«Aquí todos somos amigos de amigos»

Un grupo de gijoneses lucen la bandera de la ciudad colgada en su tienda.

El sol y la sidra acompañan a los más de 1.100 jóvenes que acampan en Ribadesella para celebrar la fiesta de las Piraguas

ANA SOLÍS

El descenso de Sella comienza en Arriondas, la fiesta, también en Ribadesella. Ataviados con tiendas de campaña, sillas y mucha agua para combatir las altas temperaturas que se prevén para el fin de semana, más de 1.100 jóvenes, según datos de la organización, acampan desde ayer en el prau riosellano de San Juan. Mientras, en Arriondas, en el parque de la Concordia, unos cuantos previsores buscaron la mejor zona posible para instalarse. «Hemos madrugado para coger un sitio en la sombra, no queremos perdernos la salida», manifestó Javier Hidalgo que, junto con cuatro amigos más llegaron desde Las Rozas, Madrid. «También iremos a comprar provisiones. Con la gente que vendrá pronto no habrá nada en los comercios», continuó.

Al otro lado del río la fiesta no descansa. Decenas de jóvenes venidos desde Santander, León, Sevilla, Valencia o Madrid, por supuesto también desde todos las partes del Principado, se dan cita en la 'pre-fiesta' del descenso. «Lo mejor es que conoces a mucha gente nueva. Hay muy buen rollo, aquí todos somos amigos de amigos», aseguró Luis Menéndez, de Ribadeo, quien lleva tres años sin faltar a la cita.

Mariano Gómez, vecino de la sierra norte de Madrid, tampoco se pierde ningún año esta celebración. «Llevo catorce años viniendo, creo que fui yo quien la fundó», aseguró entre risas. Encima de su tienda ondea una bandera asturiana y una de la Comunidad de Madrid, la segunda mucho más pequeña que la primera, pues después de tanto tiempo disfrutando de los encantos de la región, él y sus tres amigos aseguran aseguran sentirse «un poco asturianos, aquí todo es diferente. Todo el mundo viene a lo mismo, a pasárselo bien. Una fiesta de este tipo en Madrid no triunfaría, seguro que acabaría mal», añadió su amigo Alfonso Palomino.

Otra bandera que ondea con fuerza es la de Gijón. Para Álvaro Vallaure y sus amigos es «indispensable» llevarla consigo a una fiesta como esta. «Atrae a la gente de Gijón, todos los de nuestro alrededor son de allí. Pelayo nos une», afirmó mientras escanciaba sidra y ofrecía culinos a sus amigos, pues la bebida por excelencia de la tierra «no puede faltar. Tampoco un buen bocata de sardinas ni sillas, que el día es muy largo», añadió.

Colchones hinchables, bidones de agua helada para enfriar las bebidas, música improvisada y algo de comida enlatada, «lo justo para sobrevivir», según Alba Vallejo, de Madrid, quien repite experiencia. «Nos hemos puesto junto al río, para ver la llegada. Nos lo estamos pasando genial, se cumplen todas nuestras expectativas. Lo único que esperamos ahora es que siga soplando el viento, que si no viene la lluvia», señaló. «Todo esto, la naturaleza, las vistas, es increíble. Además, anoche la fiesta estuvo genial», destacaba su amigo Álvaro Choclán, quien disfrutaba de su primera vez en Ribadesella. Primerizas también eran Raquel Álvarez, Paula Martínez y Elena García. Las tres estudian en la Universidad de Valladolid, son compañeras de clase y aunque las dos primeras son de León y la tercera de Santander, este año han querido establecer en Asturias, en el descenso del Sella, su punto de encuentro. «Cada una venimos con nuestro grupo de amigos, pero decidimos juntarnos porque no queríamos perdernos esta fiesta ni un año más. Era la mejor ocasión para vernos este verano», explicó Elena García.

Domingo de Xiringüelu

Para muchos, la fiesta de piragües termina justo cuando comienza el Xiringüelu, en Pravia. Es decir, este domingo. «Ningún año nos perdemos el 'xirin', hacemos doblete. El sábado desmontamos la tiendas, recogemos la basura y marchamos para la otra punta de Asturias», explicó Nacho Segovia, quien lleva ocho años viajando desde Madrid. «Empecé a venir cuando tenía 16 años, ahora tengo 24 años y estoy encantando de seguir viniendo. Cada año se apuntan más amigos porque venir de acampada a estas fiestas es una experiencia única», prosiguió Segovia.

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