Matarranz, un histórico luchador contra el franquismo

Felipe Matarranz, el pasado martes en la recepción de la Residencia Ulpiano Cuervo, de Colombres. Homenaje del Partido Comunista en la Casa de Piedra a Felipe Matarranz 'El Lobo'. /
Felipe Matarranz, el pasado martes en la recepción de la Residencia Ulpiano Cuervo, de Colombres. Homenaje del Partido Comunista en la Casa de Piedra a Felipe Matarranz 'El Lobo'.

Defendió a la República en Asturias y Cantabria, participó activamente en la Guerra Civil y fue responsable político de la guerrilla en el Frente Norte

GUILLERMO FERNÁNDEZLlanes.

Felipe Matarranz González, el histórico luchador contra el franquismo y responsable político de la VI Brigada Guerrillera del Norte, fallecía ayer en Colombres a la edad de 99 años. Había nacido en la localidad ribadedense de La Franca el 2 de septiembre de 1915 y apenas le restaban tres meses para convertirse en centenario. Vivía en la residencia Ulpiano Cuervo, de Colombres, y el pasado martes recibía a EL COMERCIO en lo que ahora es su último encuentro con un medio de comunicación.

La gran obra en la vida de Matarranz, por la que siempre será reconocido, fue «la lucha en la defensa de los intereses de los humildes, de los explotados. Desde niño me enseñaron a dar la cara por la dignidad de los obreros y en esas filas peleábamos juntos socialistas, comunistas y anarquistas». «Pero entre nosotros hay una gran ignorancia y nos separaron los capitalistas y sus intereses», lamentaba el pasado martes.

A los 14 años, en 1929, residía en Torrelavega y entró a formar parte de un colectivo llamado Pioneros, donde «apostaban por convertirnos en un pueblo culto porque un pueblo ignorante es como mil ovejas: un pastor las domina a todas», argumentaba con nostalgia.

Hasta su fallecimiento ayer, Felipe Matarranz había puesto su vida al servicio y la defensa de los obreros. Recibió dos condenas a muerte y estuvo doce años preso en doce cárceles diferentes. Nunca se doblegó, a pesar de que le persiguieron como a una alimaña. Sufrió torturas hasta perder el sentido y estuvo a un paso del suicidio. Disparó a dar porque a él también le encañonaban. Defendió la República por Asturias y Cantabria y tras la Guerra Civil fue el responsable político de la VI Brigada Guerrillera del Norte, la que mandaba Ceferino Machado.

El 18 de julio de 1936, al estallar la contienda nacional, ocupó el Ayuntamiento de Torrelavega y más tarde pasó a Asturias para participar en el asalto al cuartel de Simancas y en el cerco a Oviedo. Regresó a Cantabria y peleó en las alturas, en los puertos del Escudo, Piedras Luengas, San Glorio y Los Tornos, a donde llegaron los primeros fusiles de fabricación mexicana. Participó en la batalla de El Mazucu y en diciembre de 1937 era detenido en Torrelavega. Un Consejo de Guerra le condenó a muerte el 30 de diciembre de 1937 y la pena se reducía a 30 años, en 1939, para ser indultado en 1942. Nada más salir de la cárcel le nombraron enlace y responsable político del Frente Norte: «Un coronel francés me entregó un carné de Falange a nombre de José Lobo para vivir infiltrado», explicaba.

El 26 de noviembre de 1946 le sorprendía la Guardia Civil en una reunión con otros tres guerrilleros en una cabaña de las estribaciones de la sierra del Cuera y le detenían al día siguiente tras haber agotado la munición. En ese enfrentamiento murió Madriles, mientras que Gildo y Quintiliano conseguían fugarse. Fue torturado y pasó cuatro meses incomunicado. Le abrieron 22 expedientes por los que le condenaron a seis años en el famoso penal de Burgos. Recobró la libertad y continuó luchando el resto de su vida «para defender a los explotados».

Fue autor de tres libros e impartió conferencias en colegios y ateneos de Francia y España, actividad que dejó «hace cinco años porque cuando tengo que hacer un inciso para aclarar alguna cuestión, me olvido de lo que estábamos tratando», decía.

Su padre, un minero vasco que bajó a las entrañas de la tierra en Somorrostro y Mieres, para acabar convertido en agricultor en Torrelavega, fue su principal referente. Tenía pensado votar hoy porque para él era un derecho muy importante. Pero no pudo ser.

El cadáver de Felipe Matarranz recibira sepultura hoy, a las 12.30 horas, en el cementerio municipal de la localidad de El Peral, en Ribadedeva.