«Son cada vez más jóvenes y las prácticas, más perversas»

Josefina Barandiarán. / MARIO ROJAS
Josefina Barandiarán. / MARIO ROJAS

Josefina Barandiarán, voluntaria de Médicos del Mundo: «Los puteros pagan por sexo para ejercer poder: 'Yo pago y en estos veinte minutos vas a hacer lo que yo te diga'»

A. VILLACORTA OVIEDO.

En Médicos del Mundo llaman «abrir un club» a lograr acceder a un burdel por primera vez tras pedir autorización a sus dueños. Un objetivo en el que, algunas veces, chocan frontalmente con un 'no' por toda respuesta. Josefina Barandiarán Piedra (Cuba, 1949), emigrada a Asturias siendo muy joven, se jubiló de la enseñanza (era profesora de Física y Química en Secundaria) para convertirse hace ocho años en una de sus voluntarias, que trabajan donde se ejerce la prostitución en el Principado. Lo llaman «abrir un club» porque «se trata, entre otras cosas, de que logren vincularse con el mundo que hay más allá de esas cuatro paredes». En la región, tres organizaciones lo intentan (Médicos del Mundo, Apramp y Amaranta) y, aunque no existen estadísticas fiables, calculan que «entre 2.000 y 3.000 mujeres se encuentran en situación de prostitución».

-No les gusta el término prostitutas ni el de trabajadoras sexuales.

-No. Son mujeres que están en situación de prostitución. No son trabajadoras sexuales porque no consideramos que la prostitución sea un trabajo, sino una explotación. Por eso nos oponemos al sindicato. Y la denominación de prostituta o puta tampoco nos gusta. Son mujeres. Lo que pasa es que, por la vulneración de derechos que sufren y por ser víctimas de muchas violencias desde su infancia y adolescencia, se encuentran con que la prostitución es prácticamente la única salida que tienen.

-El Gobierno parece decidido a abordarla siguiendo el modelo abolicionista que ya han puesto en marcha países como Suecia.

-Las personas que estamos por esa opción sabemos que es algo que no se va a producir de hoy para mañana y que implica una gran voluntad política porque habrá que poner en marcha una gran cantidad de medidas. No vale únicamente con multar a los puteros e intentar reducir la demanda, sino que hay que pensar en una serie de medidas sociales, educativas y de sensibilización de la población y que permitan que las mujeres puedan salir de ahí teniendo una estabilidad laboral y vital.

-¿Las cifras dicen que funciona?

-Sí. Seguramente tiene fallos que habrá que mejorar, pero ya se apuntan tendencias hacia una disminución de la trata y de la prostitución y hacia un aumento de la sensibilidad de la sociedad sueca para no aceptarla.

-Los partidarios de legalizarla los acusan de moralistas.

-No es moralina, sino garantizarles una salida digna.

-¿Qué opina sobre los clientes?

-Tampoco nos gusta la palabra clientes. Son prostituidores o puteros. No tenemos contacto con ellos, pero lo que se puede detectar por las inspecciones y estudios es que son cada vez más jóvenes y prefieren también mujeres cada vez más jóvenes, adolescentes, menores, e incluso mujeres embarazadas o con discapacidad. También hay otra tendencia a exigir prácticas cada vez más perversas. Y se observa, además, la banalización creciente de la prostitución. Cada vez se le da menos importancia a pagar por penetrar el cuerpo de una mujer.

-Aseguran también que parte de la actividad se está desplazando de los clubes a pisos. ¿Por qué?

-Una de las causas es que los proxenetas lo tienen más sencillo porque ni las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado ni la Inspección de Trabajo pueden acceder a no ser que tengan una orden de registro. Es un espacio privado donde todo queda más oculto.

-¿Qué le diría a un putero?

-Muchas cosas. En primer lugar, que, con una alta probabilidad, lo que está haciendo es explotación, que está ejerciendo violencia contra las mujeres. Y le diría que no tenga la seguridad de que esa mujer a la que ha pagado no sea una víctima de trata.

-Algunos se amparan en que hay quien lo hace de forma voluntaria.

-El tema del consentimiento está ya muy cuestionado. ¿Hasta qué punto una mujer sin otra salida y que tiene hijos que alimentar puede decidir que no quiere hacerlo?, ¿o una mujer que tiene a su familia en otro país pendiente de lo que ella haga aquí? Sobre ese porcentaje pequeño, que lo hay, de mujeres que quieren hacerlo, no tenemos nada que decir. De lo que estamos en contra es de la permanencia de la prostitución como institución. Porque esto no es algo que se agote en las personas, en los hombres que van a un club y las mujeres que están allí. La prostitución es una institución que, en el mundo globalizado en el que vivimos, tiene mucho que ver con capitalismo, con el patriarcado y también con relaciones de dominio de tipo étnico.

-Existen estudios sobre por qué los hombres pagan por sexo...

-Sí. Y son concluyentes. Muestran que, en contra de lo que se suele pensar, que van para satisfacer fantasías sexuales a hacer cosas que no pueden hacer habitualmente, resulta que lo que predomina es el ejercicio del poder del hombre sobre la mujer: «Yo pago y en estos veinte minutos o media hora vas a hacer lo que yo te diga».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos