«El autismo no se cura con lejía rebajada»

El ovetense Julio Bobes, en el Centro de Salud Mental de La Ería. / ÁLEX PIÑA
El ovetense Julio Bobes, en el Centro de Salud Mental de La Ería. / ÁLEX PIÑA

«Una mayor velocidad social y la menor tolerancia a la frustración han incrementado los casos de trastornos mentales leves»

ALBERTO ARCE

Como presidente electo de la Sociedad Española de Psiquiatría, catedrático en la facultad de Medicina desde 1999, docente en la Universidad y jefe de servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), Julio Bobes (Oviedo, 1952) sabe algunas cosas sobre la mente humana y sus entresijos. No en vano, la comunidad científica española lo ha reconocido como una de las personalidades más sobresalientes en este ámbito en muy numerosas ocasiones. Es padre de seis hijos y desde 2007 forma parte de la Academia Asturiana de Medicina. Como científico, tiene varios frentes abiertos. Uno es la lucha contra las enfermedades mentales, que «no tienen la buena costumbre de dar algún tipo de tregua»; y el otro, la «eterna» batalla contra los «remedios milagrosos» que consiguen a pasos agigantados ganarle terreno a lo que habría de ser puramente clínico. No, «el autismo no se cura con lejía rebajada». El médico es tajante en este sentido.

-¿Estamos locos?

-Las enfermedades graves son, más o menos, las mismas que tenemos desde hace unas cuantas décadas. No ha aumentado la prevalencia en los trastornos más severos.

-¿Más de lo que nos gustaría admitir?

-Como científico, tengo que decir que lo que sí ha aumentado, y de una manera progresiva, han sido las llamadas reacciones de adaptación (trastornos adaptativos) y los trastornos mentales menores por el estrés que soportan las personas. Es general, se da en todas las latitudes. Esos casos ahora son atendidos por el médico de asistencia primaria y nos llegan, cuando es necesario, al centro de salud mental.

-¿Por qué este aumento?

-Hay diferentes factores, pero la mayoría tienen que ver con nuestro sistema social. El aumento de la velocidad social, la tolerancia a la frustración, que es cada vez menor, o la facilidad de acceso al sistema de salud mental, que también puede llegar a prestarse al abuso.

-Asturias continúa a la negra cabeza de Europa en suicidios, ¿qué está pasando?

-Estos problemas aparecen cuando existen trastornos mentales graves. La mayor parte de los trastornos por comportamiento autolítico se dan en personas que ya tienen patologías mayores. Como los más prevalentes son los trastornos depresivos, muchos de estos pacientes que intentan quitarse la vida a veces no están diagnosticados como deberían.

-Ahora hay un protocolo que antes no existía, ¿es suficiente?

-El 'Protocolo de detección y manejo de caso en personas con riesgo de suicidio' está a punto de ser evaluado. Se pretende que el examen termine cuando se cumpla un año desde su implementación, en junio. De momento, el plan se está aplicando a todos cuantos se les detecta un riesgo autolítico. Consiste en buscar la causa de esos pensamientos suicidas en los pacientes y en facilitarles rápidamente una mayor frecuencia de acceso al sistema sanitario, en el que están implicados de manera interdisciplinar el personal de enfermería, psicología clínica y los especialistas en Psiquiatría. Además, a parte de los cuidados de urgencia, lo más importante es el seguimiento.

-¿Cuáles son las principales causas de los comportamientos suicidas?

-La enfermedad, diagnosticada o no. No obstante, en algunas ocasiones no queda del todo claro si la raíz del problema reside en una adicción a determinado tipo de sustancias o no.

-Lo que es un tabú también es un ancla...

-Por supuesto. El tabú que supone el tema del suicidio es una de las principales barreras con las que nos encontramos los profesionales para tratar a los pacientes. Cuando se da una de estas situaciones, la mayor parte de la gente tiende a negar, ocultar o minorar la importancia de los hechos, que en sí son muy graves siempre. Ahora, con los programas existentes, se identifican los casos de riesgo y se siguen quieran o no las familias. Antes, si la persona no quería constar en ningún registro, estaba en su derecho. Ahora somos más proactivos.

-¿Estamos cada vez más deprimidos?

-No estamos más deprimidos socialmente; sin embargo, cada vez atendemos a un mayor número de personas con cuadros leves y moderados de depresión. Hace tres décadas, solo nos encontrábamos con los casos más intensos. Esto viene por la facilidad de acceso al sistema.

