguir mejorando en la Tercera asturiana. Cuando se le pregunta a Wilfried por el gol, el mediapunta asegura que «a mí se me da mejor pasar. Los goles que los marquen otros», sonríe.

A punto de finalizar la charla, conseguimos que Yohan diga algo en español, que, como buen cierre, es un sonoro «hasta luego» al que sus compañeros responden con carcajadas. El buen ambiente es una de las señas de identidad de unas clases que están dando sus frutos.

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