Las mujeres siguen llevando el peso del hogar
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En Asturias, los números retratan la desigualdad silenciosa que aún soportan muchas mujeres. La igualdad formal avanza, pero la realidad cotidiana sigue penalizando a las mujeres que cuidan. Es una realidad persistente: son ellas quienes asumen mayoritariamente el peso de los cuidados y del hogar y, por ende, son ellas las que, en mayor medida, renuncian a su desarrollo profesional y laboral. A su autonomía. Las encuestas y estadísticas revelan que las tareas del hogar y de los cuidados no remunerados siguen recayendo de forma desproporcionada sobre las mujeres.
El número de mujeres que se ocupa en exclusiva del cuidado de sus hijos menores quintuplica al de hombres
Tanto en los trabajos domésticos –limpiar, hacer la compra, cocinar o planchar– como en el cuidado directo de familiares dependientes, ellas declaran una responsabilidad mucho más alta que los hombres. En concreto, cuando se trata de cuidar de niños, mayores o personas con discapacidad, las mujeres reconocen encargarse «en solitario» de estas tareas en porcentajes que doblan los de los hombres:un 58% frente a un 26%. Eso, en conjunto. Pero si el foco se pone exclusivamente en el cuidado de menores, ahí la brecha se agranda considerablemente: el porcentaje de mujeres que se ocupan en solitario de esa tarea es 5,4 veces superior al de los hombres.
Un dato a tener en cuenta en este sentido es que, en Asturias, apenas llega al 30% el porcentaje de menores de tres años escolarizados. Estamos a la cola del resto de comunidades. País Vasco, a la cabeza, nos dobla. Y es un dato relevante porque la escolarización a esas edades es un elemento facilitador de la conciliación familiar. Si no se da es porque algún miembro de la familia se está ocupando de esos cuidados y, como indican los datos, quienes lo hacen en mayor proporción, son las madres. A costa de su carrera profesional.
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Más horas y más años
Las mujeres no solo tienen más peso en los trabajos de cuidados, también le dedican más tiempo. Tanto en intensidad, en las horas que dedican cada día a estas tareas –una media de 2,8 horas diarias, frente a las 1,8 horas de los hombres–, como en extensión, esto es, los años de dedicación.
Asumir las cargas del cuidado del hogar y la familia tiene consecuencias también físicas y psicológicas
Este desequilibrio tiene consecuencias profundas. Muchas mujeres se ven obligadas a abandonar su empleo para asumir responsabilidades familiares: en la región, la Encuesta de Población Activa (EPA) revela que entre los años 2007 y 2024, hubo un promedio anual de 2.400 mujeres que dejaron su trabajo por cuidar a menores, mayores o personas dependientes o por alguna otra obligación familiar o personal.
Ese sacrificio extra reduce su participación en el mercado laboral: según datos del Instituto Nacional de Estadística, relativos al año 2024, en Asturias 76.400 mujeres –tres de cada cuatro desempleadas– declararon que la principal causa de su inactividad laboral era tener que dedicarse a las labores del hogar, frente a solo 9.100 hombres. Eso representa un 76,4% de féminas en esa situación. Es lo mismo que ocurre en el conjunto de España, con una diferencia: en Asturias ocurre con mayor frecuencia. En la comparativa entre mujeres y hombres que renuncian a trabajar fuera de casa por tener que ocuparse de las labores del hogar, las asturianas multiplican en 6,3 veces a los asturianos. En España ese multiplicador es cinco veces.
Todo tiene un precio
El precio de asumir esa carga no es solo profesional, también es físico y emocional. En la IV Encuesta de Salud de Asturias se detectan síntomas muy superiores en mujeres cuidadoras: el cansancio afecta al 42%, más del doble que a los hombres; también tienen más problemas para conciliar el sueño, sufren más dolores de espalda, depresión, estrés y tristeza. Es una carga invisible que pasa factura día tras día y que explica en buena medida por qué casi el 25% toma tranquilizantes y cerca del 20% antidepresivos y pastillas para dormir. El peso de esa carga se aprecia también en el escaso tiempo libre o tiempo de descanso que estas tareas les deja. La misma Encuesta de Salud de Asturias refleja que el tres de cada cuatro mujeres no disponen nunca ni de una hora al día de tiempo propio.
De media, la retribución laboral anual de las asturianas está 6.225 euros por debajo de la de los asturianos
Y no todo queda en casa: cuando las mujeres solicitan medidas de conciliación laboral, siguen siendo mayoría. Solo un 10% de las excedencias para cuidar niños fueron pedidas por hombres en 2022. Dicho de otra manera, de cada diez excedencias para el cuidado de menores que se aprobaron en Asturias ese año, nueve las habían solicitado mujeres. Y en el caso de excedencias para el cuidado de otros familiares, ocho de cada diez. El reto está en traducir las políticas en corresponsabilidad real, en redistribuir el tiempo, y el descanso, para que el cuidado no sea una carga, sino una responsabilidad compartida.
Brecha salarial
Otro dato revelador es el porcentaje de mujeres que, estando trabajando, lo hacen a tiempo parcial. Ellas acaparan el 73,6% del total de este tipo de contratos existentes en la región.
Todos estos son los cimientos de otras dos realidades:las dificultades para llegar a cargos directivos –solo un 13,8% están ocupados por mujeres) y la aún enorme brecha salarial. Porque sí, sigue existiendo. Se traduce en que, por cada hora trabajada, una asturiana cobra, de media, dos euros menos que un asturiano. Y así, al cabo del año, el salario medio anual de una mujer en el Principado se sitúa 6.225 euros por debajo del de un hombre.
La Encuesta Anual de Estructura Salarial del INE permite hacerse una idea de cómo está la situación en Asturias en comparación con el resto del país. Se podría resumir en que las asturianas ganan menos que el promedio de las españolas (783 euros anuales menos), pero que no ocurre lo mismo con los asturianos. Ellos mejoran el salario medio nacional: perciben 661 euros más al año.
Tres de cada cuatro mujeres de la región no disponen nunca ni de una hora de tiempo para ellas mismas al día
Y año a año hay otra realidad que tampoco cambia y es que, en Asturias, la pobreza sigue teniendo mayoritariamente rostro de mujer. Lo ratifica nuevamente el informe Arope: de las 157.000 personas que viven en situación de pobreza en nuestra región, 91.000, un 58%, son mujeres. Cuando, además, estas están solas con menores a su cargo, la situación empeora.
El último censo de población indica que, a 1 de enero de 2025, había en Asturias 1.009.589 personas, de las que el 52% son mujeres (y, de ellas, un 6,1% extranjeras). Mujeres que, en un 76% de los casos de las que tienen entre 25 y 64 años cuentan con estudios de Secundaria o superiores.
El Principado sigue siendo la comunidad autónoma con la segunda menor tasa de fecundidad del país, con 23,9 nacidos por cada mil mujeres en edad reproductiva. Pero es una de las regiones con una de las mayores esperanzas de vida: 85,7 años (en promedio, las mujeres nacidas en Asturias en 2023 vivirán 5,4 años más que los hombres). Si se tienen en cuenta los años de vida en los que se disfruta de una buena salud, esto es, sin limitaciones funcionales o discapacidades, el valor medio se reduce hasta los 79,9 años.