«Con un argentino no se puede hablar ni de fútbol ni de política»

Braulio Suárez García, en el estadio de River. Él es de Boca./
Braulio Suárez García, en el estadio de River. Él es de Boca.

Braulio Suárez García vive desde hace nueve años en Buenos Aires | Trabaja en una empresa de maquinaria de construcción y está pensando en volver: «Ahora aquí corren malos tiempos»

M. F. ANTUÑA

Mañana en su casa de Buenos Aires habrá lío. Hinchas de Boca y River se darán cita para ver la final de la Copa Libertadores. «El fútbol acá es una locura, lo viven con una pasión inmensa, no sabes qué rivalidad, con un argentino no se puede hablar ni de fútbol ni de política», resume Braulio Suárez García (1969), un chaval de Proaza nacido en Oviedo, que también vivió en Gijón y que mañana va con Boca, aunque, en realidad, su equipo es el Sporting.

Lo suyo es la construcción. En Asturias siempre se movió en el gremio y cuando la crisis empezó a golpear fuerte y se vio sin trabajo, hizo la maleta. Su mujer es argentina, así que el destino estaba claro. «Vinimos con una mano delante y otra detrás». No le fue mal la apuesta. Empezó trabajando en reformas, pinturas y construcciones y pasado un tiempo creó su propia empresa, El Asturiano Refacciones. Trabajaba junto a otros siete colegas, pero acabó por desligarse y emigró al mundo de la maquinaria. Hoy es maquinista: «Hacemos excavaciones, demoliciones, obras de saneamiento, abastecimiento de aguas, soterramientos», resume.

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Pero todo fue bien hasta que comenzó a ir mal. «Yo estoy muy agradecido a Argentina y a la gente que me tocó, pero este año parece que solo me topé con boludos y pelotudos», afirma. Y es que «están corriendo malos tiempos, están echando a mucha gente, cualquier excusa es buena, y cuesta cobrar, cuesta que te paguen». La cosa no va bien al otro lado del charco y el peso no vale nada: «Con el cambio de gobierno están viniendo tiempos jodidos, mucho ajuste, mucha inflación», apunta. Tampoco es que vea a España mucho mejor, pero sí lo está en algunos aspectos. Allí la inseguridad ciudadana es un auténtico problema. «No hay plata, la gente no llega a fin de mes y se busca la vida», lamenta este asturiano que no tuvo grandes problemas de adaptación en la capital argentina más allá de los lingüisticos. «Hombre, tienes que acostumbrarte, la terminología cambia mucho en la construcción, pero yo estoy como pez en el agua y mira que esto es la jungla», relata sin pasar por alto sus dificultades para evitar el uso del verbo coger. Pero, en general, tan contento con el trabajo y con la vida: ««Aquí hay de todo, currantes, vagos, menos vagos, pero son buena gente».

Es un hombre de mundo Braulio, que anduvo por mil lares antes de encontrar acomodo en territorio austral. Y puede que este no sea su último lugar en el mundo. Ya se plantea volver a hacer la maleta. Para empezar estará en Asturias en Navidad y moverá sus piezas para encontrar trabajo. Inglaterra y Marruecos también podrían ser un plan B. «Soy como los caracoles, con la mochila a cuestas, hay que conocer, viajar», concluye.

De momento, mientras llega el siguiente destino, él disfruta de lo que tiene y echa de menos lo que le falta. El listado de añoranzas asturianas es largo, por no decir infinito: «La comida, la sidra, el cabrales, la fabada, el pote, el picadillo con patatas y huevos, las fiestas del prao, el Xilingüelu, les Piragües...».

 

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