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Los hoteles de las mil estrellas

El Anillo de Picos, creado hace unos años por los refugieros, logra atraer cada año a miles de personas./Gráfico
El Anillo de Picos, creado hace unos años por los refugieros, logra atraer cada año a miles de personas.

Los nueve refugios de Picos de Europa ultiman detalles de cara a su temporada alta | Solo por la Vega de Urriellu pasan anualmente unas 30.000 personas y la creación del Anillo de Picos está logrando atraer a gente de todos los países

LUCÍA RAMOSCARREÑA.

Son una mano amiga en la inmensidad y la crudeza de la montaña. A miles de metros y en puntos poco accesibles, los refugieros se convierten en una suerte de 'genio de la lámpara', haciendo las veces de cocineros, psicólogos, enfermeros, electricistas, fontaneros... En ocasiones son, incluso, la diferencia entre la vida y la muerte. Los cerca de treinta guardianes encargados de velar por el bienestar de quienes se adentran en el corazón de los Picos de Europa y deciden hacer parada, bien para reponer fuerzas con una comida caliente bien para dormir, llevan semanas preparando los nueve refugios existentes en el espacio protegido para su temporada alta, que se prolongará hasta bien entrado el otoño.

Los 'nueve de Picos' ya abrieron sus puertas la pasada Semana Santa, pero fue en junio cuando la actividad regresó a las cumbres, de la mano del buen tiempo. Ahora estos particulares hoteles cerca del cielo funcionarán sin descanso hasta el 1 de noviembre. Y con ellos lo harán sus refugieros, quienes alternan turnos de diez o catorce días para que los montañeros siempre encuentren un plato caliente sobre la mesa o una cama donde reposar.

Por el momento, según indican desde la Asociación de Guardas de los Refugios de Picos de Europa y Cordillera Cantábrica, la temporada comienza con buen pie y gran cantidad de reservas. Un éxito de visitantes que, como todo, no cayó del cielo. «Llevamos muchos años trabajando en la creación del anillo de Picos y fue todo un acierto, pues no solo nos está dando trabajo a los refugieros y creando nuevos puestos, también a otras empresas y guías de montaña», explica Sergio González, del refugio de Urriellu. El propio Parque Nacional de los Picos de Europa, indica, está interesado en llevar a cabo una correcta señalización de esta ruta que cada año atrae a miles de montañeros, gran parte de ellos extranjeros. «Es lo lógico, pues es fundamental intentar minimizar los riesgos de pérdidas y accidente con una correcta señalización, tratando además de que no salgan doscientos senderos, sino unos cuantos principales que permitan conocer el parque en todo su esplendor», apunta el guarda.

Y es que, precisamente, otro de los objetivos a los que más energía destinan los refugieros es a la concienciación de quienes les visitan a la hora de velar por su propia seguridad. «Los Picos están cada vez más concurridos. Solo por la vega de Urriellu pasan cada año entre 25.000 y 30.000 personas y, por estadística, se producen más accidentes. Nosotros siempre intentamos inculcar prudencia a la gente, pero es cierto que hay cosas que son inevitables», señala Sergio González. Y aprovecha para sacar pecho y presumir de los equipos de rescate asturianos. «Son grupos de elite y debemos valorarlos», asevera.

Nacho Márquez sube víveres a la Vega de Ario con ayuda de sus mulos.
Nacho Márquez sube víveres a la Vega de Ario con ayuda de sus mulos. / FOTOS: Guardas Refugios Picos

La vida en las cumbres, reconocen los refugieros, no es sencilla. De ahí que el carácter de muchos de ellos sea «tan duro como la naturaleza y el entorno». No obstante, los avances de los últimos años y, sobre todo, la experiencia, ayudaron a perfilar horarios y turnos mucho más llevaderos.

La temporada para estos hosteleros de altura comenzó hace varias semanas, con la puesta a punto de sus instalaciones tras las adversidades del invierno, así como la subida de material. Labores que debido a la escarpada orografía de Picos se complican hasta el extremo. De hecho, en Jou de los Cabrones (2.034 metros), el más remoto, el camino más corto parte de la localidad cabraliega de Bulnes y cuenta con un desnivel acumulado de 1.400 metros. Así las cosas, además de recurrir al helicóptero una vez al año -el servicio se realizó esta misma semana- para transportar el grueso de materiales y víveres, los guardas se ven obligados a portear ellos mismos, ayudados a veces de sus amigos más preciados: los mulos.

La colaboración entre refugios en este aspecto es también habitual, así como la estrecha relación que mantienen con «los verdaderos valedores de Picos»: los pastores y ganaderos. «Son quienes modelaron este paisaje y quienes siempre mantuvieron abiertos los caminos», apunta Sergio González, y lamenta cómo «se está perdiendo un patrimonio etnográfico y cultural grandísimo».

Ya en plena temporada, el día a día en los refugios está marcado por una rutina que no deja lugar para el aburrimiento. «Nos levantamos antes de que salga el sol y aprovechamos ese momento de tranquilidad, en el que todos duermen, para preparar todo mientras disfrutamos del amanecer», relata González. A las siete comienza la actividad, con los desayunos y las partidas. Cuando vuelven a quedarse solos, los guardas aprovechan para adecentar las instalaciones y almorzar antes de ponerse manos a la obra con las comidas. «Ya por la tarde comienzan a llegar los clientes, a las ocho cenamos en todos los refugios de Picos y a las once se apagan las luces. A la cama y vuelta a comenzar», explica el guarda. Tanto él como sus compañeros, asevera, se dejan la piel para que los montañeros se encuentren cómodos y bien atendidos. «En nuestros refugios no tenemos cuatro estrellas, tenemos miles», apostilla.