«No nos sirve de nada aumentar la longevidad si no va ligada a una vida libre de enfermedad»

«No nos sirve de nada aumentar la longevidad si no va ligada a una vida libre de enfermedad»
Álvaro Fernández, ayer, en su laboratorio. / E. C.

«La falta de recursos para investigación lastra el desarrollo de nuestro país y nuestra sociedad», lamenta el científico

MIGUEL ROJOGIJÓN.

Álvaro Fernández Fernández nació en Gijón en septiembre de 1987 y creció repartiendo su tiempo entre el barrio de Pumarín y la parroquia de La Pedrera. Aficionado a la escritura, el ajedrez y la música, estudió en la Universidad de Oviedo, donde trabajó en el laboratorio de Biología Molecular de Carlos López Otín, que codirigió su tesis junto a Guillermo Mariño. Tras viajar a Estados Unidos, acaba de firmar un trabajo publicado en la revista 'Nature' en el que recoge cómo ha logrado alargar hasta el 10% la vida de los ratones en el laboratorio, consiguiendo además que lo hagan en condiciones más saludables.

-¿Qué hace un investigador gijones en la Universidad de Texas?

-Durante mi tesis doctoral tuve la ocasión de hacer una estancia corta en el laboratorio de Beth Levine, en Dallas, uno de los grupos más importantes de investigación en autofagia del mundo. Tras regresar a España y terminar esa tesis se me presentó la oportunidad de integrarme como investigador postdoctoral, y no lo dudé. En ese sentido mi transición fue algo más fácil, ya que conocía la ciudad, la institución y el laboratorio. Aun así, la diferencia en el día a día es palpable, y más para un asturiano. La comida, el calor excesivo... Hay cosas buenas y malas, como en todo. La cuestión está en saber adaptarse y aprovechar la oportunidad para crecer personal y profesionalmente.

-¿Se trabaja mejor fuera que en España?

-Está muy bien tener la opción de formarse en el exterior, pero nadie debería estar obligado a emigrar para trabajar, ni tampoco se debería sudar sangre poder volver a España y aprovechar tu formación. Sin hablar de los laboratorios, ya formados, que tienen que cerrar sus puertas. Es evidente que no se destinan suficientes recursos, y esta falta de financiación en investigación es un problema que, pese a no resultar muy evidente, lastra el desarrollo de nuestro país y nuestra sociedad.

-¿Qué se llevó de Oviedo?

-Varios hechos afortunados me han traído a donde estoy hoy, y uno de ellos es el haber podido trabajar en el laboratorio de Carlos López Otín. Apasionado y generoso como nadie, su aportación a la ciencia y al impulso de jóvenes estudiantes y científicos desde la Universidad de Oviedo nunca se verá lo suficientemente reconocida. Y somos muchos los que siempre le estaremos agradecidos por ello. Junto a Carlos tuve como co-director de mi tesis a Guillermo Mariño, otro investigador brillante que ahora dirige su propio equipo de investigación en la FINBA de Oviedo. Ellos fueron los que me dieron la oportunidad y los que me enseñaron todo lo que sé.

-¿Cuál ha sido su labor concreta en el estudio?

-En este artículo describimos cómo ratones con cierta mutación puntual en beclin 1, una proteína esencial para un proceso celular llamado autofagia, presentan mayores niveles de esta vía y son capaces de vivir más y con mejor estado de salud que los animales control. La autofagia es un proceso de reciclado que poseen las células y que les ayuda a sobrevivir ante diferentes tipos de estrés, como la falta de nutrientes o los daños que se pueden acumular en ciertos componentes celulares. Respecto al trabajo en sí, tanto Salwa Sebti (la compañera con la que comparto autoría principal) como yo estuvimos implicados en la mayor parte del estudio. Es decir, nos ocupamos de varios de los experimentos incluidos en el artículo (como por ejemplo los análisis de autofagia o de las alteraciones que aparecen en los tejidos durante al envejecimiento) y de la elaboración del manuscrito final.

-¿Podrán ser aplicados pronto en seres humanos estos avances?

-En nuestro estudio podemos apreciar en los ratones la reducción en la incidencia de tumores o el descenso en daño cardiaco y renal. Y es que no nos sirve de nada aumentar la longevidad si ello no va ligado a una extensión de la vida libre de enfermedad, que debería ser el objetivo primordial. De todas maneras, este estudio se ha centrado exclusivamente en ratones de laboratorio. Aún queda cierto tiempo y mucho trabajo de por medio para que avances como éstos puedan ser aplicados al ser humano.

-¿Dónde cree que están los límites éticos de la ciencia?

-Muchos avances científicos tocan o sobrepasan límites que ni siquiera nos habíamos planteado antes y nos obligan a parar y pensar sobre ellos por primera vez. De todas maneras, no habría que tener miedo al progreso. Con miedo, los pioneros en medicina, en química o en exploración no hubieran alumbrado el camino con sus descubrimientos ni hubieran superado límites que ahora nos parecen banales. No quiere decir que hagamos caso omiso a las complejas implicaciones de algunos de los últimos avances. Pero creo que la comunidad científica ha hecho un buen trabajo poniendo sobre la mesa estas cuestiones, y que está dispuesta (en su mayor parte) a afrontarlas, debatirlas y solucionarlas. Siempre conscientes de las repercusiones que conllevan las investigaciones que hacemos.

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