«He aprendido a sentir este club como parte de mí, como si hubiera nacido aquí»

Christian Fernández dibuja con sus manos la cifra 100, el número de partidos ligueros que cumplió con el Real Oviedo la última jornada./ELOY ALONSO
Christian Fernández dibuja con sus manos la cifra 100, el número de partidos ligueros que cumplió con el Real Oviedo la última jornada. / ELOY ALONSO

«Sería una decepción marcharme sin conseguir un hecho histórico como devolver al Oviedo a Primera, eso me motiva día a dia para seguir»

IVÁN ÁLVAREZ DEPORTES.CO@ELCOMERCIO.ESOVIEDO.

Christian Fernández (Santander, 1985) es un líder cómodo en la sombra, consciente de que en el fútbol son tan necesarios quienes acaparan los focos como los que no permiten que se fundan los fusibles para que los aplausos se multipliquen cuando baje el telón. «Lo que tiene es aura mágica es el gol», señala el cántabro, que frente a ese estallido de júbilo de cada remate certero reivindica la importancia de una sinfonía coral.

«En una trayectoria larga, si un equipo quiere triunfar tiene que crecer desde la defensa. Y con la defensa me refiero a todo el colectivo», sostiene uno de los cuatro capitanes del conjunto azul, que asume que los azules han desafinado ahí esta temporada. Con un fuerte arraigo a la ciudad y el club, tras alcanzar la centena de duelos ligueros como oviedista el pasado domingo, se sienta a conversar con EL COMERCIO.

-Si tuviese que quedarse con un momento de estos 100 partidos ligueros, ¿cuál elegiría?

-El primer derbi que ganamos en el Tartiere, una de esas noches mágicas que anhelaba el oviedismo. Les brindamos uno de esos partidos de los que gustan aquí, de no darse nunca por vencido, incluso cuando peor se nos puso el partido con ese gol de Jony. Se puso el ambiente norteño con lluvia y frío. A base de empuje y de poder brindar esa ilusión a la gente, se terminó con una noche inolvidable.

-Tras el Racing de su tierra, ¿es este el club en el que más cómodo se ha sentido?

-Tal y como está hoy en día el fútbol y cómo se vive de rápido, es difícil estar tres años en un mismo sitio, además con la importancia y la responsabilidad que supone ejercer como jugador del Real Oviedo. Por ello le doy mucho valor a estos 100 partidos. Han sido tres años muy intensos en los que ha aprendido a querer a esta ciudad, a este club y a sentirlo como parte de mí. Como si hubiese nacido aquí en vez de en Cantabria, porque así te lo hace sentir la gente con la que te sueles encontrar. Los aficionados me agradecen el aporte de intensidad, trabajo y sacrificio. Hacen suyas esas virtudes que tengo.

-De ascendencia asturiana, conocía la magnitud del reto desde el primer día.

-Tengo familia por parte de padre, incluido él, que nació en Asturias porque mi abuelo trabajó en la cuenca minera. Siempre me contó esas raíces, incluso su guiño hacia lo carbayón. Creo que fue una de las personas que más se alegró de mi fichaje en su día y espero poder concluir mi carrera con un ascenso y poder retirarme en Primera División. Sería poner la guinda a una trayectoria que, a mi modo de ver, ha sido interesante y bonita.

-Le ha quedado algo de ese espíritu luchador de los mineros que también tiene este club, guerrero por su supervivencia.

-Indudablemente, si he llegado a la élite del fútbol ha sido por trabajo, no por calidad. No me considero un artista de la pelota, sino un trabajador, alguien que ha querido ir mejorando cada día. Aspectos como el descanso, el peso o la comida son cosas que quieres ir mejorando con el fin de alargar la estancia en la élite y seguir disfrutando de esta profesión que en su día era un 'hobby'. Además, en un club en el que la exigencia es máxima. Me gusta ser consciente de que tienes una responsabilidad extra porque así el club te lo hace saber, la afición te lo exige cada domingo y eso es lo que me hace tener esa llama viva de querer seguir compitiendo.

-¿Se siente uno de los pocos clásicos en un fútbol cada vez más moderno?