Conocer el cerebro

-¿Qué se sabe ahora de la depresión que antes se desconocía?

-Sabemos que hay una parte de los depresivos que responden a situaciones endóginas, polimorfismos y cambios genéticos, es decir, cuestiones que tienen que ver únicamente con los factores genéticos y la mecánica del cerebro; y otros donde el origen de la enfermedad es sociogenético, es decir, pueden darse tras una pérdida o frustración. Y sabemos que unos responden mejor que otros a los fármacos.

-¿Se conoce mejor el funcionamiento del cerebro?

-Aunque estamos lejos de saberlo todo, gracias a los avances neurocientíficos conocemos mejor la estructura, desarrollo y funcionamiento del cerebro, y eso nos permite orientar los tratamientos hacia unas dianas concretas.

-¿Tratamientos como el del 'electroshock'?

-En efecto. Pero hay que matizarlo. Con la terapia de electrochoque, tradicionalmente, los psiquiatras producíamos una estimulación generalizada del cerebro, pero en los últimos años hemos ido descubriendo en qué áreas debemos estimular con precisión para conseguir un efecto antidepresivo. Hemos evolucionado mucho desde los años cuarenta.

-¿Cuáles son las enfermedades mentales que más les preocupan?

-Los trastornos mentales y del comportamiento han aumentado muchísimo como consecuencia del incremento de las adicciones a todo tipo de sustancias, ninguna de las cuales ha disminuido. Seguimos consumiendo nicotina, alcohol, estimulantes y drogas como el cannabis, la cocaína o las anfetaminas. No es infrecuente que nuestros pacientes con trastorno esquizofrénico tengan, además, una amplia lista de infecciones propias de los adictos y no de esta enfermedad.

-También entra en escena el juego entre los más jóvenes...

-Es un problema incuestionable, y uno de los motivos que han hecho que en la próxima Clasificación Internacional de Enfermedades (en su undécima revisión), que entrará en vigor en mayo en la Asamblea Mundial de Salud, se incluya, entre otros, el trastorno de juego 'offline' (aquel en el que no hay dinero de por medio) a petición de China y Japón, por la alta frecuencia de uso de esta tecnología. Las adicciones en menores de 25 años pueden dar lugar a problemas muy graves en el desarrollo normal de los individuos.

-¿Hay pacientes incurables?

-En Medicina, el concepto de incurable se descartó hace años. Hay enfermedades crónicas que precisan planes de cuidados continuados.

-¿Esta afirmación es válida para delincuentes? ¿Dónde termina la maldad y dónde empieza la enfermedad mental?

-La maldad se distribuye como las ortigas. Hay trastornos del comportamiento y casos insalvables de transgresión permanente. La reinserción puede darse cuando el paciente está enfermo.

-¿Existe una receta para la salud mental?

-Tener un buen desarrollo cerebral, es decir, que durante los primeros 25 años de vida no existan traumatismos de todo tipo, trastornos graves y adicciones. Que los acontecimientos negativos sean los justos.

-¿Cuáles son los retos de la nueva psiquiatría?

-Una mejor promoción de la salud mental a través de una planificación diseñada por las instituciones. Se está haciendo bien, pero hay que trabajar mucho más. Tenemos una asignatura pendiente: no se ha hecho la evaluación de la estrategia europea de la salud mental iniciada ya en 2005.

-Las pseudociencias y pseudoterapias están a la orden del día, ¿cómo prevenirlas?

-Estas prácticas afectan a todas las especialidades y producen un daño importantísimo. ¿Cómo es posible que la gente crea que se puede utilizar lejía rebajada para curar los autismos o un ungüento de plantas machacadas para curar el cáncer? Hay que agradecer a nuestros ministros los movimientos que han hecho en este sentido y que, por primera vez, se ha tomado el asunto en serio. Y hay que hacerlo porque parece que la población ha dejado de ser tan exigente en cuanto a sus cuidados.

-¿Cuáles son los peligros de este tipo de prácticas?

-El abandono de los tratamientos clínicos rigurosos en favor de los productos milagrosos. Estas prácticas desvían la atención y multiplican los efectos negativos de las enfermedades. Las perspectivas 'mágicorreligiosas' no pueden superar al hacer científico. Esto nos ha ocurrido por ser demasiado tolerantes. No todo vale, y lo que no vale debe ser desechado de inmediato sin ningún tipo de prejuicio.