Princesitas, mesas de mármol y piano

Princesitas, mesas de mármol y piano
La confitería, en Jovellanos 1, en 1927. / CONSTANTINO SUÁREZ / MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS

La Playa vuelve hoy a Corrida a dos años del centenario de aquel local de estilo centroeuropeo inaugurado por Fabián y Ambrosia frente a San Lorenzo

RAFAEL SUÁREZ-MUÑIZ

A tan solo dos años de cumplir el siglo de vida, la confitería La Playa vuelve a su segunda ubicación. Reabrirá esta tarde, a las siete, para continuar endulzando los paladares de las generaciones venideras, no solo de los gijoneses sino de los asturianos. Fabián Castaño y su mujer Ambrosia García abrieron sus puertas un 21 de marzo de 1921, dos días después de la festividad de San José y del celebrado día del padre. En las páginas de este periódico ya se anunciaba allá por 1924 su elaboración estrella, su seña de identidad: las icónicas princesitas. Seguramente, con motivo de la visita del Príncipe de Asturias a la I Feria de Muestras.

La denominación no era algo azaroso. Su ubicación no podía ser mejor: el número 1 de la céntrica calle Jovellanos a la altura de la actual entrada del parking de Capua. Era un local inspirado en los cafés clásicos centroeuropeos con mesas de mármol y patas de madera. Además, contaba con piano, que era tocado por algunos miembros de la familia. La Playa fue protagonista de un entorno increíble: situada frente a la primera escalera central de la playa de San Lorenzo vio cómo se construyó la Escalerona (1933), tenía ante sí el establecimiento La Terraza unido al balneario La Favorita y las tiendas del aire -cubiertas-. Detrás se encontraba el convento de las Agustinas Recoletas; al este podía contemplar la cúpula del hermoso palacete de Alejandro Alvargonzález, y al oeste el mercado, el instituto y el teatro Jovellanos. También desde su mostrador fueron testigos, desgraciadamente, de las transformaciones de todo este entorno fruto del programa de derribos del gobierno republicano.

Diecisiete años después se produjo la mudanza de la confitería a la calle Corrida (n.º 89, actual 61) al edificio art déco al que ahora regresa, tras dos años esperando el fin de las obras de rehabilitación y recrecimiento del inmueble. Abrió sus puertas en Corrida el jueves 10 de marzo de 1938. En esta ubicación contó con salón de té hasta la década de los sesenta. Fabián Castaño recibió la Medalla al Mérito en el Trabajo el 24 de abril de 1957. Reconoce su gerente, Inés Villaverde, la cuarta generación, que en Libertad seguramente no gozaron «de la misma visibilidad» que en Corrida. El impulso y aire fresco que le ha dado su actual propietaria es innegable, razón inequívoca por la que ha obtenido el Premio a la Mejor Confitería de Asturias.

Con su tradicional costumbre del día de Reyes, freír chorizo y comerlo con pan todo el equipo, se despidieron de sus últimas navidades en la calle Libertad. Por fin, La Playa volverá a su histórica ubicación y lo hará con más fuerza que nunca, con sus princesitas y pastas de nuez en las minicasetas de colores; las yemas y empiñonados; el soufflé de fresa (1989); los tubos y tiestos con chantilly artesano; los buñuelos de nata y crema; el mejor hojaldre; la masa de los croissant y los mojís; los bizcochos de soletilla caseros; sus destacadas tartas -ahora venden más tipos en porciones-: de fresones y nata, la créme-nata, la genovesa o la capuchina, y las preparaciones navideñas: como los jugosos roscones glaseados y rellenos de pasta de almendra -de los mejores de España- o los polvorones de avellana. Una de sus recientes reincorporaciones han sido sus sándwiches con pan de molde casero, puro espectáculo, este no se pega al paladar.

También hay novedades. «Vamos a intentar recuperar algunas tartas y pasteles antiguos de nuestro libro de fórmulas adaptándolas a nuestros días», indica su gerente. Una reliquia de libro del siglo XIX por el que se sigue guiando Miguel Martín Consuegra, el jefe de obrador. El nuevo local, precisa, representa la esencia de La Playa, recupera la tipografía del rótulo de la primera confitería y algunas puertas antiguas.