«La llingua de la ñeve»

«La llingua de la ñeve»

Notas sobre la reivindicación lingüística en Asturias

ALEJANDRO FERNÁNDEZ

«Escribimos na llingua de la ñeve,

palabres blanques que caen na tierra

y nada semen nella, alpenes son

un falagu húmedu nos sos llabios

secos,

un falagu namás y desfainse, bórrense»

Pablo Antón Marín Estrada (Sama de Llangreu, 1966)

Así, entre la nieve, ha venido sobreviviendo «pali que pali» la lengua asturiana. Como en el poema de Pablo Antón Marín Estrada, la lengua permaneció a esta parte de la cordillera entre la nieve y al calor de las lumbres, entre los fuegos de las cocinas de metal o los «balagares» que, como puntos, decoraban los campos, entre las redes de los marineros o los trabajos diarios de las mujeres asturianas, entre los altos hornos de las industrias pesadas. Lengua y paisaje, lengua y cultura popular. Lengua y sentimentalidad. Su transmisión, sin embargo, conllevó durante décadas una herencia familiar cargada de vergüenza. Su uso fuera del contexto intrafamiliar conllevaba en muchas ocasiones la reprobación del interlocutor. En las antiguas escuelas, por ejemplo, con el «hable bien» de los maestros o el castigo físico.

En un proceso iniciado ya hace siglos, pasó a constituir la lengua una distinción de clase, como apunta Ramón d'Andrés: «desde los siglos XIII y XIV comienza un lento proceso de introducción del castellano. Pero este proceso no afectó en principio a todo el cuerpo social, sino a la minoría de clases altas con acceso a la cultura y al poder […] estas clases adoptan el castellano como propio, mientras las clases populares siguen expresándose normalmente en el idioma de siempre. Así, el castellano toma un valor de signo de identidad clasista: en Asturias se convierte en la lengua del rico, del poderoso, del señor; el asturiano es la lengua del campesino, del trabajador, del marinero, del criado».

Falto desde siempre de apoyo institucional y político, casi cabe preguntarse como ha conseguido el asturiano llegar hasta nuestros días. Uno diría que lo hizo viajando, entre valle y valle, en el pico ligero de un «raitán». Hoy, como en los versos anteriores, corre el asturiano el riesgo más que real de desaparecer y sus hablantes nunca han visto reconocidos sus derechos. En el día de la lengua materna, repasamos y tomamos el pulso al movimiento por la recuperación lingüística en Asturias.

La lengua de Jovellanos

En varios de sus escritos plasmó nuestro ilustrado más reconocido su querencia por la lengua asturiana. Ideó varios proyectos para su estudio, su análisis y su desarrollo. Además del propósito de cultivarla, se destila de los escritos de Jovellanos un sentimiento afectivo hacia la lengua asturiana.

Así, «el dialecto asturiano que tratamos de recoger es la lengua viva de nuestro pueblo; todos le mamamos, por decirlo así, con la primera leche, va pasando de padres a hijos y se continúa así de generación en generación. ¿Quién no lo habló en su primera edad? ¿quién el que no lo habla todos los días con el criado, el labrador, el menestral? ¿quién, al fin, el que presente no se complace en ejercitarle, y ausente de su patria, en recordarle y oirle?» En estos términos se expresaba en sus escritos «Sobre el vocabulario del dialecto y el Diccionario Geográfico de Asturias», de 1801. Fue también Jovellanos el primero en proponer algo que, obviando algunos intentos más o menos relevantes, tardaría casi dos siglos en llegar de manera definitiva: la dotación para la lengua asturiana (denominada dialecto por entonces, al igual que el gallego o el catalán) de unas estructuras que permitieran su estudio y su desarrollo, esto es, la elaboración de una gramática, de un vocabulario, de unas normas ortográficas y, por último, de una Academia de las Letras Asturianas.

Al menos desde finales del siglo XVIII está presente en la vida de Jovellanos la idea de estudiar y analizar el bable, «mi dialecto natural». No obstante, señalaba ya por aquel entonces un proceso que no se ha detenido y del que se percató durante sus intentos de estudio: «en efecto, para hacerlas con fruto era necesario huir de las poblaciones agregadas, donde la residencia de la nobleza, alto clero y gente de letras, la concurrencia de forasteros y el uso más frecuente de la lengua castellana han corrompido el dialecto popular, desterrando de él muchas voces, admitiendo muchas puramente castellanas y alterando su pronunciación y aún su sintaxis». En esta «Carta interrumpida sobe el dialecto asturiano», intercambiada en 1791 con Francisco de Paula Caveda y Solares, añadía certeramente los orígenes del asturiano, que es «hijo legítimo de la sola lengua latina»

Atendió, por otra parte, a una cuestión que tras años y años de debate político (más que filológico), sigue generando polémica en la actualidad: «los distintos bables». Resolvía Jovellanos la cuestión de la siguiente manera: «la lengua de los vaqueiros es enteramente la misma que la de todo el pueblo de Asturias: las mismas palabras, la misma sintaxis y el mecanismo del dialecto general del país. Alguna diferencia en la pronunciación de tal o cual sílaba, algún otro modismo, frase o locución peculiar a ellos, son señales tan pequeñas que se pierden de vista en la inmesidad de una lengua»

No solo mostró Jovellanos su interés por el cuidado y el conocimiento de su lengua materna, sino que, pasados los años, volvió a utilizarla y a dejar constancia escrita de ello. Desde su exilio de Bellver, Jovellanos utilizó el asturiano en sus intercambios de cartas con Pedro Manuel Valdés-Llano. «Exercitar l'idioma» y eludir la vigilancia a la que se encontraba sometido serían los motivos principales.

