¿Infusiones contra el cáncer?

Josep Pamiès, en la tienda Siente Bio de Avilés, rodeado de seguidores. /
Josep Pamiès, en la tienda Siente Bio de Avilés, rodeado de seguidores.

El controvertido horticultor catalán asegura que el ébola y la malaria se curan con dióxido de cloro y los tumores, con plantas

AZAHARA VILLACORTA AVILÉS.

«Si la quimioterapia fuera tan buena, en España no habría 110.000 muertes al año por cáncer». Sentencias como esa, pronunciadas con gravedad ayer en Asturias por el controvertido horticultor catalán Josep Pàmies, son las que colocan a este payés en el ojo del huracán de la comunidad científica. Seguido por unos como un gurú de la alimentación saludable y denostado por otros, que lo tildan de charlatán y estafador, este hombre nacido en Lleida hace 68 años ha conseguido notoriedad judicial por arrasar campos de maíz transgénico y cultivar marihuana con fines medicinales (la Fiscalía pide para él dos años de cárcel), mientras asegura que el virus de la Hepatitis C y el VIH no existen, que el cáncer se elimina con infusiones o que la malaria y el ébola se curan en tres días con unas gotitas de su producto milagro: el dióxido de cloro, que hasta ahora era un modesto desinfectante para piscinas y que -dice- permite «curar enfermedades graves a un precio ridículo».

Su mensaje de fondo es que la solución para la mayoría de las enfermedades está en los remedios naturales y eso fue lo que defendió en Avilés y Langreo, donde se reunió con agricultores ecológicos y seguidores, firmó libros y ofreció charlas en las que cargó contra «la mafia de la industria farmacéutica, que es como la del crimen organizado, empeñada en cronificar a los enfermos, y sus títeres los gobiernos, una pandilla de ladrones a los que no les interesa que se divulguen saberes que ya atesoraban nuestras abuelas». Una batalla de David contra Goliat en la que él no se piensa dar por vencido, porque «tiene narices que hablar de salud sea un delito», argumenta ante sus fieles.

Son conocimientos milenarios como los que atesora, por ejemplo -cuenta en aquellos lugares donde no terminan vetándole-, un anciano de 90 años que conoció. «Llevaba toda la vida fumando y le diagnosticaron un cáncer de pulmón. Pero, en vez de dejar de fumar, lo que hizo fue que se metió dos litros al día de infusión de llantén y a los dos meses estaba curado». En ese caso, también va muy bien el cannabis, «el mejor antitumoral que existe y muy eficaz contra la epilepsia». O uno de sus descubrimientos más celebrados: el kalanchoe, una planta tan eficaz o más que la quimio, que él mismo comercializa a través de la web de su empresa, donde también es posible adquirir «una mezcla de plantas para combatir procesos cancerosos y tumorales» con hojas de ortiga y flores de caléndula y milenrama (por 7,50 euros). La misma tienda 'online' en la que el usuario puede teclear sus síntomas y la página le recomienda una serie de productos de la botica natural, del ictus al glaucoma o la depresión. Y, así, contra la leucemia, por ejemplo, se recomienda un preparado que debe tomarse en «2 o 3 infusiones al día».

Porque otra de las premisas de quien se siente «acosado e injuriado por las empresas de la 'far-mafia' y la industria alimentaria» (Pàmies propugna una dieta alcalina que evite la acidificación de la sangre) es que «la medicina convencional y la alternativa deberían colaborar y no estar enfrentadas, como ocurre ahora». Si bien, argumenta, la realidad es bien distinta: «Muchos medicamentos son drogas muy duras pensadas por los poderosos para crear adicción. Es el caso, por ejemplo, de la aspirina, que mata más que el sida; del Omeoprazol, que provoca una osteoporosis salvaje, o de los antidepresivos, que causan más muertes que la cocaína y la heroína juntas. Y, sin embargo, nos los recetan como si fuesen caramelos».

Y algo similar ocurre con los «terribles efectos de vacunas muy peligrosas como la del papiloma, que se ha prohibido en algunos países, la de la Hepatitis B, que provoca esclerosis múltiple, o la de la gripe, que solo se pone el 10% de los médicos».

Pàmies ha convencido a muchos como el líder de Jarabe de Palo, Pau Donés, que, tras curarse de un cáncer de colon gracias a un tratamiento convencional, decidió probar los beneficio del kalanchoe, pero acaba de anunciar su recaída. «La verdad es que compró la planta, lo colgó en Instagram y nunca más supe de él. Creo que no está por la labor de hacer un cambio y sigue tratándose con quimioterapia, pero aquí me tiene si él quiere para ayudarlo», zanja el payés. Los expertos alertan de los peligros de abandonar la terapia antitumoral prescrita por los facultativos siguiendo unos consejos «pseudocientíficos».

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