«Ninguna pregunta debería estar prohibida»

«Deberíamos permitir a los científicos que no diesen siempre una razón económica», argumenta Philipp Ball, el autor de 'Curiosidad', un ensayo sobre la inquietud humana como motor de la ciencia

MICHAEL MCLOUGHLINMadrid

Un curioso patológico. Así se puede definir a Philip Ball (Inglaterra, 1962).Este físico y químico británico decidió dar rienda suelta a sus inquietudes lejos de los laboratorios, una aventura que le llevó a ser editor de la prestigiosa revista Nature durante dos décadas y dar forma a una ecléctica y gruesa bibliografía. Tras mapear al milímetro el instinto musical o destilar la historia del agua con una pintoresca biografía del líquido rey, viaja desde los tiempos antediluvianos de la ciencia hasta el presente en Curiosidad (Turner),una radiografía que revisita la vida de los principales genios del gremio de los últimos siglos con la que busca poner de manifiesto cómo algo a priori tan poco empírico como la curiosidad ha sido el gran motor de la investigación.

Hubo una época en la que preguntarse el porqué de las cosas era puro morbo.

En la Edad Media la palabra curiositas era algo oscuro y mal visto.La Iglesia proyectaba a menudo la idea de que eran asuntos que no nos concernían. Sin embargo, el problema no venía siempre de los teólogos. Algunos de los primeros científicos religiosos como Robert Boyle llegaron a considerar que era una obligación humana investigar lo que Dios había hecho. Investigar algo tan increíble como el ojo de una mosca suponía admirar su creación.

¿Qué es lo que hizo de la curiosidad una virtud?

Al principio del siglo XVII empieza a considerarse como una herramienta del poder político en un momento en el que florece una clase media con más recursos y el clero pierde influencia. La situación cambió al final de ese siglo y las críticas llegaban más de los poetas que satirizaban, por ejemplo, con la utilidad de conocer detalles del moho.

¿Es compatible creer en Dios y ser un devoto de la ciencia?

Hay un montón de grandes científicos que son creyentes y esto no influye en su trabajo. Creo que este debate está muchas veces enfocado en las preguntas equivocadas. Hay muchos pensadores y teólogos que no se centran en contradecir a la ciencia y se dedican a fomentar la experiencia religiosa y estudiar cómo podemos vivir en comunidad. En este aspecto son perfectamente compatibles y la religión puede ser tan relevante para la ciencia como la ciencia para la religión.

¿Querer obtener respuestas justifica cualquier investigación?

Ninguna pregunta debería estar prohibida de primeras. Todos los científicos estarán de acuerdo en esto. Sin embargo, todas las preguntas corren el peligro de plantearse con determinados sesgos.Es lo que hace constantemente la política. Por ello hay que hacerse planteamientos ético sobre cómo vamos a abordar el asunto y qué vamos a hacer con el conocimiento obtenido.

¿La curiosidad es inherente al ser humano o se adquiere con el paso de los años?

La curiosidad es algo innato al ser humano. Cualquiera que haya tenido a su cargo a niños pequeños se da cuenta que es algo con lo que todos nacemos. La cuestión es cómo evitar que ese instinto se vaya reprimiendo. Creo que los sistemas educativos de los que nos hemos dotado no están preparados para evitar que esto desaparezca.

¿Qué debería cambiar entonces para apuntalar este instinto?

La educación se ha concebido como un sistema de aprobar exámenes y eso nos lleva a la idea de que hay que encontrar una única respuesta correcta. Eso puede inhibir el sentimiento de curiosidad ya que se centrará en encontrar esa respuesta y no en explorar. También es bueno para la ciencia aceptar que hay cosas que no sabemos. El no tener respuestas es lo que la impulsa. Hay veces que una investigación se plantea algo y no encuentra respuesta pero aún así se consigue avanzar y evolucionar simplemente planteándose una buena pregunta.

Sostiene que la curiosidad humana es la razón para poner en marcha, entre otras cosas, el acelerador de partículas del CERN. Entonces, ¿por qué en la mayor parte de los casos se articula todo en términos económicos?

Probablemente se haya perdido la confianza en decir que queremos explorar algo porque resulta interesante.Es una pena ya que puede distorsionarse el fin de las investigaciones. Muchas veces no se pueden ver las aplicaciones inmediatas de los descubrimientos. Deberíamos permitir que los científicos no siempre diesen una razón económica detrás de todo.

¿Cree que este instinto puede remover las bases de la economía de la misma forma que hizo con la ciencia?

La economía está en un punto fronterizo entre la ciencia y lo que puede ser humanidades o política. Se podría aplicar el método científico a cuestiones financieras. Hasta la fecha, quizás se han aplicado los planteamientos equivocados de la ciencia a la economía y por ello no ha dado buenos resultados. Creo que hay muchísimas ideas frescas que pueden aplicarse en este ámbito.