Real Oviedo | Ibrahima: «Si olvidas a la gente que estaba contigo en el barro, algo falla; soy una persona de la calle»

Ibrahima Baldé, sonriente y rodeado de balones en El Requexón. / ELOY ALONSO
Ibrahima Baldé, sonriente y rodeado de balones en El Requexón. / ELOY ALONSO

«En el campo no miro al tipo que no sabe nada de la vida diciéndote burradas, no va a ocurrir de un día para otro, pero el racismo desaparecerá»

IVÁN ÁLVAREZ OVIEDO.

Cuando habla de sus raíces, el orgullo inunda las palabras de Ibrahima (Pikine, Senegal, 1989), que evoca sin perder su habitual sonrisa la arriesgada vía de escape que le ofrecieron y terminaron asumiendo algunos amigos de infancia o los episodios de racismo que padeció. Recién llegado a la treintena, el delantero oviedista se expresa en conversación con EL COMERCIO con la madurez que le otorga haber superado más de una odisea, pero sin perder la esencia de ese joven apadrinado por José Antonio Reyes a su llegada al vestuario del primer equipo del Atlético: «Me decía que era su hijo, es un artista».

-Como ya ha visto, no les va a faltar respaldo desde la grada.

-Siempre vengo temprano y hoy (por ayer) por la mañana, cuando llegué a las ocho y veinte y vi la pancarta me dio un plus. Lo único que podemos hacer es estar juntos, saber que quedan ocho partidos y el primero, que es este domingo, hay que empezarlo con buen pie y dejar claro a la afición que vamos a defender este escudo y este club como se merece.

-Por caprichos del fútbol, en la última jornada van a Pamplona. Allí se asentó en Primera. ¿Se imagina una doble celebración ese día?

-Sería tremendo. Ellos están haciendo una buena temporada y nosotros estamos en el camino. Ojalá que en lo que queda podamos hacerlo lo mejor posible, empezando por el domingo. Lo único que nos vale es ganar si queremos seguir soñando y estar arriba. Si subimos los dos sería espectacular. Ojalá en el último partido estemos en una posición en la que no haya ninguna presión.

-Ha hecho de revulsivo varias jornadas, pero dijo que nunca pondría mala cara si no tenía minutos.

-Siempre valoro las cosas. Cada mañana veo que tengo trabajo, no me están pidiendo hacer algo que no me gusta y, además, me están pagando. Por eso lo único que puedo hacer es disfrutar al máximo y estar siempre al cien por cien para cuando me toque hacerlo lo mejor posible.

-¿Filosofía de vida forjada en Pikine?

-Mi padre, mi madre y ahora mi mujer me dicen que si uno olvida dónde ha empezado, ya no volverás allí. Eso significa que si olvidas a tu gente, la que estaba contigo cuando estabas en el barro y no tenías nada, es que algo está fallando. Uno nunca se tiene que olvidar de dónde ha nacido y cómo ha empezado a hacer las cosas.

-¿Por eso también ayuda ahora a compatriotas tentados a jugarse la vida en el mar?

-Sí, me acuerdo cuando estábamos en el colegio. Siempre nos sentábamos atrás y un día mi amigo me dijo: «oye Ibu, la semana que viene sale una patera para España». Me decía que fuese con él. «No sé nadar, así que no me líes que no voy, ¿pero no has visto cómo se mueren en el mar?», le contesté. Él se fue y por suerte lleva tiempo en España. Yo confié en mi destino, en mi mente y mis pies, y gracias a Dios estoy aquí, pero pasando en avión.

-No sin vivir antes tragos duros, como cuando en Argentina un desconocido le enseñó una esvástica.

-Sí, pero en el barrio en el que nací es un barrio para hombres duros, como se suele decir. Conocí muchas cosas antes de salir allí y cuando fui a Argentina vi cosas de esas. Gracias a Argentina me hice un hombre para afrontar todo lo que me vino a la cara.

-Hace poco dijo Danny Rose que la lucha contra el racismo en el fútbol era una farsa. No sé si lo ve de forma tan pesimista...

-Es cierto que cuando juegas en un campo siempre hay gente que intenta todo para hacerte daño, intimidarte y sacarte del partido. El racismo lo tenemos que curar, pero tiene sus pasos, no va a ocurrir de un día para otro. Cada vez que pasa algo, la FIFA o los clubes están dando ejemplo de que eso hay que liquidarlo.

-Por desgracia, siguen produciéndose episodios bochornosos.

-Hoy en día lo único que puedes hacer es aguantar, saber que estás defendiendo a tu país o tu club y dar lo máximo posible. No es un tema fácil y a nadie le gusta vivir racismo. Yo también lo sufrí, pero paso. En el campo estoy pensando en la gente que viene a verme, en mi familia, que tiene que comer de lo que estoy haciendo, y en los que me quieren. No miro a un tipo que no sabe nada de la vida diciéndote burradas, intento superar al hombre que está diciendo mierda. Va a llevar su tiempo, pero al final va a ir desapareciendo.

-Ha afirmado que le daba igual que delante estuviese Pepe, Ramos o el central que fuese. ¿Esa mentalidad le viene del fútbol callejero?

-Soy así. Si no lo hago, los primeros que van a venir a regañarme son mi mujer o mi padre. En mi barrio, cuando me ven por la tele, dicen «hostia, esto es lo que queremos ver, un tipo que salió de aquí jugando en la calle». Si me buscabas en Pikine, tenías que ir a la calle, porque nunca estaba en casa. Soy una persona de la calle. Hoy en día estoy en el mundo profesional y las cosas han cambiado, porque he aprendido después de tantos años en Europa. Hasta mi padre a veces bromea y me dice «ya eres europeo». Yo le digo «papi, no olvidamos de donde venimos».

-Ahora es usted el referente de los niños de Pikine.

-(Ríe) Sí, en mi barrio la gente me quiere mucho. Y no porque tenga dinero, un coche bueno o un reloj. He estado en Pikine viviendo como una persona humilde y, cuando voy allí, vuelvo como una persona humilde, no muestro lo que tengo. Estoy ayudando a mucha gente de mi barrio. He llevado a muchos chicos a Europa porque es lo que me gusta, ayudar a la gente, ya que a mí me ayudaron a llegar donde he llegado.

-Hasta unos Juegos Olímpicos.

-Cuando me vino a ver el seleccionador, estaba en Osasuna y me dijo que el sueño del país era clasificarnos por primera vez para unos Juegos Olímpicos. En las eliminatorias marqué muchos goles y luego cuando fuimos a Londres hubo cosas que no me gustaron. No soy falso y se las dije al entrenador. No lo tomó bien. Si ve, contra México (en cuartos de final) marco el empate y no lo celebro porque no estaba a gusto. En el fútbol hay algunas mentiras que el jugador y los entrenadores saben. No me gustaron y se lo mostré ese día tras el gol. Teníamos un equipazo para llegar más lejos, pero fue un sueño cumplido.

-Poco o nada que ver con Anquela.

-El míster debe ser así. Anquela te dice las cosas claras, lo que hay. Te gustará más o menos, pero tiene su pensamiento. Él y Mendi(líbar) son dos entrenadores que me gustan mucho.