El hermano de un médico del hospital de Cabueñes, condenado a muerte en Arabia Saudí «por insultar al islam»

El hermano de un médico del hospital de Cabueñes, condenado a muerte en Arabia Saudí «por insultar al islam»

Sus autoridades realizan una estricta interpretación de la ‘sharía’ o ley islámica, que castiga con penas de cárcel, latigazos o a muerte la homosexualidad, la brujería o declaraciones de tipo religioso que no se ajustan a lo establecido, entre otros muchos supuestos delitos que a los ojos de Occidente distan mucho de serlo

NOELIA A. ERAUSQUINGijón

Hace 30 años Mounir Fayad dejó a su familia en Arabia Saudí para buscar un futuro mejor en España. Estudió Medicina en la Universidad de Oviedo y consiguió un contrato como anestesista en el Hospital de Cabueñes. Sin embargo, su vida sigue ligada al país al que sus padres, palestinos, llegaron como refugiados hace medio siglo y donde ampliaron su familia. Allí continúan sus progenitores y también dos de sus hermanos, uno Ashraf Fayad, un reconocido poeta y artista visual que se ha convertido en el último blanco de una justicia muy poco justa. Sus autoridades realizan una estricta interpretación de la sharía o ley islámica, que castiga con penas de cárcel, latigazos o a muerte la homosexualidad, la brujería o declaraciones de tipo religioso que no se ajustan a lo establecido, entre otros muchos supuestos delitos que a los ojos de Occidente distan mucho de serlo.

Una corte de la ciudad de Abha, en el suroeste del país, acaba de condenar a la pena capital al hermano artista Mounir por «apostasía» y «blasfemia». En concreto se le acusa de publicar poemas en los que insulta a Alá y a Mahoma, aunque Ashraf defiende su inocencia y apunta a motivos personales para ser castigado con la muerte.

El tribunal saudí justifica su sentencia por los textos aparecidos en el libro Las instrucciones, en el interior, una recopilación de poemas que publicó en 2008 en los que expresaba cómo se sentían los refugiados en ese país. Cinco años después, en 2013, el Comité para la promoción de la virtud y prevención del vicio, la policía religiosa de Arabia Saudí, decidió detenerle para interrogarle por «sus ideas ateas», aunque solo estuvo retenido cuatro o cinco días y fue puesto en libertad por falta de pruebas. Sin embargo, en enero de 2014, volvió a ser arrestado mientras estaba viendo un partido de la Liga de Campeones en una cafetería de Abha. Poco antes había mantenido una discusión con otro hombre, un desencuentro que, según Ashraf, podría ser la causa real de su encarcelamiento, aunque también piensa que detrás de este se encuentran unas grabaciones comprometidas que realizó en una actuación de la policía religiosa. Sea como fuere, el artista fue juzgado por la acusación de escribir un poema en el que presuntamente insultaba al Islam. El veredicto de un tribunal religioso le condenó a cuatro años de prisión y 800 latigazos «por la promoción del ateismo», pero el artista, no conforme con el fallo, recurrió la sentencia y la respuesta llegó hace apenas unos días con una pena infinitamente mayor, la condena a muerte.

Los más de 7.000 kilómetros que separan Gijón de Abha no alejan la tragedia de su hermano de la cabeza del anestesista del Hospital de Cabueñes, que sigue el proceso a través de su familia. Sus padres acuden a ver a Ashraf a la cárcel casi cada día y han contratado a un abogado para recurrir la sentencia. Tienen ahora 30 días para apelar y convencer al tribunal de que cambie de opinión y demostrarle que todo fue una «farsa», como sostiene la defensa. Mientras, el artista palestino se encuentra «destrozado» en prisión y ha sido sometido a presiones para que reconozca su culpabilidad.

Pese a la dificultad que supone vivir en el país, la familia no está sola en su lucha por salvar la vida de Ashraf. Un centenar de intelectuales y artistas musulmanes ya han exigido su liberación y la Red Árabe para los Derechos Humanos ha condenado la sentencia. «Rechazamos los tribunales de inquisición de los delitos de la conciencia. Rechazamos que comparezca en una corte un ser humano por su grado de religiosidad y rechazamos y repudiamos la condena a muerte contra el poeta y artista plástico Ashraf Fayad», publicó esta organización en internet.

Mientras, el condenado, que llegó a representar a Arabia Saudí en la Bienal de Venecia como adjunto al secretario del pabellón de este país, intenta no perder la moral. «La verdad es que estoy realmente consternado, pero no sorprendido, aunque lo cierto es que no he hecho nada que merezca la muerte», declaró al diario The Guardian.

El proceso contra Ashraf Fayad se une al de otros muchos jóvenes que están siendo condenados por delitos de índole religiosa en Arabia Saudí. Uno de los que más repercusión ha tenido en los últimos tiempos es el del bloguero Raif Badawi, condenado a 10 años de cárcel y mil latigazos por, supuestamente, faltar al respeto al Islam, delitos cibernéticos y desobedecer a su padre, algo penado en el país. Su crimen fue crear un foro en internet que defendía la separación de Estado y religión. En su caso, el recurso de apelación que presentó también terminó en un agravamiento de la pena, aunque no llegó a la condena a muerte. Los primeros 50 azotes que un verdugo le dio en una plaza pública de Yeddah dieron la vuelta al mundo, después de ser grabados con un teléfono móvil y ser subidos a la red. A finales de octubre, el Parlamento Europeo le concedió el premio Sájarov a la libertad de conciencia.

 

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