El Papa, encerrado en el ascensor

Tres bomberos del Vaticano en la Plaza de San Pedro, tras el rezo del Ángelus. / EFE
Tres bomberos del Vaticano en la Plaza de San Pedro, tras el rezo del Ángelus. / EFE

Los españoles Miguel Ángel Ayuso y Cristóbal López se convertirán en purpurados en el sexto consistorio de Francisco | Los bomberos del Vaticano rescataron al Pontífice, que se retrasó casi media hora

DARÍO MENORROMA.

El papa Francisco dio ayer dos sorpresas a los fieles que le esperaban en la plaza de San Pedro para el rezo del Ángelus. La primera es que se presentó en la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico del Vaticano casi media hora tarde. Él mismo explicó el motivo del retraso: se había quedado encerrado en un ascensor privado, por lo que hubo que llamar al cuerpo de bomberos del Estado más pequeño del mundo para que volvieran a ponerlo en marcha. «Tengo que disculparme por llegar tarde. Estuve encerrado en un ascensor durante 25 minutos por un corte de energía, pero luego vinieron los bomberos. Gracias a Dios, tras más de 20 minutos de trabajo consiguieron que funcionara», agradeció el Pontífice repartiendo el mérito. «Un aplauso al servicio de bomberos», animó.

La segunda sorpresa vino cuando anunció que el 5 de octubre presidirá un consistorio en el que creará 13 nuevos cardenales, 10 de ellos menores de 80 años y que, por tanto, podrían participar en un eventual cónclave para la elección del sucesor de Francisco. Los otros tres son arzobispos ya eméritos que han superado esa franja de edad y a los que el Papa les impondrá la birreta y el anillo cardenalicios como reconocimiento a su dedicación a la Iglesia católica.

Entre la decena de futuros prelados 'electores' hay dos españoles: el comboniano sevillano Miguel Ángel Ayuso, presidente desde el pasado mayo del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso y uno de los mayores expertos en el islam con que cuenta hoy la Iglesia católica; y el salesiano almeriense Cristóbal López, arzobispo de Rabat, que acogió a Jorge Mario Bergoglio durante su visita a Marruecos el pasado marzo. Con dos décadas de experiencia como misionero en Egipto y Sudán, donde «enterró a mucha gente muerta de hambre», Ayuso ofrecía en una entrevista con la revista 'Vida Nueva' su receta contra la islamofobia: «No levantar muros sino abrir avenidas y puentes a través de una cultura del diálogo, de un conocimiento profundo y verdadero de lo que somos para saber juntos descartar y separar todo aquello que es fruto de la manipulación, del bulo y de otras cosas que no hacen más que dividir las comunidades».

La peculiar elección del resto de protagonistas del consistorio que oficiará Francisco el mes que viene, el sexto de su pontificado, muestra su voluntad por lograr que tengan voz en el Colegio Cardenalicio comunidades católicas minoritarias o pequeñas numéricamente y alejadas de Roma. Así se entiende que vaya a crear cardenales al indonesio Ignatius Suharyo Hardjoatmodjo, arzobispo de Yakarta, o al guatemalteco Álvaro Ramazzini Imeri, obispo de Huehuetenango.

También entran a formar parte del grupo de prelados que elegirán al sucesor de Bergoglio dos eclesiásticos con una clara sintonía con su forma de gobernar la Iglesia. El primero es el jesuita nacido en la antigua Checoslovaquia Michael Czerny, subsecretario de la Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, un organismo cuya dirección se ha reservado el propio Papa. El otro es el italiano Matteo Zuppi, arzobispo de Bolonia. Zuppi participó en un acto de desarme de ETA que tuvo lugar en abril de 2017 en la localidad francesa de Baiona, un gesto que levantó ampollas en la Iglesia vasca.