Una heroína surge de los escombros de La Manada

Una heroína surge de los escombros de La Manada
Efe

El fallo del Supremo pone de relieve los errores de los jueces de Navarra y premia a la víctima, que nunca se rindió

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

Las sentencias de abuso sexual contra La Manada emitidas por las dos instancias judiciales de Navarra contenían cuatro errores, que no hubieran ocurrido de prestar atención a la jurisprudencia actual. «Incorrectas calificaciones jurídicas», en palabras de los jueces de la Sala Penal del Tribunal Supremo en el comunicado refrendado el mismo día de la sentencia definitiva, en cuanto al tipo y número de delitos.

No hubo abuso sexual, sino violación, por existir un escenario intimidatorio y carecer de consentimiento por parte de la mujer. Tampoco hubo un único delito continuado, sino al menos diez agresiones. El tercer error es no determinar dos «agravantes específicas»: trato vejatorio y «actuación conjunta de dos o más personas». El último gazapo tanto de la Audiencia Provincial como del Tribunal Superior de Justicia navarros se cometió sobre la calificación del delito de sustracción del móvil de la víctima. No fue hurto, sino robo con intimidación.

«Las consecuencias de este fallo serán importantes en diferentes ámbitos», considera Arantxa Elizondo, profesora del Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad del País Vasco. «En el ámbito judicial facilitará una más adecuada interpretación de la actitud de la víctima en casos de agresión sexual, sin que sea necesario que haya habido una resistencia arriesgada para su propia integridad.

«Esta sentencia es pedagógica porque advierte sobre lo que les sucede a los violadores»

En el ámbito político, el fallo y su impacto mediático pueden contribuir a que se impulse la modificación del Código Penal, agilizando las propuestas realizadas por personas expertas sobre los delitos de agresión sexual». Sin embargo, el Tribunal Supremo no sienta una nueva jurisdicción con la resolución de este recurso de casación 396/2019: ya existen «reiterados precedentes», advierten los magistrados, para sostener estos argumentos.

En el fragor de la celebración por la sentencia de 15 años de prisión -el máximo legal para agresión sexual con dos agravantes-, indemnización de 100.000 euros, ocho años de libertad vigilada y orden de alejamiento durante 20 años, el movimiento feminista no baja la guardia. Al contrario. «Nos sentimos satisfechas con este fallo, pero no contentas, porque desde 2016 ha habido 89 violaciones múltiples y es la punta del iceberg», advierte Henar Sastre, portavoz del Fórum Feminista de Madrid.

«Esta sentencia es un aviso a navegantes. Es pedagógica porque advierte sobre lo que les sucede a los violadores. Hasta ahora ellos estaban en la calle, con el mensaje de que aquí no pasa nada. Y sí que pasa. También lanza un mensaje a las mujeres. Nos dice que nuestra lucha ha servido de algo. Para los movimientos sociales es duro no tener resultados».

Duras consecuencias

Hay un tercer factor que afecta al inconsciente colectivo y al clima social. La sensación de triunfo, aunque no definitivo, del movimiento feminista y su nueva heroína, una joven que ahora tiene 21 años y que se negó a abandonar la denuncia de la violación sufrida a los 18. «Hay que aplaudir la resistencia de la víctima», confirma Sastre. «No todas las mujeres tienen la fuerza para asumir dos años de denuncias y juicios después del trauma de la violación. Ella ha sufrido todas las consecuencias que tiene denunciar, que son muy duras. Se hizo público el vídeo y su nombre».

Ella, la anónima mujer que vio cómo su nombre salía a la luz pública, primero por un error de la judicatura y después por una filtración malintencionada de los defensores de La Manada, «generó una reacción popular sin precedentes en España, que impulsó el #YoSíTeCreo y con ello contribuyó al auge del movimiento feminista», sentencia Elizondo. «En el ámbito social, el fallo está en línea con la percepción de que el caso era un ejemplo insoportable de una cruel injusticia hacia la víctima, quien, además de sufrir la brutal violación, ha tenido que padecer el enorme sufrimiento de verse juzgada y cuestionada desde instancias judiciales y, en menor medida, mediáticas».

Aunque la sentencia del Supremo no explicita ninguna interpretación nueva, deja una marca indeleble en los juzgados de instancias inferiores después de la llamada de atención que los magistrados del máximo tribunal hicieron a los que les precedieron en el caso de La Manada. «Tanto el proceso judicial como las sentencias anteriores y el fallo del Supremo marcarán sin duda un hito en la historia de los derechos de las mujeres en nuestro país», concluye Elizondo.

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