La mentira del macho alfa

La mentira del macho alfa

Los estudios iniciales que hablaban de la existencia de animales que se imponían a la manada se han demostrado erróneos

MAURICIO-JOSÉ SCHWARZ

Con frecuencia, la cultura popular se apropia torpemente de conceptos de la ciencia, los presenta de manera caprichosa y luego se niega a aceptar los avances de investigaciones que matizan o incluso anulan conclusiones previas. Tal es el caso del mito del lobo alfa.

La única forma de estudiar la conducta animal es observarla y luego intentar interpretarla de manera razonable, coherente con el resto del conocimiento y sin especular en exceso ni antropomorfizar (atribuirle características y emociones humanas al comportamiento animal). La disciplina que lo hace, la Etología, es la única ciencia de la conducta que ha conseguido un premio Nobel de Medicina o Fisiología, el de 1973, por los descubrimientos de Karl Von Frisch (que descodificó la danza de las abejas), Nikolaas Tinbergen (descubridor de los estímulos supernormales) y Konrad Lorenz (descubridor del mecanismo de impronta en aves). Pero el procedimiento tiene sus riesgos y, por tanto, todos los descubrimientos deben reconfirmarse una y otra vez.

En 1947, el etólogo Rudolph Schenkel publicó el libro 'Estudios sobre las expresiones de los lobos', resultado de sus trabajos desde la década de 1930 sobre las relaciones sociales en dos grupos de lobos que vivían en el zoológico de Basilea, en Suiza. Entre sus conclusiones, Schenkel estableció que en una manada de lobos había dos principales, el macho líder y la hembra líder, a los que llamó 'los primeros en el grupo de la manada', además de documentar las 'violentas rivalidades' entre los miembros individuales de la manada. Decía que los dos líderes formaban una pareja que dominaba al resto de la manada controlando y reprimiendo la competencia. Haciendo comparaciones con anécdotas sobre los perros domésticos, Schenkel propuso que los perros eran iguales y que, en las familias donde vivían, sus amos cumplían el papel de 'macho o hembra alfa'.

El animal superior

Varios estudios más dieron resultados similares, pero el más exitoso y el que más se incrustó en la percepción popular fue 'El lobo: ecología y comportamiento de una especie amenazada', de L. David Mech, publicado en 1970.

Mech pasó muchos años en la década de los sesenta estudiando a los lobos del Parque Nacional Isle Royale de Michigan y su estudio repetía la idea de que había una jerarquía competitiva en las manadas de lobos dominadas por lobos alfa dominantes.

Aunque la idea de un macho alfa dominante ya se había manejado al analizar las jerarquías de otros grupos de animales, como los gorilas y los chimpancés, la imagen icónica de un lobo superior se incrustó en la cultura popular y el libro académico de Mech se reeditó masivamente en 1981. Si los darwinistas sociales malinterpretaron las conclusiones de Darwin pensando que defendía 'la supervivencia del más fuerte' y no 'del más apto o más adaptable', elaboraron teorías sociales lamentables que influyeron en barbaridades como la eugenesia y visiones racistas como la del nazismo, los 'machoalfistas' tomaron la idea de Schenkel y Mech y la pretendieron trasladar a la experiencia humana extralógicamente, inaugurando incluso industrias como la del ligue o seducción de la mujer mediante 'cursos' destinados a enseñarles a los donjuanes en potencia cómo mostrarse 'dominantes' para que las mujeres, convencidas de que estaban ante un verdadero 'macho alfa', cayeran rendidas a sus pies. El sistema, sobra decirlo, no funciona.

Pero, además de la mala interpretación de los medios no especializados, había otro problema: los estudios en sí eran imprecisos. Tenían un problema fundamental: las condiciones en las que vivían los lobos estudiados por Schenkel y Mech eran totalmente artificiales, con lobos procedentes de diversos lugares obligados a vivir juntos en el limitado espacio de un zoológico. La jerarquía social que se había desarrollado en el zoo era distinta de la que existía en las condiciones normales de vida de los lobos. Y esto lo descubrió el propio L. David Mech.

Ya con su doctorado y especializado en el tema, Mech procedió a estudiar lobos en estado salvaje y lo que descubrió es que no había las manadas que se formaban en el zoo. Los lobos vivían en familias: padre, madre y sus cachorros. No es que hubiera una jerarquía por la que luchaban los lobos, ninguno nacía con 'más aptitudes' para ser líder; simplemente los líderes del grupo son el padre y la madre, y sus crías siguen su liderazgo como lo hacen todas las especies, sociales o no, sin que se presente la competencia por ver quién es dominante.

En 1999, Mech publicó el artículo 'Condición alfa, dominación y división del trabajo en manadas de lobos', donde específicamente rechaza las conclusiones que había derivado de su estudio de lobos en cautiverio y concretamente la idea del 'lobo alfa'. Ese texto marca el inicio del estudio moderno de las manadas de lobos acercándonos a una comprensión más clara de la vida social de estos animales. Una de las características de la ciencia es que puede predecir acontecimientos o descubrimientos futuros, y así como los estudios de lobos en cautiverio no predecían cómo se comportarían en estado salvaje, los nuevos trabajos de Merch y otros investigadores han predicho cómo se comportará cualquier manada que encontremos. Son datos sólidos en el mecanismo normal de la ciencia: actualizar las conclusiones a medida que se dispone de más datos.

El concepto de 'macho alfa' procede de la primatología, especialmente el estudio de chimpancés y gorilas. Pero aún en ese terreno debe matizarse enormemente. No siempre el macho dominante es el que se reproduce, y los actos de generosidad, solidaridad y conservación de la paz entre chimpancés pueden aumentar su jerarquía sin que tengan que exhibir dominación ni comportarse como unos abusones, cosa que subrayan etólogos como Frans de Waal, cuyos estudios sobre chimpancés igualmente han sido objeto de interpretaciones caprichosas y trasladado a la vida humana de modo igualmente impreciso. El macho o hembra alfa entre los chimpancés y gorilas puede ser el miembro que más contribuya al bienestar del grupo y no el matón insoportable y violento. De hecho, quizás los exaltadores del concepto deberían tener en cuenta la observación de la profesora de Antropología Jill Pruetz, que en 2017 documentó y filmó cómo una banda de chimpancés se levantaba contra un tirano brutal, lo mataba y luego destrozaba y comía su cadáver.

Las revoluciones así siempre son brutales.