«La ciencia es un ten con ten entre imaginación y rigor»

Margarita Salas, en uno de los laboratorios del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa. / IÑAKI MARTÍNEZ
Margarita Salas, en uno de los laboratorios del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa. / IÑAKI MARTÍNEZ

«Es un error que se discrimine a los mayores, que al cumplir los 70 años piensen que ya no sirves; tengo 80 y seguiré trabajando hasta que el cuerpo aguante»

M. F. ANTUÑA

Le va la marcha a Margarita Salas, mujer activa, inquieta, pionera, visionaria, que no quiere ni oír hablar de jubilarse. Acudir a diario a su cita con la ciencia le da la vida; la emoción de descubrir sigue siendo su porqué. Bioquímica y académica de la RAE, es un nombre mayúsculo de la investigación española.

-Es ejemplo de que ciencias y letras no tienen por qué ser opuestas. ¿Por qué siempre las dividimos?

-Viene de antiguo, los unos se justifican cuando no entienden algo de ciencias con el 'soy de letras'; y al revés. Yo creo que las ciencias y las letras deben ir más de la mano, los científicos deberíamos saber entender asuntos de letras y los de letras, tener conocimientos de ciencias. Debemos tratar de que no exista más esta división.

-¿Les vendrían bien las letras a la hora de mejorar la divulgación?

-Pues sí. La divulgación para los científicos es importante; el conocimiento de las letras siempre viene bien.

-Estamos en campaña electoral. ¿Cuáles son los imprescindibles que todos los partidos deberían incluir en sus programas?

-La ciencia debería ser objeto de un pacto de estado. Ya lo propusimos hace años una serie de científicos. Fue durante la campaña en la que salió Zapatero, al principio parecía que pintaba bien pero final se quedó en nada, y sigue siendo nada. Nadie está dispuesto a que se haga.

-¿Se ha sentido decepcionada por los políticos?

-Lo que siento es que la ciencia en general tiene poca relevancia en los partidos políticos, que en las campañas es difícil que se hable de investigación, cuando es importante para el país. Es una realidad y es una pena.

-Deles un argumento contundente para que empiecen a hablar de ciencia.

-Me remito alas palabras que decía Severo Ochoa: «Un país sin investigación es un país sin desarrollo». Los desarrollos tecnológicos o biotecnológicos vienen de descubrimientos de ciencia básica.

-¿Por qué otros países lo entienden así y el nuestro no?

-No sé. Cuando vino la crisis de hace unos años, países como Alemania no solo no disminuyeron el presupuesto para investigación, sino que lo aumentaron, mientras en nuestro caso el dinero ha ido bajando y hoy en día estamos bajo mínimos, la situación es bastante desastrosa.

-¿Tendríamos que salir a la calle a manifestarnos?

-Sí que deberíamos hacer una protesta general, porque realmente es fundamental que nuestros políticos se den cuenta de lo importante que es la investigación.

-Imagínese que el ganador de las elecciones la llama y le ofrece ser ministra de Ciencia.

-Evidentemente diría que a estas alturas de mi vida no voy a ser ministra de Ciencia.

-¿Y si le hubiera pillado más joven una llamada así?

-Tampoco. Nunca he querido meterme en la política, soy muy feliz haciendo investigación. Lo que sí le pediría al futuro ministro es que aumente el presupuesto para investigación, hoy en día se hace en circunstancias muy penosas. Y ese es el motivo también por el que para los jóvenes el futuro es muy incierto. Si se van al extranjero, algo que siempre es positivo, lo bueno sería que en dos, tres o cuatro años pudieran volver a España a desarrollar los conocimientos adquiridos. Pero hoy en día esa vuelta es muy difícil. Lo que hacemos es tirar el dinero, gastamos para formar excelentes investigadores, porque formamos excelentes investigadores, para después no aprovecharlos.

-Usted volvió de Nueva York.

-Eran otros tiempos. En aquella época la salida era absolutamente necesaria. Había muy poca investigación y salir era esencial. Nosotros decidimos volver porque queríamos desarrollar la biología molecular que habíamos aprendido con Severo Ochoa en España.

-Hablamos de lo público. ¿Falla también la investigación en el ámbito privado?

-Hay empresas privadas que están dando financiación, pero lo que es muy importante es que las instituciones públicas sean las que tiren del carro, eso debe animar a las privadas a unirse a esta decisión de ayudar.

-Dice que para ser científico no hace falta ser un genio. ¿Qué hace falta?

-Hay que tener mucha dedicación, mucho interés y entusiasmo para dedicarse al cien por cien. También es necesario tener imaginación y rigor: imaginación para diseñar experimentos, para planearlos, y rigor para poder valorar los resultados que uno espera y no dejarse llevar por la fantasía. La ciencia es un ten con ten de imaginación y rigor.

-¿Y paciencia? ¿Requieren los científicos más paciencia que el resto del género humano?

-Sí, la ciencia exige paciencia y perseverancia. Los resultados de lo que uno planea no siempre son los esperados y se sufren frustraciones.

-¿El laboratorio es un lugar de emociones?

