Los europeos, cada día más tontos

Algunos expertos atribuyen a la excesiva dependencia del móvil el descenso en el cociente intelectual de los europeos. /R. C
Algunos expertos atribuyen a la excesiva dependencia del móvil el descenso en el cociente intelectual de los europeos. / R. C

Varios estudios demuestran que el cociente intelectual de los europeos está cayendo. Las razones no están claras

I. CUESTA

Décadas creyendo que nunca la Humanidad había andado más lista, para terminar descubriendo que, lejos de rozar la excelencia intelectual, resulta que cada día somos más tontos. Eso es, al menos, lo que asegura el investigador Evan Horowitz en un artículo publicado recientemente por 'NBC News'. «Europa es el hogar de un grupo de economías desarrolladas que impulsan algunos de los estándares de vida más altos del mundo, pero todo eso podría cambiar en un futuro inmediato. La puntuación de Cociente Intelectual (CI) de los ciudadanos de países como Francia, Escandinavia, Alemania o Gran Bretaña está comenzando a disminuir», alerta Horowitz.

El investigador y periodista está convencido de que una crisis de inteligencia dinamitará nuestra capacidad de resolución de problemas y debilitará las perspectivas de la economía global. Y, aunque algunos puedan creer que eso es ponerse demasiado tremendista, él insiste en que, de seguir así, el desastre acecha a la vuelta de la esquina.

Partiendo de la base de que el CI medio en España asciende a 97, no todos podemos aspirar al de Ashton Kutcher, con 160, o al de Meryl Streep, 143. Vaya por delante que los tres dígitos no tienen por qué estar relacionados con las posibilidades de éxito profesional o personal. Sin embargo, en términos generales, los expertos coinciden en que el promedio del cociente intelectual de un país está directamente relacionado con su desarrollo económico y la innovación científica.

Horowitz mantiene que el hecho de que la estimación de la inteligencia esté a la baja no solo augura nuevos éxitos del 'reality' de las Kardashian, sino que certifica el principio del fin del progreso en muchos ámbitos. En otras palabras, que habrá menos avances científicos y más economías estancadas. «Décadas de investigación han demostrado que los índices individuales de CI predicen cosas como el rendimiento educativo y la longevidad. En términos más globales, el nivel promedio de CI de un país está vinculado a la innovación», explica. Reconoce, no obstante, que es complicado manejar datos fiables al respecto; en parte porque no todos los países se han preocupado de analizar el asunto con la seriedad requerida, y en parte porque los que sí lo hacen se pusieron a ello hace demasiado poco tiempo para tener resultados concluyentes.

Según parece, el grado de inteligencia de noruegos y daneses está menguando, como reflejan unas pruebas que desde hace décadas se realiza a los reclutas del Ejército en ambos países. La información sobre Francia se basa en una muestra más pequeña y en una prueba diferente, pero las conclusiones de cualquiera de ellas son exactamente las mismas, e igualmente descorazonadoras: a comienzos del siglo XXI, muchas de las naciones económicamente más avanzadas comenzaron a experimentar algún tipo de disminución en la capacidad intelectual de sus súbditos.

Móviles y trabajo repetitivo

En un mundo en el que todo es terriblemente inteligente –ciudades, teléfonos, coches, viviendas...– va a ser difícil encajar que las personas hacemos el camino inverso. Especialmente cuando, durante siglos, el aumento del CI parecía ser una clara evidencia de progreso social, una prueba palpable de que la humanidad avanzaba hacia la perfección e incluso podría ser capaz de aumentar su capacidad intelectual de forma indefinida.

A ese camino hacia la excelencia supina los académicos lo llamaron 'efecto Flynn', en homenaje a J.R. Flynn, un científico que acreditó la escalada continua, año tras año, de las puntuaciones de cociente intelectual en la mayor parte del mundo. De hecho, una serie de investigaciones realizadas en Reino Unido desde 1938 hasta 2008 estimaron la tasa de crecimiento en torno a 2 ó 3 puntos de CI por década. Pues bien, el propio Flynn admite ahora que esto ya no es así. «Los aumentos del cociente intelectual del siglo XX se han detenido», ha sentenciado el investigador neozelandés, cerrando la puerta al consuelo.

Dicho esto, solo queda pensar en las causas por si hay manera de remediar el desastre. Pues bien, va a ser complicado. Algunas investigaciones apuntan al hecho de que la llegada a países con un cociente intelectual medio alto de inmigrante menos formados ha dinamitado los puentes que los llevaban a ser cada día más espabilados. Pero también hay quienes apuestan por otras explicaciones. Unos señalan a los teléfonos inteligentes, otros apuntan a los trabajos repetitivos y mentalmente poco estimulantes, o incluso al calentamiento global, que ha modificado nuestra dieta. Pero nadie lo tienen muy claro. Lo único que parece incontestable es que, o espabilamos, o en el futuro los tontos se contarán por millones.