«El reguetón está acabando con todo»

Luismi Fernández, sobre el escenario, muestra su micrófono a la cámara. / PALOMA UCHA
Luismi Fernández, sobre el escenario, muestra su micrófono a la cámara. / PALOMA UCHA

Luismi Fernández, vocalista de Assia: «Lo mío ye la vida del guiri. Tirame en una hamaca a tomar el sol y beber un coco», cuenta el cantante, que actúa el miércoles en San Mateo

AZAHARA VILLACORTA GIJÓN.

Luismi Fernández (Gijón, 1972), «de La Calzada de toda la vida», es el vocalista del grupo Assia, que mueve cada verano a miles de personas de prao en prao y que el miércoles actúa en San Mateo. Un idilio con la música que empezó de guaje: cuando tenía seis años y fue a cantar a un programa de radio junto a su hermana mayor. Después, llegarían los festivales y el grupo de heavy que montó en el instituto, donde un profesor le animó a meterse en el mundo de las orquestas. «Me gustaban Iron Maiden y toda esa movida. De hecho, en las primeras fotos de Assia salgo con unas greñas que aquello ye digno de ver. Parezco Navajita Plateá o el del medio de los Chichos. Pero haz muchos años que corté la melena», bromea este hombre que este verano padeció una hernia inguinal que le bajó temporalmente de los escenarios y que dio lugar a «un 'Salvame Deluxe'» de rumores sobre su estado. «Eso sí: fuera del escenario no abro la boca. Ye muy difícil que me oigas cantar».

-¿Cómo nació Assia?

-En el año 1995. Dionos por hacer esa chifladura.

-¿Chifladura?

-Sí. Esto fue un proyecto siempre muy atípicu pa ser de prau porque ni teníamos muyeres ni teníamos metales: ni trompetes ni saxo ni nada. Nacimos así, la fórmula funcionó y así seguimos. Y encima no tocábamos la música del verano... Era un grupo metido a calzador en los praos pa hacer algo distinto. Sí: hacemos cumbies y versiones, pero también Queen, Pink Floyd, los Beatles...

-Y hasta hoy. ¿Cuánta gente hay detrás de uno de sus conciertos?

-Encima del escenario, somos seis. Pero, entre técnicos, montadores y chóferes, somos trece, que ye un número que a mí gústame mucho.

-Desde entonces, ya llovió.

-Mucho. Y ahora te das cuenta que yes de los veteranos. Se nota con la gente joven, que nos cuesta un huevu llegar a ellos por la música que se consume ahora, que ye horrorosa.

-Quéjese.

-El reguetón está acabando con todo.

-Deduzco que no le gusta...

-No ye que no me guste. Ye que lu odio. Directamente. No por nada, sino porque yo creo que no ye un trabajo de músicos, que ye algo pa los dj's. Ye una moda, pero, musicalmente, está vacío. Pero a los chavalinos pónesyos una discoteca móvil con pantalles de vídeo y listo. Pasa lo mismo con les orquestes de Galicia, que son tan espectaculares y no toca nadie: lo traen todo grabado. Mucho 'chimpún', mucha luz y mucha movida, columpios, confeti, la de mi madre... Pero esos ni canten ni toquen ni nada.

-Tiene hasta una teoría.

-Sí. Tú tienes una sidrería en Gijón de toda la vida. Tienes el pescadín del Cantábrico, el chuletonín de casa, el cachopo, les fabines riques, la buena sidra... Si te ponen al lado un McDonald's, va a estar petao, pero tú hazme casu: no faigas hamburgueses. Tú sigue a lo tuyo. Tú date cuenta de que en el McDonald's dante una cosa congelada, que ye igual que sea de ternera que de pollu porque sabe todo igual. Pero dántelo en una cajina perfecta con un juguete pa los guajes. Esa comida enseguida la comes, sábete a lo que te sabe y no hay que pensar nada. Pero tú un platu fabes póneslu en la mesa y no haz falta envolvelu en ninguna caja. Vas a saber si la faba ye buena, si el compango ye buenu. Ye así.

-¿Cómo ha ido el verano?

-Trabayar trabayamos tol añu, unes 100 ó 115 actuaciones en total, pero en verano ye de seguido.

-¿Y se vive bien?

-Se vive como un currante cualquiera, porque no deja de ser una empresa. Cotices como músicu, pero, gracies a Dios, vivimos todos de esto.

-¿Hay zonas de Asturias más fiesteras que otras?

-No. Asturies ye folixera entera. Pero sí se estila un tipo de música más en una zona que en otra.

-¿Por ejemplo?

-La zona de Cangas del Narcea, Tineo y todo por ahí ye de acordeonistas. Ye lo que más gusta. Flipes. La cumbia argentina, la banda Ráfaga y todo esto. Y, en el centro, son más de orquesta.

-¿Gijón y Oviedo se diferencian?

-Pues mira: si hace años parecía que les verbenes estaban en declive, todas las que hagan en un barrio de cualquiera de las dos ciudades son un éxito seguro porque la gente va caminando y lo del 'soplómetro' cortó mucho el rollo a los pueblos.

-Otra cosa que cambió fue que antes no había botellón.

-Ye un problemón. Tú date cuenta de que 500 guajes de botellón hacen más ruidu que 5.000 adultos. Y ellos copan la parte de delante del prao, de la mesa de sonido palante. Y, amigo, eso tuerce la fiesta. A nosotros nos fastidia vivos, pero les que más sufren son les comisiones de festejos. Y es que tenemos un concepto muy equivocado. Una fiesta ye al aire libre y ye pa todos, pero no ye gratis: eso págalo alguien. Y, si todos esos que van de botellón pidieran una simple Coca-cola en la barra, otru gallu cantaría.

-Sé que usted tiene como manía beberse un chupito de ron antes de salir a cantar.

-Sí. Un chupitín de ron de vez en cuando, un vinín, una cervecina, una buena sidra... Pero nunca me verás beber un cacharru.

-¿Se liga mucho?

-Eso ye un tópico y yo, además, ahora, toi pilláu (risas). Lo nuestro siempre fue muy llamativo, muy vistoso, pero, cuando se apaguen les luces, detrás hay una vida bastante normal. No ye tan glamuroso.

-¿Y qué fue lo más raro que le pasó en todos estos años?

-Tienme pasao de todo. ¡Madre mía! Haz mogollón de años fuimos a un pueblu de Soria que nunca había llevado a una orquesta. Y, cuando vieron que salía humo del escenario, empezaron: «¡Que se queman los músicos!». Y venga a tirarnos agua con calderos. Una locura. Desde eso a subite un gochu de 150 kilos al escenario pa rifalu. Son tantes coses... ¡La vida de la vedete! (risas).

-¿Vacaciones para cuándo?

-En octubre, y siempre cruzo el charcu. Lo mío ye la vida del guiri: tirame en la hamaca a tomar el sol y beber un coco con la pulserina. Todo incluido. Siempre tiro pal Caribe (risas).

-Su lema es 'Too praos, too furious'.

-Sí (ríe). Porque está claro que tu trabajo es hacer música y repartir la mayor alegría que puedas.

-Y ahora, encima, lo vemos por la tele.

-Ye una experiencia muy guapa que empezó como una pijada y vamos por la sexta temporada. Sorpréndeme mucho que ahora, en los praos, les paisanes tan esperándote porque yes el de la tele. No pensé que iba a tener tantísima repercusión. Ye todo muy flipante.

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