La mano divina de Borja Piquero

La mano divina de Borja Piquero
Pedro, Maroto, Lemus, Borja Piquero y David Pérez al final del partido. / PATRICIA BREGÓN

El portero jugó el domingo tras el fallecimiento de su abuela paterna el día anterior

NACHO GUTIÉRREZAVILÉS.

El ángel que guió la portentosa actuación de Borja Piquero el domingo en la portería del Real Avilés en su victoria frente al Colunga tenía nombre y apellidos, los de su abuela paterna María Eladia Sopeña Loredo, fallecida el sábado a los 78 años de forma repentina. Una noticia que no trascendió más allá del entorno muy cercano del futbolista, que se puso a disposición del equipo pese al trance y las pocas horas de descanso en el día previo al partido.

Partido en el que Borja Piquero dio un recital: «La verdad es que me salió un buen partido, es posible que ella me ayudara desde el cielo en alguna de las paradas que hice». Sobre manera la última, con el tiempo ya cumplido en un libre directo en el que tuvo ayuda: «Creo que si no llego yo habría despejado Naranjo de cabeza, dejó la barrera para ponerse a mi izquierda y fue una ayuda». El rechace en una gran estirada fue de Borja y casi le cuesta el dedo anular: «Toqué el balón y la cabeza de Naranjo, digamos que me hicieron un sandwich en la mano».

Estuvo varios minutos tendido en el suelo tras el pitido final justo con su parada salvadora: «Me atendieron nuestra 'fisio' Lorena y la del Colunga, se me había dislocado el dedo y lo colocaron en su sitio». Varios aficionados, que habían disfrutado con sus intervenciones, esperaron a pie de grada hasta que Borja inició el camino de vestuarios en medios de aplausos: «Lo agradezco de corazón», decía ayer desde el tanatorio acompañado por su familia.

«Las cosas me están saliendo bien, pero el mérito es del grupo, vamos todos a una»

La última fue la mejor del domingo, pero Borja Piquero rozó la perfección durante todo el partido con su dominio del área y varias intervenciones decisivas, sobre todo una a cabezazo de Castillo: «Son reflejos, pero estaba bien situado y de esa forma pude despejar».

El domingo lo bordó, pero no es el primer partido en el que es determinante y ha detenido un par de penaltis: «Me están saliendo bien las cosas, bajé peso y estoy muy identificado con el equipo. Salvo el día del Llanes, nos están marcando pocos goles y eso no es solo mérito del portero, es del grupo». Piquero reparte méritos como buen compañero: «Quizás tengamos menos individualidades respecto a la temporada pasada, pero somos una familia y vamos todos a una», recalca. Y no se olvida de mencionar «el trabajo de Santa y Naranjo, que en todos los partidos son mi mejor ayuda».

Por fin en casa

Borja Piquero Brazo (6-4-1988) fue una de las más firmes promesas de la cantera del Real Avilés, pero no llegó al primer equipo e hizo carrera en el fútbol de las islas Canarias, jugando en varios equipos. En Asturias militó en el Marino de Segunda B, en el polo opuesto, Pillarno y Bosco en Segunda Regional, o en Preferente con Roces y Mosconia.

Para la afición avilesina, aunque ya queda muy poca, es casi un descubrimiento: «Hasta juveniles estuve aquí, pero me fui muy pronto y la verdad es que siempre quise jugar en el Avilés». No son los mejores tiempos, pero Borja Piquero luce «con orgullo» los colores blanquiazules. «Estoy en casa y espero que el club recupere su sitio».

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