«Me gusta llenar el vacío con música»

Gabriel Ordás Fernández, ante la Catedral de Oviedo, con sus partituras. / PABLO LORENZANA
Gabriel Ordás Fernández, ante la Catedral de Oviedo, con sus partituras. / PABLO LORENZANA

El Coro y la Orquesta de la Universidad interpretarán la obra de este compositor y virtuoso del violín y el piano

JESSICA M. PUGA OVIEDO.

El niño que con un año bailaba al son de la 'Obertura de Guillermo Tell', de Rossini, y que con dos lloró amargamente al escuchar 'Adagio en Sol m', de Albinoni, acaba de cumplir la mayoría de edad. La vida de Gabriel Ordás Fernández (1999, Oviedo) siempre ha estado ligada a la música: a los seis años empezó a estudiar violín, a los 13 sumó piano, instrumento que llevaba manejando de forma autodidacta desde los tres, y, por si esto fuera poco, también compone. Esta misma tarde, a las 20 horas, el Coro y la Orquesta de la Universidad de Oviedo, bajo las batutas de Pedro Ordieres y Joaquín Valdeón, estrenan una obra en la Catedral de Oviedo que lleva su firma, 'Stabat Mater speciosa'.

«Al cumplir los siete años, mi padre me regaló una libreta y ver en blanco los pentagramas me dio pena, así que comencé a rellenarlos de lo que fuera», cuenta. ¿Por qué? «Por la pulsión de rellenar el vacío con música, me gusta. Con ella se pueden lograr muchísimas cosas, puesto que su fin es llegar al oyente y removerlo», explica el joven, considerado todo un virtuoso, aunque él diga que falla «muchas notas como para serlo». «Las altas expectativas no me generan tanta presión como motivación», reconoce, al tiempo que agradece vivir en una ciudad que respira música clásica, rodeado de un público que valora y entiende el género y poder contar con profesores que han hecho posible que hoy esté ultimando otra composición, esta vez para la OSPA. «He tenido la suerte de tener a maestros de la talla de Pogosova, Chistyakov o Fernando Agüeria. Este último me ha enseñado el oficio de la composición y me ha ido guiando en las diferentes obra que he escrito hasta el momento», cuenta Ordás, quien necesita días de más horas para poder dejar algo de tiempo al descanso.

Si tuviera que elegir entre el violín, el piano y la composición, le sería imposible. «Si bien el piano lo empecé como un apoyo a la composición, ya ha pasado a formar parte de mi lenguaje y del violín qué voy a decir. Llevo con él desde los seis años, así que es una parte más de mí», confiesa.

Gabriel Ordás espera con ganas el concierto de hoy en la Catedral, en el que casi cien músicos se darán cita en el altar. Primero, la sección de cuerdas interpretará un concerto grosso de Haendel. Después, toda la orquesta sinfónica, con órgano y una gran percusión, y un coro de 40 personas interpretarán el estreno del joven ovetense. Finalmente, se repondrán dos obras de Guillermo Martínez. En total, en torno a una hora de música navideña. El texto elegido por Ordás, quien solo recibió como condición que fuera en latín y sacro, vuelve a poner de manifiesto el precoz gusto del joven por la música clásica. «Este va en conjunción con una secuencia anterior, 'Stabat Mater dolorosa', propia de Semana Santa, que me tiene encandilado desde que la descubrí siendo un niño», explica, quien solo le pide al nuevo año que sea tan bueno como lo ha sido 2017. Por lo pronto, los días 22 y 23 de febrero, la OSPA tocará la que será su próxima composición, 'Onírico'. Lo hará en Avilés y Oviedo bajo la dirección de su titular, Rossen Milanov.

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