El regalo al Mérida que condenó al Real Avilés
«Me forzaron a irme y luego no cobraron», desvela el exblanquiazul David Fernández, que fue traspasado durante la temporada 1999-2000 antes del descenso a Tercera División
Aquella fatídica tarde en el Suárez Puerta será difícil de olvidar para quienes estábamos allí. Todo estaba preparado para aliviar la penosa recta final de temporada con la permanencia en un estadio lleno en un día de puertas abiertas y hasta con televisión en directo, aquella Tele Avilés del presidente del Real Avilés, José María Tejero.
En las gradas, muchos exjugadores sufrían al ver que el 1-0 de la ida en Novelda no acababa de remontarse. Lo tuvo en sus botas el madrileño Edu tras el 1-0, pero falló desde el punto de penalti y el Novelda empató y condenó a los avilesinos al infierno de Tercera División. Al final del partido, uno de los más tristes era David Fernández, que bajaba al césped a consolar a quienes habían sido sus compañeros esa misma temporada, justo antes de irse traspasado al Mérida de Segunda División.
El propio David, producto de la cantera del Real Oviedo, había salvado al Real Avilés del descenso dos años antes con dos goles en Zamora (1-3) que dejaban al equipo en Segunda B. Al año siguiente, se lograba la permanencia con comodidad y en la temporada 1999-2000, pese a hacer un importante esfuerzo por reforzar al equipo, Tejero traspasó a sus mejores delanteros: en Navidad, a Irazusta al Córdoba, y unos meses después David Fernández se iría al CD Mérida. El resto es historia.
David Fernández reside en Oviedo desde su retirada. Es economista y asesor fiscal y contable, y su vinculación al fútbol le viene ahora a través de sus hijos. Uno de ellos, Jaime Coballes –lleva el primer apellido de su madre– disfruta de su primer año sénior en el Real Oviedo Vetusta tras ascender a Segunda RFEF la pasada temporada. Su hermano pequeño es cadete en el Centro Asturiano.
Aunque tiene que echar la vista muy atrás para recordar su salida del Real Avilés, al hacer memoria sobre el error histórico de desprenderse de él y de Irazusta para luego descender a Tercera División, el ovetense desvela que «fue peor todavía. No sé cómo fueron los términos de la salida de Joseba, pero en aquella época estaban un poco obsesionados con desprenderse de las nóminas más altas, les daba un poco igual todo. Y cuando ya la cosa estaba un poco estable, pasaron a obsesionarse con tener algún ingreso. Salió primero Irazusta, y meses después yo».
El engaño de Pepe Fouto
Lo curioso es que, según el exfutbolista, «con lo mío habían pactado una cantidad a cobrar. Pero si en Avilés era complicada la situación, en Mérida peor, y si el de aquí tenía sus cosas, no te digo nada Pepe Fouto. Con lo cual, a los dos días de estar allí me llamaron de Avilés a ver si podíamos agilizar fechas y pagos. Me dijeron en Mérida: van apañados. Desde el principio no hubo la más mínima intención de pagar nada. Así que mal para el Avilés y mal para el Mérida. Fue terrible».
Ese final de temporada en el CD Mérida en Segunda División también se convirtió en una pesadilla para David. «Llegué con aspiraciones de ascender. Jugábamos el último partido ante el Atlético de Madrid B con una mínima opción de ascender, pero no se dio ninguna. No se consiguió ese ascenso, que hubiese solucionado la situación económica y al verano siguiente se desciende por impagos», lamenta el exjugador blanquiazul.
«Siempre pensé que me quedaría en el Real Avilés toda la vida, de hecho, cuando me forzaron a irme estaba hablando para renovar tres años»
Todos los jugadores de aquel Mérida tuvieron que recolocarse a toda prisa a mediados de agosto, y David Fernández lo consiguió en un Recreativo de Huelva que entrenaba Lucas Alcaraz que había hecho una plantilla para competir en Segunda B, pero se encontró con la plaza del Mérida en Segunda División.
David no estuvo el suficiente tiempo en Mérida para establecer lazos con un club, que aquel año acabaría desapareciendo, aunque después emergerían herederos hasta llegar al AD Mérida actual que está haciendo muy bien las cosas en Primera RFEF.
A quien sigue es al Real Avilés Industrial, además de al Real Oviedo, el club en el que nació como futbolista y se formó, y donde además ahora juega su hijo en el filial. «Cuando dejé el fútbol pasé unos años desconectado, que fueron seguramente los peores años en Tercera, cuando además aparece la opción del Stadium. Cuando Tejero empieza a ceder la explotación, que coincide cuando mis hijos empiezan a jugar, vuelvo a ver partidos, a seguir al Avilés y a ver poco a poco la mejora. Luego estuvo allí un amigo íntimo mío como Cañedo y eso nos acercó más a todos al club. Estuvimos ese año vibrando con el equipo. Fue una pena, estuve con toda la familia en el último partido con el Granada B, pero ya vuelves a estar enganchado y lo sigues».
«Estuve en el partido del Granada B, una pena, pero ya vuelves a estar enganchado y lo sigues»
Otro de los vínculos de David Fernández con el Real Avilés es Joaquín Alonso, con quien compartió vestuario. «Este año vi partidos, resúmenes, y la verdad que están haciendo un trabajo fenomenal, hay jugadores que no tienes tanto conocimiento porque vienen de fuera, per es una categoría muy difícil y es una alegría ver que el equipo está compitiendo tan bien», destaca.
¿Es el Avilés el club de su vida? «En todos los sitios me trataron bien, pero el Avilés es un poco especial. Siempre pensé que iba a quedarme toda la vida allí. De hecho, mi intención antes de que me invitaran a marchar, a forzarme, estaba hablando para renovar tres años. Los tres últimos años había estado prácticamente de capitán, consolidado, más a gusto. Por eso los lazos son muy cercanos».
Un 4-2 en el Muro de Zaro al Mérida de Juanito y Santi Cañizares en Segunda División
El nivel de Primera RFEF da para muchas efemérides y reencuentros del Real Avilés con equipos y ciudades. Mérida, localidad que visitan este sábado (16.15 horas) los avilesinos, es una de ellas. Aunque ha pasado por muchas vicisitudes económicas, desapariciones de clubes y refundaciones, su vinculación con el fútbol avilesino nunca ha dejado de existir, con jugadores que jugaron en ambas ciudades y un sinfín de anécdotas.
Una de ellas, la visita del Mérida entrenado por Juan Gómez Juanito, leyenda del Real Madrid, al Muro de Zaro en la temporada 1991-1992 en Segunda División. El Real Avilés ganó aquel partido 4-2 (en la segunda vuelta perdió de paliza por 6-0), a un equipo extremeño en el que jugaba Santiago Cañizares de portero.Aquella temporada acabaría mal para el Real Avilés, con un descenso a Segunda B después de dos temporadas en Segunda, y de forma trágica para el Mérida, con la muerte de Juanito.