Hallan doce cuerpos y un anillo de oro en la fosa de Parasimón

A la izquierda, el forense Francisco Etxeberría (con gorra y chubasquero) dirige la exhumación individualizada y anotada de los cuerpos para su traslado al laboratorio. / J. M. PARDO
A la izquierda, el forense Francisco Etxeberría (con gorra y chubasquero) dirige la exhumación individualizada y anotada de los cuerpos para su traslado al laboratorio. / J. M. PARDO

El siguiente paso será cotejar las muestras de ADN de los huesos con las aportadas por los familiares de los republicanos ejecutados

PABLO A. MARÍN ESTRADA LENA.

«La muerte perderá su dominio/ cuando se descarnen los huesos/ y donde hubo codos y pies aparecerán estrellas». Son palabras de un poema de Dylan Thomas que la Asociación de Familiares y Amigos de la Fosa de Parasimón tiene colgado en su página web y que podría definir perfectamente la esperanza que albergan los seres queridos de los miles de desaparecidos que aún permanecen enterrados en las fosas sin excavar de toda España. El equipo de la Sociedad Aranzadi que dirige Francisco Etxeberría ha recuperado del olvido a decenas de estas víctimas y ayer, tras dos largas jornadas de trabajo en una ladera del alto de Pajares, lograba identificar y exhumar los restos de doce prisioneros republicanos fusilados en noviembre de 1937. Ninguno de ellos tiene nombre aún, pero entre los restos hallados en la segunda jornada de excavación aparecía algo similar a las estrellas del poema de Dylan Thomas: un anillo de oro con sello y unas iniciales grabadas en él, que tal vez podrían ayudar en la búsqueda de una de esas identidades desconocidas.

El anillo es solo una de las múltiples piezas rescatadas en Parasimón para lograr ir encajando el complejo rompecabezas de intentar poner nombre a cada uno de los doce cuerpos exhumados. Las iniciales contenidas en él podrían ser una U y una B o una V y una B. Una incógnita más o una posible pista para el laborioso proceso de identificación que solo podrá resolver el estudio de las muestras de ADN de los restos y su cotejo con las aportadas por familiares de los cerca de medio millar de desaparecidos en la posguerra que la Asociación por la Memoria de Aller calcula en su concejo. Todos los indicios apuntan a que la caravana de la muerte en la que fueron conducidas las víctimas de la fosa excavada pudo partir de Moreda. La cárcel habilitada por las tropas franquistas en esa localidad fue el último lugar donde se sabe que estuvo Luis Cienfuegos Suárez, el único de los fusilados en Parasimón identificado por un testigo presencial de los hechos.

En Moreda fue visto también por última vez, en las mismas fechas de esta 'saca', Ramón Lobo, un vecino de Nembra de 29 años y con tres hijos, del que nunca más se volvió a saber. Faustina Lobo, que entonces contaba con un año de edad, evocaba ayer al pie de la fosa el recuerdo transmitido por su tía paterna del día en el que «un vecino de puerta con puerta» fue a buscar a su padre cuando volvía de trabajar en la mina para llevarlo a declarar a Moreda.

«Ye solo pa comprobar unes coses», les dijo a sus familiares y, como detallaba Faustina, con lágrimas en los ojos, «aquel día nun vino a cenar. Nunca más supimos de él». La noticia de la excavación de Parasimón llevó a esta octogenaria fuerte y de hablar dulce a acercarse hasta allí, recorriendo el escarpado sendero de montaña, impulsada por la promesa que le hizo a su madre de «no morir sin encontralu». Su ADN será uno de los que se empleen en el cotejo con los restos exhumados ayer.

Luis y Toño Naves Cienfuegos, nietos de Luis Cienfuegos Suárez, manifestaban en el mismo lugar de los trabajos de excavación su confianza en que la difusión de la apertura de la fosa sirva para que otros familiares puedan aportar muestras destinadas al proceso de identificación en el laboratorio de Francisco Etxeberría. Ya cuentan con la voluntad de la Asociación por la Memoria de Aller de disponer de las muestras donadas hace unos años en la excavación de las fosas de Felechosa y Caballeros. Será un proceso lento y costoso en el que desearían recibir el apoyo de las administraciones. Poner nombre y devolver a los suyos los restos de estos doce hombres sería la verdadera estrella de los versos de Dylan Thomas.