«En este oficio, la rutina es la muerte cerebral»

Guillermo Varela, con alguno de los juegos que ha desarrollado. / DAMIÁN ARIENZA
Guillermo Varela, con alguno de los juegos que ha desarrollado. / DAMIÁN ARIENZA

PABLO A. MARÍN ESTRADA

Nunca fui un buen estudiante. Sentía que podía aprender más por mis propios medios. Se dice que los adolescentes no saben esperar y eso es lo que siempre me sucedió a mí. Salía de clase y me iba a casa a intentar resolver las cosas a base de machacarme la cabeza hasta que lo conseguía. Mi formación es totalmente autodidacta, a través de libros e internet, muchos blogs y tutoriales». Guillermo Varela resume así la trayectoria vital y formativa que le llevó a trabajar como director de Arte -creativo- de la empresa gijonesa Cuicui Studios, especializada en desarrollar aplicaciones y videojuegos educativos para dispositivos móviles y de la que es uno de sus socios fundadores.

Creada hace cinco años, es hoy una referencia indiscutidaen su sector y ha cosechado múltiples premios por sus productos, entre ellos el Certamen Nacional de Jóvenes Emprendedores en los premios Talento del INJUVE, el Premio Gava 2019 al mejor videojuego y un año antes el Premio a la Mejor Aplicación para dispositivos móviles de EL COMERCIO. Además de los proyectos del estudio, realiza sus propios trabajos como diseñador gráfico para otras empresas.

Guillermo evoca sin demasiado entusiasmo su paso por la Escuela Superior de Arte del Principado de Asturias (ESAPA) en Avilés y con algo más el cambio a la Escuela de Arte de Oviedo. Se matriculó en ellas tras cursar el bachillerato artístico y durante un tiempo compatibilizó los estudios con su trabajo como diseñador gráfico, hasta que decidió seguir su propio instinto de creativo. Pero antes de eso, desde muy joven, desempeñó otros empleos sin relación con el destino al que acabaría llegando: con dieciséis años comenzó a ayudar en la empresa familiar, dedicada a restaurar veleros o más tarde en hostelería, poniendo copas en un bar y luego montando su propio negocio con un par de amigos («tuve muy buenos jefes y muy buenos compañeros. Aprendí mucho de ellos», señala). Su periplo laboral daría un giro cuando en 2012 se instaló como diseñador en un espacio de 'coworking' y en el que desarrollaría sus primeras aplicaciones para móviles. Nuevos cambios de ubicación y un curso de emprendedores lo llevaron a conocer a sus futuros socios enCuicui. Su futuro profesional y vital lo ve unido a la realidad presente de una firma que ha ido cobrando proyección y ampliando sus productos y, por supuesto, sin moverse de Gijón («un buen lugar para vivir y trabajar»), eso sí, bajo un propósito: «Luchamos todos los días para no acomodarnos y obligarnos a estar actualizados de continuo», algo inherente a una dedicación «donde debes sentir siempre el deseo de experimentar», ya que «la rutina mata. Es la muerte cerebral».

A sus treinta y tres años, su convicción es que «todos somos creativos y debería fomentarse que los niños desarrollen esas capacidades, porque una mente creativa es resolutiva. Y eso sirve en todos los campos de la vida». Su única cuenta pendiente: «Me gustaría viajar más: en este oficio debes ver algo más que a través de una pantalla. En un futuro espero poder hacerlo».