«Me llamaron el consejero follonero, como a Varoufakis, y me acerco mucho a su manera de pensar»

Ramón Quirós, a la entrada del Calatrava, que alberga la Consejería de Sanidad./PABLO LORENZANA
Ramón Quirós, a la entrada del Calatrava, que alberga la Consejería de Sanidad. / PABLO LORENZANA

Ramón Quirós | Exconsejero de Salud

AZAHARA VILLACORTAGIJÓN.

El mes próximo cumplirá sesenta. Y lo hará como «un hombre feliz». ¿La receta? «Me lo curro todos los días con intensidad y, además, he tenido mucha suerte y una vida privilegiada». Separado y con dos hijos -la mayor es arquitecta y el menor trabaja como piloto de Ryanair-, de padre albañil y «familia humilde», Ramón Quirós, al que nacieron en Gijón pero criaron en El Entrego y residente en Oviedo, ha vuelto a su puesto de funcionario en la consejería que lideró con mano firme entre 2007 y 2011, durante la última legislatura Areces: la que gestiona la sanidad asturiana. Una etapa de confrontación en la que el Colegio de Médicos le declaró persona 'non grata' y en la que le acusaron de chulo, provocador y unas cuantas lindezas más que, como buen fajador, se echó a la espalda.

-¿De salud bien?

-Con pequeños achaques, porque se va notando el declive, pero doy gracias todos los días por estar vivo y por tener independencia.

-¿A qué se dedica?

-En el trabajo me dedico a contar el número de muertos, el número de cánceres en la población asturiana... Analizamos las tendencias, qué va a pasando, si suben, si bajan... Y a vivir, claro. Porque, afortunadamente, en el Principado tenemos mucha flexibilidad horaria y eso me permite hacer muchas cosas. Tenemos moscosos, canosos... A lo mejor trabajo seis semanas y descanso una.

-¿Y a qué conclusiones llegan?

-Por ejemplo, una es que hasta los 45 es muy difícil morirse en Asturias salvo que hagas alguna barbaridad.

-¿Usted se cuida mucho?

-No. No soy un maniático. Ayer, sin ir más lejos, debí trabajar once o doce horas y no salí a comer. Sí subo escaleras en vez de usar el ascensor. Me gusta caminar, pero no renuncio al vino. Es un placer. Eso sí: en casa soy un poco desastre. A lo mejor, está la ropa sin planchar durante semanas... O digo: «Tengo que pasar la aspiradora». Porque el tiempo es escaso y yo nunca me aburro. Me interesan la medicina, el arte, la astronomía... Lo único que hago es lo que me apetece.

-¿Y qué le apetece?

-Pues, a pesar de que no tenemos vuelos internacionales, hago escapadas de una semana o diez días seis o siete veces al año. Suelo viajar en primavera y otoño-invierno, pero en verano me quedo trabajando en Oviedo. Al revés que la gente (Ríe).

-¿Su última escapada?

-Este fin de semana estuve en el Guggenheim, que hay una retrospectiva de Giacometti muy buena, pero me fui con el ordenador. Yo siempre mezclo. Me da tiempo a todo. Lo mismo a ir de 'pintxo-pote' que a ver una exposición que a trabajar un rato. Lo que más me gusta es el contacto con las personas: conocer gente, hablar...

-Con su 1,93 de percha, debe ser un gran seductor...

-Me gusta seducir y ser seducido. En ese aspecto, soy afortunado: he conocido a gente que me ha interesado y que me ha gustado mucho.

-A quien no conquistó como gestor fue al Sindicato Médico...

-Tenían otros intereses distintos a los míos. Me lo dejaron claro en cuanto llegué. Los convoqué para saber cuáles eran los temas importantes para ellos y dijeron: «Menos horario y más pasta». Y yo tenía en mente a la gente. Cuando hablan de la casta, hay mucha verdad. La sociedad tiene pequeñas castas que se nutren de los esfuerzos de otros. Cada sector tiene una serie de prebendas que defiende. Así que lo que echo en falta es a gente que esté preocupada por el bien común y, sobre todo, por las personas que peor lo pasan. La crisis fue una catástrofe en ese aspecto porque la casta de los banqueros nos expropió a todos y no han devuelto el dinero.

-Fue «el consejero follonero».

-También se lo llamaban a Varoufakis y yo me acerco mucho a su manera de pensar. ¿Sabes qué pasa? Que a la gente que venimos de la técnica, que intentamos encontrar razonamientos para abordar los problemas, nos cuesta mucho trabajo entender el juego político. Por eso los técnicos suelen ser malos políticos. Yo nunca lo supe hacer. Se me da fatal.

-Pero intentó llevar a cabo el 'plan Quirós', toda una revolución.

-Algunas cosas se hicieron y otras no. De algunas nos beneficiamos ahora y otras se dinamitaron incluso desde dentro. El margen para hacer cosas es muy pequeño porque la clase política es muy conservadora. Los políticos son los últimos que se mueven porque tienen que estar seguros de que no van a perder apoyos. Yo era follonero porque no venía de ahí: no tenía que aparecer en ninguna lista. Y, además, intentar tocar el sistema sanitario es como tocar una línea de alta tensión: te electrocutas. Quien quiera conservar el sillón no lo va a hacer.

-¿Tiene decidido su voto?

-No. Para nada. Sobre todo, porque veo una ausencia de proyecto para Asturias, y mucha de la gente que se presenta vive de la política desde hace años y tiene la ambición de mantenerse en una lista, más que de realizar proyectos para la gente, y a mí eso me ha espantado siempre.

-Barbón, Mallada, Vázquez...

-La renovación siempre está bien.

-¿Le inquieta la irrupción de Vox?

-Siempre han estado ahí. Los que somos más vieyos recordamos ir a las manifestaciones y que hubiese tiros.

-También se le recuerda yendo a los primeros orgullos gais...

-Siempre me pareció que era una cuestión de derechos. Y me dieron mucha caña. Me decían: «Es que tú eres gay». Yo sé lo que soy, independientemente de lo que piense la gente. Es una de las cosas que aprendes.

-¿Pecados confesables de juventud?

-Nada de nada. Era un santu, un tontaina (Ríe).

-¿Se arrepintió de decir que a la consejería había que ir cagados, llorados y con el periódico leído?

-No. De hecho, años después, en un libro de gestión, encontré los mismos tres conceptos pero dulcificados, más finos (Ríe). Se trata de tener respeto hacia quienes te pagan: yo no entiendo que las consultas empiecen tarde, que la gente que trabaja en la Administración se tome cinco cafés y luego los expedientes se queden en un cajón, que te traten o te miren mal... ¡con lo que cuesta pagar impuestos!

-¿Y que muchas urgencias del 'finde' podían esperar al lunes?

-¡No, ho! Es así. Fue igual que cuando dije que para la gripe A lo mejor era un paracetamol y pa' la cama. Oye, acerté frente a aquellos que me decían que no íbamos a tener bastantes féretros en Asturias.

-¿Qué espera de este 2019?

-La esperanza llega cuando tú ya no tienes nada que hacer, cuando algo no depende de ti, cuando la solución viene de fuera. Yo creo más en la felicidad desesperada, en la que sacas partido a lo que tienes.

 

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