-Soy más de la vieja escuela, eso está claro. No soy del 'tiki-taka', sino de otra época en la que no existía tanta presión mediática sobre los árbitros, tantas imágenes ni redes sociales en las que instantáneamente se ponían de manifiesto acciones que podías cometer. Sobre mí hay un cartel de carnicero, de asesino, de duro, de machetero... Que hablen bien o mal de mí, pero que hablen, porque lo peor que le puede pasar a una persona es la indiferencia. Sé lo que hago y con el fin que lo hago. Al final, todo deriva en lo mismo, que es defender el escudo de mi club. Espero que sea por muchos años y así lo haré hasta que pueda o me dejen. El año que viene estaré todavía más vigilado si cabe, pero el nivel de exigencia y de intensidad no va a bajar ni un ápice. Seguramente acabe expulsado algún día, pero eso no va a repercutir para nada en el sentimiento con el que voy a competir cada día.

-Ha dicho Bordalás este curso que cuando les ganan nunca hay quejas. ¿Se ve en una tesitura similar con su momento de forma?

-Estoy en el sitio ideal para mis condiciones futbolísticas. Aquí se valora sobremanera que te sientas identificado con el club, con su historia, y con ese sentimiento de pertenencia hace que me sienta como en mi casa. Diría que incluso más. Voy camino de los 34 años, está claro que cada vez me queda menos y vivo año a año. Sería una decepción marcharme sin poder conseguir un hecho histórico como devolver al Real Oviedo a la Primera División después de esos años del barro que tanto te recuerda la gente y que fueron tan duros. Eso me motiva para seguir día a día dando lo mejor de mí.

-2019 está siendo el año de las remontadas en Europa. ¿Tiene el pálpito de que se le puede agregar la oviedista hacia el 'play off'?

-Es el año más difícil de los que llevo aquí e incluso diría que desde que se implantó el 'play off'. El otro día miré el calendario de los implicados e incluso con 70 puntos podías quedarte fuera. Es una auténtica barbaridad cuando en los últimos ocho años la media está en torno a 65. Eso te está diciendo el nivel de la categoría. Incluso equipos con 45 no están para nada salvados ahora. Es una categoría muy difícil y muy larga. Está claro que a nivel presupuestario hay equipos que parten con ventaja a la hora de hacerse con jugadores de bastante trascendencia a la hora de que definir partidos, pero si algo ha demostrado el Oviedo es que cuando nos dan por muertos es cuando más vivos nos encontramos.

-Lo del lunes en Málaga tiene aroma a duelo trascendental.

-Debemos ir con la misma receta, a pelear como si fuese una final, porque de hecho creo que lo es. De perder, la situación ya sería prácticamente imposible a falta de un mes, pero en la cabeza de los compañeros no entra más que ganar y meterse en 'play off'.

Más Real Oviedo

-En su currículo hay dos ascensos a Primera con dos equipos distintos. ¿Por su relevancia y contexto, si lo logra aquí le daría más valor?

-Sí. Este año con las lesiones, decisiones arbitrales que no han sido del todo ecuánimes, la destitución de Anquela... Han sido muchas circunstancias adversas, pero pese a eso seguimos vivos y metidos en la pelea. Este equipo siempre se rebela ante esas situaciones, no sé si es algo que te contagian cuando llegan. Si no hemos desaparecido cuando peor estaban las cosas, ahora que estamos peleando por un 'play off' no podemos venirnos abajo. Eso ha calado hondo en la plantilla, la gente que lleva más tiempo le hace ver a los nuevos que este no es un sitio más.

-Anquela tuvo un rol clave en su carrera. ¿Ascender supondría honrar la labor que desempeñó aquí?

-Indudablemente. Llevamos 57 puntos y desde la llegada de Egea hemos hecho cuatro. La proporción de puntos está clara y quitarle méritos y trascendencia al trabajo realizado por Anquela sería ser desagradecidos con una persona que lo ha dado todo por el Oviedo. Ha dado lo mejor que tenía, con sus virtudes y sus defectos. Cuando se toma una decisión como la destitución no es algo grato, sobre todo para mí por el cariño que le tengo, pero el club entendió que había que buscar un revulsivo y por el momento está trayendo sus frutos. Espero que esa decisión traiga el ansiado 'play off'.