Por ello, Jovellanos, que podría considerarse como el primer «asturianista», sentó las bases para otorgar al asturiano todas las herramientas que permitieran su conocimiento, su estudio, su promoción y su desarrollo. Tras el, en la Asturias decimonónica, vendrán más intentos.

Xosé Caveda y Nava

Merece la pena resaltar en estas modestas notas sobre la reivindicación lingüística asturiana (aunque este concepto sea más atribuible al movimiento moderno) el papel de Xosé Caveda y Nava (1796-1882), uno de los asturianos más ilustres y reconocidos en su propio tiempo. Hijo de Francisco de Paula Caveda y Solares, amigo e interlocutor de Jovellanos en varias de las cartas citadas, creció en un ambiente marcadamente asturianista. Destacado erudito, firmó obras en diversos campos del conocimiento, como la historia, la política o la literatura. En 1839 recopiló la la «Colección de Poesías en Dialecto Asturiano», hito fundamental en la historia de nuestra literatura al suponer el primer libro impreso con textos en asturiano. Resultó esta compilación de la suma de su propio trabajo y del de su padre y Jovellanos, que ya se habían propuesto realizar esa labor para su ideada Academia Asturiana. Frustrada esa creación, volverá sobre la idea el propio Xosé Caveda en 1824.

Conceyu Bable

A inicios de 1976 era Asturias, como otras partes del Estado, una región inmersa en un proceso de efervescencia política y democrática. Manifestaciones, revueltas y enfrentamientos entre policía y manifestantes marcaban todos los meses la agenda política asturiana. Una multitudianria marcha en favor de la amnistía inauguró el ciclo de movilizaciones de ese año y tras esta se sucedieron todo tipo de reivindicaciones en los meses posteriores. Las pancartas y lemas en favor del asturiano protagonizaron la segunda gran manifestación de la transición asturiana, que logró juntar a 7000 personas. Fue el 22 de junio en el Paseo de Begoña (Gijón) y estuvo presidida por pancartas ansiosas por la «Autonomía rexonal», la «Cultura y Llingua asturiana a la escuela» o la exigencia «Volvéi la llingua al pueblu». Sería la primera de muchas que vinieron reivindicando lo mismo con la hoy histórica proclama de «Bable nes escueles». Sin embargo no fue esta manifestación el principio del movimiento, sino más bien la puesta de largo del trabajo previamente hecho por la asociación Conceyu Bable, creada dos años antes.

Una entrevista en la revista «Asturias Semanal» a tres jóvenes profesores que en aquellos tiempos se estaban proponiendo «hacer algo, todo lo importante que se pueda, por la lengua asturiana», desató en cierta medida el posterior movimiento. Tras aquella entrevista, a la redacción de «Asturias Semanal» comenzaron a llegar cartas y escritos apoyando las ideas mostradas por estos tres jóvenes y animándolos a continuar con la labor. Ante este hecho, la revista decidió dar cabida a una sección en asturiano que llevaría por título «Conceyu Bable». Los jóvenes profesores eran Xosé Lluis García Arias, Lluis Xabel Álvarez y Xuan Xosé Sánchez Vicente, tres de los nombres más importantes para la reivindicación lingüistica desde entonces. En la primera aparición de la sección se mostraban los planteamientos de la recién nacida asociación: «hay muchos asturianos que quisieran ver el bable convertido en el habla habitual de todos los asturianos y que quisieran que nadie sintiera vergüenza de hablarlo en cualquier ocasión, como en otras regiones hacen con su dialecto o lengua».

Podríamos decir que, a partir de entonces, Conceyu Bable se ocupó de dos ejes cardinales: la promoción de la cultura asturiana, por un lado, y la agitación socio-política de carácter regionalista, por el otro. Más éxitos cosechó, sin duda, en el primero de ellos. Llegaron en estos años los primeros cursos de asturiano, se inauguran los intentos por volver a establecer la toponimia tradicional, se pide desde el principio la escolarización en ambas lenguas, se lleva a cabo una labor editorial considerable y, al calor de estas actividades, nace un nuevo movimiento literario que incorporó paulatinamente a toda una nueva generación de autores y autoras: el Surdimientu. En 1981, la creación de la Academia de la Llingua Asturiana supuso en cierta medida la culminación de la labor de Conceyu Bable y su práctica disolución. A partir de entonces, será la Academia la que recoja el testigo del estudio y la difusión de la lengua y la cultura asturianas, manteniendo esa labor hasta nuestros días.

El de la reivindicación lingüística en Asturias ha demostrado ser un movimiento progresivo y continuado y que ha tenido en el 2018 uno de sus años decisivos. Hoy, el movimiento «suaña», en una lengua que distingue el verbo -«na mio llingua/ estremamos/ el sueñu del suañu./ El primeru átanos al suelu/ ponnos piedres nos bolsos/ pa que nun nos mueyen/ les nubes cargaes./ El segundu llévanos a trescombrar/ los cumales inalcanzables/ con reblagos alegres» dejó escrito Pablo Texón-, con el horizonte de Oficialidad. Llega ya la primavera y con ella la anual manifestación por la Oficialidad de la lengua, fechada este 2019 para el 6 de abril.

Hecho el repaso solo cabe preguntarse, al modo de Berta Piñán en su «Lección de gramática», «¿cómo se diz na vuestra, na nuestra llingua, la palabra futuru?».