Los que saben viajan sobre raíles

Los pasajeros del tren disfrutaron del descenso de las piraguas por el río. :: FOTOS: JUAN LLACA/
Los pasajeros del tren disfrutaron del descenso de las piraguas por el río. :: FOTOS: JUAN LLACA

Los auténticos especialistas de la fiesta de les Piragües, con más de cuarenta ediciones en algunos casos a sus espaldas, disfrutan de la comodidad del Tren Fluvial

LAURA ARAUJO

Algo tiene que tener una folixa para que para miles de asistentes acudan a ella año tras año. «El que lo vive una vez, repite seguro», decía una de las viajeras del Tren Fluvial, que persigue a los palistas durante la prueba deportiva. 82 años han pasado ya desde la primera vez que se celebró esta romería deliciosa, primer fiesta española de carácter festivo-deportivo en declararse oficialmente como de Interés Turístico Internacional. Y desde hace 73 años, desde 1945, este convoy largo y engalanado para la ocasión aprovecha el tramo de vía paralela al río para transformarse en mirador ideal de la carrera de piraguas.

A bordo de él viajan muchos veteranos de les Piragües, porque cierto es que la comodidad de sus vagones reemplaza a los excesos de otros años. Por ejemplo, José Abel del Soto, de Villaviciosa, lleva nada menos que 43 ediciones sobre sus hombros. «El recuerdo más alegre de esta fiesta es el tren de madera. Los momentos más 'guapos' del descenso los viví con mis hijos. Cuando ellos eran pequeños, el tren paraba y podías bajar a ver el paso de las piraguas por el río», rememora. «Para mí la fiesta de las Piraguas lo tiene todo, además de ser una celebración que viví desde niño», cuenta Del Soto.

María José Bode, como riosellana, reconoce que disfruta mucho el ambiente que se vivió siempre durante el Descenso. «Si hay alguien de Ribadesella en los primeros puestos, como suele ocurrir, se disfruta mucho más», apuntaba. «El Descenso aúna deporte y fiesta, cosa que no ocurre siempre», comenta para añadir que en Ribadesella, es algo que llevan en los genes. «Tenemos un amor al Sella que pasa de generación en generación. Me lo pasaron mis padres, yo lo pasé a mis hijos y espero que siga siendo así», señalaba.

La gijonesa Rita María Forcelledo acudía por vigésimo segunda vez a Les Piragües. «El primer recuerdo que tengo de esta fiesta es el 'Asturias patria querida' desde el puente de Arriondas, que junto a la salida, es lo mejor del Descenso. Es una fiesta que une a toda Asturias, da igual de donde seas». Forcelledo es de los que cree que no es necesario ser asturiano para vivir la fiesta y disfrutarla.

Un ejemplo de ello es José Antonio Ventanilla, un madrileño que se considera asturiano de adopción, que lleva 15 años acudiendo a esta fiesta junto a sus amigos de Asturias. «La salida del Descenso es un espectáculo impresionante», promociona. «Es una fiesta muy asturiana que aquí se vive mucho. Yo me siento como uno más», decía mientras miraba a sus acompañantes.

Nuria Alonso y Francisco Carrasco, que acudieron a la celebración por primera vez este año, se mostraban impresionados por la organización y la participación de la gente. A pesar de que había mucha afluencia, todo salió como esperaban. «El pregón es muy emotivo, muy familiar y cercano y esta es una fiesta muy de la gente, muy de la calle, explicaba él. Ella, mientras tanto, estaba encantada con la oportunidad que supone poder ver el Descenso desde su mirador sobre raíles. «Este tren es fantástico, una oportunidad única para disfrutar de todo esto de una forma diferente», dice Alonso. «Es difícil que vuelva el año que viene porque soy de Gerona, pero si puedo acudiré de nuevo», anunciaba.

Hugo Martínez es otro de los 'pata negra' de les Piragües. Su familia es de Ribasella y acude a la fiesta desde que tiene uso de razón. «Recuerdo cruzar el puente, tan lleno de gente que apenas se podía pasar. Mi padre me llevaba en brazos y aún guardo en la memoria esa sensación de ver a toda la gente feliz», cuenta Martínez mientras se asoma por ventana tratando de localizar a los primeros de la carrera.

Mariola Llera, también acude año tras año al Sella, tantos que no sabría contarlos. «Vengo desde pequeña y el primer recuerdo que tengo es el de correr al tren». Ayer volvió a rememorar las mismas sensaciones en un nuevo Sella.

 

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