Real Oviedo

Real Oviedo | Y se va Anquela: «El fútbol no se acaba aquí»

El técnico Anquela, durante una de las sesiones en El Requexón. / ELOY ALONSO
El técnico Anquela, durante una de las sesiones en El Requexón. / ELOY ALONSO

El jienense ha destacado por su dedicación, por su afán por trabajar y por hacer del equipo un grupo fiable y aspirante al ascenso a Primera | Anquela, identificado con el club y con la afición, pone fin a «un sueño cumplido» 22 meses después de su aterrizaje en el banquillo azul

EDUARDO ALONSO OVIEDO.

Bien es sabido que en el fútbol no hay paciencia ni, lo que es peor, mérito que se acumule. Se ha visto de nuevo esta temporada. Lo angustioso, debe pensar Juan Antonio Anquela (Linares, 1957), es que nada de lo logrado importa, que el pasado no existe, aunque sea reciente. Con el equipo coqueteando con el 'play off' (es noveno, a cinco puntos de la zona 'noble' y empatado con su eterno rival), no hay tiempo que perder, entienden por contra en el seno del Real Oviedo, si se quiere recuperar la iniciativa y evitar un nuevo traspié a siete jornadas para el final.

Hay motivos para la preocupación, pero el varapalo del empate ante el Córdoba hizo al club no dudar, atajar lo que entiende como un problema, pese a que el técnico jienense ha contado, y sigue haciéndolo, con el apoyo incondicional de la grada del Tartiere -«si eres bueno, corre y, si no lo eres tanto, corre el doble»-, que le ha emocionado más de una vez, como en su primer derbi. La entidad que preside Jorge Menéndez Vallina se mostró ayer, en cualquier caso, todo lo comedida que le fue posible para anunciar el adiós, bajo la fórmula de 'acuerdo mutuo', de un entrenador que ha destacado por su enorme dedicación, por su afán por trabajar y por hacer del conjunto oviedista un grupo fiable, competitivo y aspirante al ascenso a Primera.

Anquela aterrizó, arropado por su cuerpo técnico de confianza (su segundo Juanjo Carretero, su auxiliar Dani Mayo y su preparador físico Marcos Marcén) en Oviedo un 27 de julio de 2017. Lo hizo con el aval que le habían dado sus etapas en el Huesca y el Alcorcón, a los que coronó en cimas históricas, y con la etiqueta de 'rey Midas' de los equipos modestos.

«Estoy donde quiero estar, pero el fútbol no acaba aquí. La gente me decía 'es que te van a echar' y me lo decían como si fuera un drama», explicaba, hace apenas dos meses sobre la mala racha acumulada a finales de 2018, un técnico temperamental, ganador y transparente, que había hecho real «un sueño cumplido» con su aterrizaje en el Tartiere.

Desde su llegada, Anquela no ha hecho otra cosa que ser uno mismo, no cambiar y no engañar ni a él ni a nadie. Tampoco a la afición. Y eso pese a las piedras colocadas para dificultar su camino. Siempre se ha valido de esta filosofía, con humildad, en un club en el que cada día ha sido una pelea por un sueño.

Este jornalero del fútbol, al que sus exjugadores del Alcorcón pusieron el mote de 'Anquelotti' tras meterle cuatro goles y hacer la machada ante todo un Real Madrid de Raúl, Guti, Van Nistelrooy, Benzema y compañía en la ida de la cuarta eliminatoria de la Copa en 2009, se ha erigido durante estas dos últimas temporadas, ahora interrumpidas, en garante del espíritu que lo había situado en el mapa de los banquillos.

Anquela encajó con deportividad la irregularidad manifiesta, sobre todo en defensa, presente esta temporada porque entendió que perder forma parte de vivir. Quizás por este carácter labrado en campos de albero, el ya exentrenador azul se mostró ayer resignado ante la comunicación del club. La dignidad por encima del dolor. No podía ni imaginar que se estuviera fraguando su destitución. «En el fútbol no le tengo miedo a nada», ha dicho en más de una ocasión quien ha saldado su estancia en el banquillo azul, 78 partidos, con 31 victorias, 22 empates y 25 derrotas.

El extécnico azul ha sido fiel a su idea: el equipo solo rinde cuando sufre, pelea y compite. Y lo ha llevado a cabo. Paternalista con sus jugadores, la temporada pasada se encontró con un conjunto en reestructuración, con trece cromos nuevos. Le costó encender su motor. Pero, cuando lo hizo, a finales de noviembre, el Oviedo se lanzó. Curiosamente, hasta el derbi ante el Sporting. Lo ganó, pero aquel triunfo abrió la puerta a una mala dinámica que, no obstante, le dejó a un solo gol de los puestos de 'play off'.

Su personalidad le permitió aguantar el tirón. Nuevo cambio de cromos. Diez. Pero la esencia 'Anquela' se mantuvo. Los nuevos se fueron adaptando a su filosofía, que no era otra que la del trabajo y la humildad. Pero los resultados no acompañaron. Tampoco la regularidad ni la fortaleza defensiva. Cambió de sistema, pero tuvo que regresar al punto de partida.

Y, así, el mismo que había seducido a Arturo Elías, el responsable del Grupo Carso para la inversión en el Oviedo, por su rectitud y coherencia hasta convencerlo de que era el entrenador idóneo, abandona el club a falta de siete jornadas, justo cuando la Segunda División exige, más que nunca, tolerancia al error y gestionar las urgencias con sosiego.