-En un laboratorio, cuando uno descubre algo que no se había visto antes, se siente una gran emoción, lo que Severo Ochoa llamaba 'emoción de descubrir'. No se puede expresar con palabras esa sensación.

-O sea, que existe el momento eureka.

-Unas veces es el momento eureka, y otras no es un solo instante, sino muchos a lo largo de la investigación.

-¿Cuáles han sido sus momentos más emocionantes?

-Yo tuve un momento muy emocionante cuando estaba en Nueva York en el laboratorio de Severo Ochoa y descubrí dos nuevas proteínas. De vuelta a España, hubo dos descubrimientos muy notables: uno, cuando encontramos que el ADN del virus bacteriano Phi29 tiene una proteína unida a los extremos del ADN y demostramos que inicia la duplicación del material genético; y, después, cuando descubrimos que la ADN polimerasa, que se produce cuando el virus infecta a la bacteria, tiene unas propiedades fantásticas desde el punto de vista de su aplicación biotecnológica. De este último descubrimiento resultaron rendimientos muy importantes no solo desde el punto de vista científico sino también económico.

-Fue la patente más rentable de la historia del CSIC y la hizo una mujer.

-Con un equipo de trabajo, esto no lo hace nunca una persona sola.

-Pero usted ha sido una pionera. ¿Cómo vive la revolución de las mujeres?

-Quiero que las mujeres ocupemos el puesto en la sociedad que nos merezcamos en cada caso. No quiero ni discriminación positiva ni negativa, ni que se nos dé nada por el hecho de ser mujeres ni que se nos quite nada por esa misma razón. Espero y quiero pensar que nunca he recibido nada por el hecho de ser mujer, sin embargo en algunos momentos de mi vida, sobre todo al principio de mi carrera, sí me he sentido discriminada.

-¿Ya no?

-Sí pero no. Porque ahora el hecho de ser mayor es un punto de discriminación. Es una pena, pero yo lo siento así.

-¿No sabemos aprovechar la sabiduría de las personas mayores?

-Es un error que se nos discrimine y que se piense que a partir de los 70 años no valemos para nada; yo tengo 80 años y afortunadamente puedo seguir trabajando porque la presidenta del CSIC me hace un nombramiento de profesora 'ad honorem', pero dependo de que haya esta decisión, si no tendría que quedarme en casa, que es algo que me horroriza.

-¿De verdad que no le apetece descansar después de una vida tan intensa como la suya?

-En absoluto. Para mí la investigación es una pasión. Si no pudiese venir todos los días al laboratorio me sentiría muy mal. Seguiré hasta que el cuerpo aguante y hasta que me dejen.

-Ha citado a la presidenta, Rosa Menéndez, que también es asturiana. ¿Por fin una mujer al frente del CSIC?

-Era algo necesario, había una carencia. Habrá más en el futuro.

-Usted es académica de la RAE. Ahí sí que la presencia de mujeres es muy pequeña.

-En la RAE ha ido aumentando, ya somos ocho frente a 42 hombres, algo que todavía está muy lejos de la paridad, pero hay que conseguirla poco a poco, no se puede lograr de la noche a la mañana. No podemos quitarnos de un plumazo a los hombres. Hay una mentalidad en general entre los académicos para que las mujeres vayan incorporándose a la RAE.

-¿No le gustan las cuotas en ningún ámbito?

-A mí no me gustan las cuotas, quiero que no haya discriminación negativa, y la única cuota que me parece razonable es en los jurados, en los tribunales, ahí me parece bien, para que cuando se juzga a los candidatos se escuchen voces de hombres y de mujeres.

-¿Cómo vive entonces todo el movimiento feminista? ¿La huelga del 8 de marzo?

-No soy de huelgas, yo nunca he hecho huelgas, pero respeto absolutamente la decisión de otras personas.

-¿Pero no la comparte?

-Que haya una ley que exija que en un consejo de administración tenga que haber necesariamente mujeres no me parece razonable. Esto hay que metérselo a la sociedad por convencimiento no por ley.

Más información

-¿El lenguaje inclusivo?

-Me parece una exageración. Hay planteamientos que sí pueden ser razonables, pero no se puede llegar a situaciones absurdas, como estar usando continuamente masculino y femenino. Me parece bien iniciar un discurso con 'señoras y señores', pero el 'niños y niñas', 'hombres y mujeres', de manera continua, no.

-Vive en Madrid, vivió en Estados Unidos. ¿Asturias está muy lejos o muy cerca?

-Es mi patria querida, siempre la llevo en mi corazón, me encanta Asturias, su gente, disfruto mucho cuando voy.

-¿Cómo ve Asturias?

-Hace poco estuve en Oviedo en la inauguración de una plaza que lleva mi nombre, estuve visitando el Instituto de Investigación Sanitaria del Principado, que me pareció excelente, conocí el hospital, que me parece fabuloso, se están haciendo progresos importantes, pero hay que seguir apoyando la investigación.

-¿Se siente profeta en su tierra?

-No creo que sea profeta en mi tierra, aunque sé que se me quiere. Pero tengo una espina clavada, que es el Premio Princesa de Asturias, creo que me lo merezco y que nunca me lo han querido dar. -Todavía hay tiempo.

-Sí. Nunca es tarde.