Cinco horas no aptas para médicos en ejercicio

Alumnos en la Facultad de Derecho, con las botellas de agua, cantimploras, pañuelos, bebidas isotónicas, zumos y chocolatinas listas para enfrentarse a los test. /
Alumnos en la Facultad de Derecho, con las botellas de agua, cantimploras, pañuelos, bebidas isotónicas, zumos y chocolatinas listas para enfrentarse a los test.

2.090 estudiantes afrontaron ayer las 235 preguntas del examen del MIR y del resto de especialidades sanitarias

RAMÓN MUÑIZ

Iba de incógnito, divertido, observando y recordando. Alejandro Braña, presidente del Colegio de Médicos de Asturias, paseaba ayer entre los jóvenes que -si la nota se lo permite- cogerán el relevo de los suyos, harán las analíticas, los test de personalidad, las recetas que curen mañana. Por las facultades de Economía y Derecho templaban sus nervios 1.323 aspirantes a médico interno residente (MIR), 602 que optan a especializarse en medicina, y 110 futuros psicólogos. Unidos a los farmacéuticos, químicos y radiofísicos, componían un crisol de 2.090 ilusiones sometidas a prueba. Por delante, 235 preguntas tipo test, un Gólgota de cruces a sufrir en un máximo de cinco horas y con el único apoyo, ya lo ven en la foto, de todas las bebidas isotónicas, zumos, aguas, chocolatinas y pañuelos de papel que hubieran previsto. Son su último compañero tras meses de memorizar 44 libros de la mañana a la noche.

«La verdad es que un médico de los que está ejerciendo hoy en día esto de hoy difícilmente te lo aprueba», reconocía Braña. «La medicina ha evolucionado mucho y hay profesionales no acostumbrados a los test; nos pasaría como a los conductores. ¿Cuántos hoy superarían un teórico por muy bien que lo hagan al volante?». El presidente del colegio consideró que a esta prueba «quizás habría que darle una vuelta», que hay capacidades de los jóvenes que el examen no calibra. Eso y que él ayer no hablaba en nombre de la profesión. «Estoy aquí por mi hijo Ignacio, que quiere hacer algo quirúrgico», reconocía.

El sucesor jugaba en minoría. La fama que tiene la región provoca que el 94% de los aspirantes traigan acentos de otra parte. «Nos dijeron que aquí la preparación es más exigente a la hora de prepararte, que en otros sitios el alumno es más autónomo», justifica Silvia Siverio. Es consciente de lo que suponen sus palabras. «Está claro que para trabajar necesitamos un poco de presión», admite.

Una reserva estudiantil

En otros casos Asturias no fue tanto el destino como la huida. Le ha pasado a Miguel Gutiérrez, que llegó procurando distanciarse de Madrid: «Entendí que tenía que alejarme de mis amigos, no son buenas compañías para ponerte a estudiar». Entró en el aula aparentemente tranquilo («es un poco fachada», aclara), y salda su experiencia asturiana satisfecho. «Son todo ventajas porque aquí estudias más y al ser la ciudad más pequeña pierdes menos tiempo en transportes», abunda, revelando una de las obsesiones de los últimos meses: el tiempo. «Para mí han sido doce horas al día, seis días a la semana», calculaba el sevillano José María García, uno de los 18 químicos. ¿Al séptimo día descansó? «Bueno, cocinaba, limpiaba la casa y hacía compras, así que no sé muy bien qué decirte».

De entre los facultativos, abundaban los del Curso Intensivo MIR Asturias, la academia privada que ha llegado a formar al 15% de los aspirantes del país. Su hacer es clave para que la región repita ese pequeño milagro que supone superar siempre el 90% de aprobados. Además de la constancia, las notas reflejarán el valor de los consejos que todos llevaban en la mochila. «El mejor que recibí es pensar que si es difícil para mí, también lo es para los demás», afirmaba Juan Torre. «Yo prefiero pensar que lo difícil era tener el título y eso ya lo hemos logrado», tercia la albaceteña Marian Relucia. «Hay que estar tranquilo con uno mismo, orgulloso de lo que has hecho y ser realista», insta el gaditado Juan Ramón Domínguez; es su segunda vez y ahí a lo que se refiere es a que «la suerte cuenta, puede ser entre un 15 y un 20% como poco».

«Esto es duro para ellos, pero también para los que tenemos que tranquilizarles en sus altibajos», reivindican Miguel Facal y Pilar Domato, llegados desde Pontevedra para prestar apoyo moral. «Además, no hay ayudas y cuesta su dinero», agregan Jesús Fernández y Ana Malvar, padres de otra aspirante gallega.

La suerte se disputaba en las aulas de Derecho y Económicas y en el resto del país. El Ministerio de Sanidad preparó iguales exámenes para los 33.758 aspirantes convocados a la misma hora, en todo el país. Para la nota, habrá que esperar pero de momento, anoche, lo que tocaba eran globos y confeti a la puerta del aula. Eso y pasear por la ciudad mirándola, ahora, con ojos bien distintos.