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La guardesa del glaciar

La guardesa del glaciar

A mitad de camino hacia la cima del Montblanc se encuentra el refugio de la Charpoua, junto al río de hielo del mismo nombre. Sarah y su bebé reciben a los montañeros

I. GALLASTEGUI

A medio camino hacia la cima más alta de Europa Occidental, la del Mont Blanc (4.810 m.), en los Alpes, el caminante se encuentra con una vieja cabaña construida sobre rocas a pocos metros del impresionante glaciar Charpoua. Si llama a la puerta, la joven guardesa le recibirá con una sonrisa, una taza de caldo y la petición de no levantar la voz: su bebé duerme. Sarah Cartier, de 30 años, lleva cinco dando la bienvenida a los excursionistas que hacen un alto en su itinerario por el poderoso macizo entre Francia e Italia.

De mediados de junio a primeros de septiembre lleva una vida apacible a 2.841 metros de altitud con el pequeño Armand. Los víveres llegan a comienzos de la temporada en helicóptero y cada viernes su compañero les trae productos frescos, cuenta Sarah a los periodistas de la agencia France Presse que, haciendo un reportaje para su sección de viajes, se toparon con este cálido oasis de hospitalidad entre las agudas rocas heladas.

En la cabaña no hay electricidad ni agua corriente y apenas cobertura de móvil. Para lavarse se calienta agua del glaciar y el 'baño' se encuentra entre los riscos. Por la noche, la estancia, con capacidad para ocho visitantes, se ilumina con lámparas solares que se cargan durante el día. Cartier, que el resto del año es instructora de esquí en Chamonix (Alta Saboya), mantiene el contacto con el mundo de abajo a través de un blog y las emisiones de Radio Choucas. Para acceder al refugio es necesario reservar plaza con antelación y, si un montañero no llega a la hora anunciada, la guardesa avisa a los servicios de emergencia. La noche cuesta 25 euros; el desayuno, 10; y la cena, 25.

Para hacer sentir como en casa a sus huéspedes, Sarah prepara infusiones con hierbas de su jardín y comidas caseras con productos locales en la cocina de gas. Se preocupa de mejorar cada año la sostenibilidad del lugar, por ejemplo, sustituyendo las botellas de plástico por agua de la fuente en envases duraderos.

La cabaña se encuentra dentro del circo de la Charpoua, en la orilla derecha del Mar de Hielo y rodeada de algunas de las cimas míticas de los Alpes. Desde este punto se puede acceder a los itinerarios de alta montaña de Flammes de Pierres, los Drus, la Aguja sin Nombre, la Aguja Verde y la Chaîne des Ecclesiastiques. «Para llegar aquí es necesario tener bases de alpinismo, ya que vais a atravesar un glaciar y utilizar un sendero equipado de escalas. No es una via ferrata. No hay línea de vida, sino mosquetones cerca de la escala que os permitirán usar vuestros propios amarres», explica en su blog. Los montañeros pueden contactar con ella por teléfono antes de iniciar el ascenso para conocer las condiciones meteorológicas y el estado de los caminos.

Sus advertencias no son gratuitas. Cada verano, la temporada de escalada del Mont Blanc se cobra varias víctimas. El cambio climático está propiciando 'lluvias de piedras' en los ascensos y violentas avalanchas en los glaciares. En 2014, dos caminantes se vieron sorprendidos por un río de nieve y hielo que los arrastró sin remedio en la Charpoua.

Pioneros

El pico del Mont Blanc fue conquistado en 1786, después de que el aristócrata suizo Horace Bénédict de Saussure ofreciera una recompensa al primer escalador que hollara la cima. El albergue de la Charpoua fue construido en 1904 por iniciativa del Club de Deportes Alpinos de Chamonix. La cabaña se preparó en el valle y después se subió por partes en trineos. Ha sido testigo de muchos hitos de la historia del alpinismo, ya que desde allí partieron expediciones con objetivos cada vez más lejanos y arriesgados.

A partir de septiembre, el abrigo se queda solo, pero los más aventureros, dispuestos a enfrentarse a la cara más salvaje de estas nieves perpetuas, encontrarán allí camas con mantas y gas. A cambio, deben dejar 10 euros en la caja. Sarah Courier, último 'ángel de la guarda' de una estirpe que se inició en los setenta, les advierte: «En esta época ya no hay agua en el glaciar. Llenad vuestras botellas al subir, cuidad bien de la cabaña y cerrad la puerta al salir».