«Desde lo de Pablo Iglesias, mi vida es un infierno»

AlbertoCasillas, ante el hotel Ritz de Madrid, donde irrumpió el lunes en una charla de PabloIglesias./
AlbertoCasillas, ante el hotel Ritz de Madrid, donde irrumpió el lunes en una charla de PabloIglesias.

Ha dejado su trabajo y vive «en un infierno». Alberto Casillas, el camarero que se plantó ante la Policía en los disturbios de Madrid, se rebela contra Pablo Iglesias, el líder de Podemos

FRANCISCO APAOLAZAmadrid

Alberto Casillas es cojo de una pierna, pero ha resultado un sprinter de la fama. En apenas veinte meses ha pasado de recibir abrazos en la puerta del bar que defendió de los antidisturbios, a quedarse sin trabajo y recibir amenazas de muerte. De salvador de la patria a malo oficial. En esa cuesta abajo, la opinión pública española puede ser rapidísima. Cuando la noche de aquel 25 de septiembre de 2012 se plantó delante de la Cafetería Prado, paró a los policías que querían entrar a sacar a los manifestantes y aguantó ante las piedras y las porras, el país lo quiso con locura. Su imagen, con los brazos abiertos, le otorgó cierto aire de tipo del tanque de Tiananmen a la española. Después de que este lunes interrumpiera una conferencia de Pablo Iglesias en el hotel Ritz en contra de su apoyo al régimen chavista, las cosas han cambiado: «He pasado de héroe a villano, payaso».

Lo ocurrido

«Mi esposa no puede comprar papel higiénico ni comida. ¿Ha asesorado al Gobierno de Venezuela en eso?», dijo el lunes pasado, cuando el líder de Podemos daba una charla en el Ritz. Casillas se encendió tanto que acabó saliendo empujado «y agarrado por el cuello», según su versión.

En ese momento, algunos se dieron cuenta de que ese tipo de chaqueta y corbata era el camarero de la Cafetería Prado (en twitter @porterodelprado) que se hizo famoso el 25-S cuando arreciaron las protestas y Neptuno ardía en vigilias de pedradas y pelotazos. La cosa se ha complicado esta semana al aparecer un vídeo de Casillas llorando a Hugo Chávez, en un acto que tuvo lugar en Madrid en 2013. ¿Qué hacía ahí?

Esta historia empezó a torcerse hace 20 años. En un café cercano y asediado al teléfono por media docena de productores televisivos, Casillas explica que siendo emigrante en Venezuela y dueño de una discoteca en Puerto Ordaz se vio envuelto en una historia que terminó mal. «Denuncié en varias ocasiones a las mafias de drogas que querían entrar en mi discoteca. Después, los militares me extorsionaron y me ofrecieron protección a cambio de dinero pero, como me negué, me asaltaron 54 veces. Entré en un proceso judicial contra Ezequiel González, un juez hijo de Ezequiel González, que era jefe de la Corte Suprema de Venezuela, porque el sistema favorecía a los que yo denunciaba». Según su relato, después de diez años de litigio, ganó y le devolvieron los bienes embargados y cuando fue a buscarlos «no había nada», así que se vino a España «empujado por la inseguridad» del país. Dejó allí dos hijos (ahora tienen 24 y 25 años) y una mujer. Ella está en paro, víctima de la persecución política por no poder trabajar en muchas empresas al haber firmado en contra de Chávez en 2003 y haber formado parte de los nombres malditos de la Lista Tascón de opositores al gobierno.

Su hijo menor llegó a España hace un par de años y entonces Casillas comenzó a mancharse del mismo barro que allá. Ha sido muy criticado por aparecer en fotos y vídeos en ese acto en recuerdo a Hugo Chávez en Madrid. Según él, el asunto surge cuando en la Embajada de Venezuela se lo piden «amablemente» para solucionar unos papeles de su hijo. «Yo acudí, pero me sentí tan mal que entonces dije ahora me vais a oír». Desde entonces, asegura que ha firmado muchas de las solicitudes de manifestaciones en apoyo de los opositores venezolanos. «Mi hija es uno de esos estudiantes agredidos y represaliados por el Gobierno», explica.

Esa protesta le ha llevado a buscar su presencia en algunos platós y, «después de tiempo pidiendo una entrevista con Pablo Maduro», a irrumpir en los salones del Ritz en los que levantó la voz. Casillas, al que muchos han acusado de comportarse impulsado por un afán desaforado de protagonismo, asegura que todo lo que se le viene encima consiste en «una maniobra» para desacreditarle. «No me dan miedo. Yo ya sé cómo va esto. Los votantes de Podemos son algo muy bueno que han dado un toque a los de arriba, pero Pablo Iglesias... Es PabloMaduro y convertirá a España en Venezuela».

Amenazas de muerte

El miércoles, Alberto Casillas ya no estaba en su puesto de trabajo en la cafetería Prado donde ha pasado los últimos cuatro años. Asegura que la última semana ha sido «un infierno» y que han pasado varias personas a insultarle, lo que le ha llevado a renunciar al trabajo (ahora, toda su familia está en paro) para no «perjudicar» a sus compañeros que no quieren hablar del asunto.

En las redes, la polémica ha reverdecido, pues el @porterodelprado al que Iglesias pedía una entrevista en diciembre de 2012, es ahora «un loco» al que algunos amenazan de muerte y del que se ha publicado hasta la dirección de su casa y el número de su portal. «Antes era un santo y ahora, mira...».