Investigadores asturianos participan en la mejora del acelerador del CERN

Investigadores asturianos participan en la mejora del acelerador del CERN
En la primera fila, Bárbara Álvarez González (investigadora Ramón y Cajal), Santiago Folgueras (profesor contratado), Juan Rodrigo González Fernández (doctorando, contratado FPI), Pietro Vischia (investigador contratado) y Sergio Sánchez Cruz (doctorando, Contratado Severo Ochoa). Detrás, Enrique Palencia Cortezón (investigador Ramón y Cajal), Isidro González Caballero (profesor titular), Javier Cuevas Maestro (catedrático), Javier Fernández Menéndez (profesor titular) y Carlos Erice Cid (doctorando, contratado FPU).

El equipo que coordina Isidro González Caballero trabaja en la adaptación de uno de los detectores de colisiones a la segunda fase del proyecto, que se activará en 2026

MIGUEL ROJO GIJÓN.

Once investigadores de la Universidad de Oviedo trabajan ya para adaptar uno de los medidores del Gran Colisionador de Adrones (LHC) que la Organización Europea para la Investigación Nuclear, el CERN, tiene en Ginebra (Suiza) y para el que se prepara ya en una sustancial mejora de cara a una segunda fase de trabajo que permitirá incrementar la capacidad del acelerador de partículas con mayor potencia del mundo hasta en diez veces. Una mejora que se prevé estará lista en 2026 y para la que todos los elementos y equipos que se utilizan deben estar preparados, con el objetivo de que 'resistan' las nuevas exigencias de los procesos que tendrán lugar a cien metros bajo tierra en una de las instalaciones científicas más avanzadas del mundo.

Ayer se celebraba una ceremonia en el CERN que marca el inicio del trabajo de ingeniería civil para este 'restyling' del LHC, cuyo objetivo es mejorar su rendimiento y aumentar la probabilidad de descubrir nuevos fenómenos de la física. La Universidad de Oviedo contribuye a la mejora de uno de los cuatro detectores del acelerador de partículas que se encargan del análisis de las colisiones, concretamente del detector más pesado, con casi «14.000 toneladas. Es un trabajo a muy largo plazo. Empezamos con ello hace un par de años y hemos logrado encontrar los recursos y el personal para poder contribuir a las mejoras previstas para el acelerador», explicaba Isidro González Caballero, coordinador de esta parte del trabajo. Su equipo trabaja con uno de los cuatro detectores de colisiones -en total, solo en este detector, son más de 3.000 personas de todos los países- y ya han obtenido en esta primera fase interesantes resultados y han realizado distintas publicaciones científicas. Ahora, se preparan para lo que viene. ¿Su tarea? «Caracterizar, estudiar y tratar de evitar el envejecimiento de las cámaras detectoras. Los detectores sufren porque se queman, pierden eficiencia al recibir más datos. Hay que adaptarse a las nuevas circunstancias sin que se quemen con el previsible aumento de radiación. Se va a cambiar la electrónica, las cámaras de muones también se van a tener que cambiar. Estamos viendo cómo es ese deterioro, tenemos una gran instalación en la que estamos bombardeando los detectores para ver cómo envejecen, cómo se estropean, cuánto podrán durar, y aplicando estrategias que minimicen, recuperen o eviten el deterioro», explica el científico asturiano.

¿Pero qué aplicaciones tendrán los avances que se puedan obtener? «Esa pregunta tiene una respuesta delicada, porque estamos explorando lo desconocido. Nuestro objetivo es entender la estructura de la materia a nivel fundamental, explicar cómo funciona la naturaleza. El siguiente objetivo es tratar de explicar la materia oscura, que ocupa la mayor parte del universo. Sabemos que está ahí, pero no sabemos qué es. Buscamos alguna partícula o algún mecanismo que lo explique. Tener más datos, en este nueva fase, nos permite acceder a fenómenos que, con lo que teníamos hasta ahora, no podíamos observar. Todo esto no tiene aún aplicaciones prácticas, pero estoy seguro de que las tendrá en el futuro».

«Eso sí, todas estas mejoras, en sí mismas, suponen el hallazgo de mejores componentes, son desarrollos que se pueden utilizar en muchos otros campos. El primero, las placas de silicio resistentes a la radiación que llevamos utilizando en toda esta primera fase, que se usan en las placas de los teléfonos móviles y se pueden utilizar en otros campos como la radioterapia. Hasta en arqueología: en las pirámides de Egipto se usaron cámaras de muones como las nuestras para buscar oquedades. Y funcionó», apunta.

De forma paralela, y bajo coordinación de Santiago Folgueras, los asturianos trabajan también en el 'trigger', que es «el sistema de filtro que diferencia las colisiones que son útiles para nosotros y desecha los sucesos que no nos interesan. Con las futuras mejoras y el aumento de colisiones, ese proceso será mucho más exigente, por lo que queremos mejorarlo también», explicaba González Caballero.

En cuanto a los posibles riesgos del propio acelerador y del trabajo que hacen en el CERN, los científicos son tranquilizadores. «El acelerador no tiene ningún riesgo desde el punto de vista ético: no tiene nada que ver con la energía nuclear ni hay riesgo de que generemos agujeros negros, como se llegó a decir. Esto está cien metros bajo tierra e incluso aunque hubiese un accidente el mayor problema es para el desarrollo de la investigación, pero no corren riesgos específicos ni siquiera las personas que trabajan en el laboratorio que está encima», aclara.

Y es que la legislación de seguridad es muy exigente, «tienen que cumplirse todos los protocolos internacionales y de todos los países participantes». Y, además, explica el profesor asturiano, «trabajar allí es una maravilla, todos los compañeros dicen lo mismo. Tienes la sensación de hacer ciencia en la vanguardia, en las fronteras del conocimiento».

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